Una sociedad de fomento que terminaría en remate

La institución se encuentra acéfala desde hace dos años. Las deudas acumuladas obligarían a rematar su patrimonio, diezmado en los últimos años.
La sociedad de fomento Villa Flandria se encuentra en su etapa de agonía. Como un muerto terminal, la otrora gloriosa entidad atraviesa por una crisis que distintas fuentes aseguran en calificar de “moribunda”.

Surgida de la mano del industrial Julio Steverlynck, durante varias décadas la institución supo conocer tiempos de esplendor que comenzaron a desaparecer cuando aterrizó en su seno un vecino ítalo-argentino. Si la crisis se mantiene y se desencadena como distintas fuentes consultadas por este medio sostienen, Damián Guglielmo habrá sido el último presidente de la sociedad de fomento.

Las cuantiosas deudas acumuladas derivarían en el remate del patrimonio que la entidad supo acumular año a año. Así lo afirman vecinos de Jáuregui que dialogaron con este medio. La información fue confirmada por una fuente del gobierno municipal, que en estricto off the record, dijo que la sociedad de fomento “está muerta, ahora hay que enterrarla”.

No obstante, en el gobierno prometen una pronta conferencia de prensa para hablar del tema. Así lo aseguró la propia intendenta Rosso a un periodista de este bisemanario que el martes pasado la consultó sobre una situación sensible para muchos vecinos de Jáuregui. “Vamos a hacer una conferencia para hablar de esta tema específicamente”, fue la escueta respuesta de la jefa comunal.

La intervención directa está en manos de la Dirección Provincial de Personería Jurídica, organismo que designó un interventor encargado de realizar informes mensuales para determinar con exactitud el patrimonio de la moribunda sociedad de fomento. Superada esa etapa, todo indica que se llegaría al remate de los bienes fomentistas.

“Se trata de saldar la deuda y liquidar la sociedad. Primero el interventor tiene que hacer los relevamientos del caso, pero el remate es inevitable, los bienes tienen que ser liquidados, así lo establece la ley provincial. Hay que generar una nueva sociedad de fomento. La idea no es dejar sin sociedad de fomento a Jáuregui”, agregó la misma fuente gubernamental.

Hasta el momento se desconocen la deuda exacta que mantiene la sociedad de fomento y el valor patrimonial para saldar ese pasivo. Sólo existen algunas pistas. Sobre el primero de los puntos, la entidad supo acumular un importante y envidiable parque automotor utilizado para desarrollar distintos servicios públicos en la localidad. En los últimos años, ese patrimonio se habría visto reducido en su número y devaluado en su estado.

Sobre las deudas, basta con algunos números para mostrar la crítica situación alcanzada durante la gestión de Guglielmo. En una reunión pública, el fomentista reconoció una deuda de 250 mil pesos con la AFIP, y un juicio laboral con sentencia firme de 44 mil pesos. En aquella oportunidad también se habló de incumplimientos salariales y previsionales.

INTENTO FALLIDO

A mediados de 2009, un grupo de vecinos preocupados por el destino de la entidad, decidió intervenir con el objetivo de salvar a una institución cuyas autoridades se daban el lujo de borrar socios, entre otras irregularidades. En agosto, con el apoyo del gobierno municipal, se conformó una comisión normalizadora para ordenar la institución y convocar a elecciones. Para ese entonces, el mandato de Guglielmo había vencido en mayo, pero el hombre de acento italiano y modales histriónicos se negaba a abandonar el barco que manejó a su antojo durante varios años, siempre recostado en la gestión municipal de Miguel Prince (ver “Un vecino muy particular”).

Aunque el panorama económico y administrativo de la sociedad de fomento era extremadamente difícil, la nueva comisión representaba una alternativa capaz de cambiar el rumbo de una institución que marchaba al naufragio.

Sin embargo, el grupo nunca logró la posesión efectiva y el desgaste legal terminó por desalentar el impulso de los vecinos, en paralelo a una falta de resolución por parte del gobierno local que en primera instancia acompañaba la normalización de la entidad.

Un vecino muy particular

Damián Cosme Guglielmo llegó a la presidencia de la sociedad de fomento de la mano del entonces gobierno municipal encabezado por Miguel Prince, gestión que mantenía una mala relación con la comisión anterior.

Al frente de la entidad, Guglielmo fue protagonista de varias polémicas a partir de una forma de conducción personalista que, sumada a su origen italiano, le valió el apodo de “Duce”, en alusión al dictador Benito Mussolini.

Durante los años como fomentista, Guglielmo aceitó su relación con Prince, al tiempo que mantuvo un vínculo amigable con la cuestionada curtiembre Curtarsa y se mantuvo al margen del reclamo vecinal contra la contaminación.

El ahora ex fomentista es conocido por algunos proyectos que nunca logró concretar, pero que en su momento sonaron acordes a su verborragia: la construcción de un bar en la estación de trenes y de un cementerio parque en los fondos del actual camposanto.

Asimismo, en varias oportunidades aseguró mantener reuniones con vecinos para avanzar en la “independencia” de Jáuregui, sin ocultar su intención de ser intendente del imaginado nuevo municipio.

Su salida de la sociedad de fomento terminó con dos denuncias en su contra efectuadas por el Municipio. Fue en agosto del 2009, y las presentaciones judiciales obedecieron a un supuesto manejo irregular del cementerio de Jáuregui que había sido administrado por la sociedad de fomento hasta octubre del año anterior.

Esplendor y decadencia

La sociedad de fomento Villa Flandria fue fundada en 1943, como parte del impulso que por aquellos años caracterizaba a la localidad de la mano de Algodonera Flandria.

Con el tiempo se convirtió en la entidad fomentista más importante de Luján, tanto por su parque automotor (llegó a contar con un camión compactador de residuos) como por sus funciones. Además del mantenimiento del espacio público de Jáuregui y Pueblo Nuevo, la institución tenía a su cargo la administración del cementerio.

Comentá la nota