El contador Ricardo Adrogué ha sido designado recientemente para intervenir en la quiebra de la firma, después de que la empresa Canon la pidiera porque años atrás nunca le pagaron por el alquiler de una fotocopiadora. Mientras tanto, la causa penal que involucra en cientos de estafas al empresario Eugenio Curatola -que sigue preso- y a demás integrantes del directorio que él presidía, todavía no tiene fecha confirmada para la realización del juicio.
"La función del síndico en un caso así es tratar de ubicar la mayor cantidad de bienes, porque en general en la quiebra se los oculta".
Un contador ha sido designado para intervenir como síndico en la quiebra de "Curatola & Asociados S. A."; mientras todavía Eugenio Curatola, el principal responsable de la consultora que supo tener representación en esta ciudad y en otras del país, continúa preso acusado de cometer una estafa extrafinanciera de 33 millones de dólares, iniciada cuando comenzó a operar en el año 2001.
En el marco de la causa penal que se instruye, otros integrantes del directorio de la firma habían sido procesados tiempo atrás, aunque ninguno de ellos está preso.
Todos tendrán que ser juzgados en fecha próxima a confirmar, mientras que ahora se conoce una nueva derivación que tiene toda esta situación, con un pedido de quiebra presentado por la empresa Canon.
Es porque nunca fue pagado por la consultora el alquiler de una fotocopiadora que se usaba años atrás en una de las sucursales de Curatola, la que funcionaba en la calle Esmeralda de Capital Federal.
El contador designado para intervenir como síndico es Ricardo Adrogué, quien al dialogar con EL TIEMPO efectuó una convocatoria para que todos aquellos que se consideren acreedores de la firma se contacten con él (ver "El dato").
Casualmente, Adrogué tiene vínculos con esta ciudad, que fue la primera donde Curatola empezó a operar allá por el año 2001.
En ese sentido, el profesional posee campos en la localidad de Chillar, además de que tiene familiares en Azul, un lugar al que siempre suele venir.
Más allá de esas cuestiones, su designación como síndico de la quiebra fue puramente casual, después de que desde el año 1978 está inscripto como síndico en los Tribunales Comerciales de la Ciudad de Buenos Aires.
"En cuanto a este caso, hará unas dos semanas me llamaron por teléfono desde un juzgado para decirme que me habían nombrado síndico en la quiebra de Curatola".
Ese juzgado es el Comercial número 4, Secretaría número 7, de la Capital Federal, y fue -según dijo- "mera casualidad que me hayan nombrado a mí".
"Yo ya estaba al tanto de lo que era Curatola desde años atrás. Recuerdo que cuando estaba creciendo mucho, algún amigo de acá de Azul me decía que el mejor negocio era poner la plata en Curatola. Yo le preguntaba por qué y él me decía que pagaba el doble de intereses, a lo que le respondía que eso no existía, que no podía ser y que iba a terminar en un fraude. Le decía que en algún momento eso iba a explotar".
En ese entonces, Adrogué no se equivocó, ya que efectivamente ocurrió eso con la consultora. El escándalo extrafinanciero fue tan grande que los mismos que invertían su dinero en Curatola después terminaron presentándose como querellantes en la causa penal.
En ese expediente, que también se instruye en un juzgado de la Capital Federal, todavía no se sabe cuándo se realizará el juicio a Eugenio Curatola y a los demás integrantes de su directorio, entre quienes hay involucrados familiares suyos y también un médico azuleño que supo figurar como vicepresidente de la consultora.
La quiebra y su función como síndico
"Cuando fui al juzgado a aceptar el cargo como síndico, vi el nombre de Eugenio Curatola. Lo curioso es que la quiebra es muy chiquita: la pidió la empresa Canon porque no le pagó el alquiler de una fotocopiadora. Aparentemente eso fue hace cuatro años, tiempo por el cual Curatola tuvo oficinas en la calle Esmeralda de la Capital Federal".
"En el Juzgado Comercial -agregó Adrogué- no sabían nada de que Curatola era un asunto muy grande". Y el paso siguiente para él fue localizar la causa penal que por este caso se está instruyendo. Pero a pesar de que así lo hizo, todavía no la ha podido ver porque aún no cuenta con los papeles que certifican que ha sido nombrado como síndico de la quiebra de la consultora.
Más adelante, el contador explicó: "La función del síndico en un caso así es tratar de ubicar la mayor cantidad de bienes, porque en general en la quiebra se los oculta. Hay que ubicar tanto los bienes de la sociedad como los de todos los directores titulares y de los integrantes del directorio".
"Con respecto a los bienes de la sociedad, en la quiebra yo le informo al juez cuáles son y él puede después disponer de la venta de los mismos. Con los de los directores, lo que tengo que hacer es una acción de responsabilidad. En este caso en particular, creo que voy a tener muchos elementos para demostrar la responsabilidad que tuvieron en esto por la causa penal que existe".
Ubicar esos bienes y posteriormente rematarlos es lo que en un futuro podría derivar en que quienes sean considerados por la Justicia acreedores de Curatola lleguen a cobrar algo.
La existencia de esos bienes aún no ha podido rastrearlos el síndico, aunque le consta que existen porque "en el Juzgado Penal me dijeron que tienen ubicados una serie de ellos". Es por eso que, por el momento, Adrogué no está en condiciones de especificar cuáles son y dónde están.
Otro dato importante es que los acreedores pueden ser desde los inversores que pusieron dinero en la firma y nunca lo recuperaron (más allá de si están presentados como querellantes o no en la causa penal que existe).
También pueden serlo ex empelados de "Curatola & Asociados S. A." y otras personas que en su momento le hayan ofrecido algún servicio a la empresa y nunca lo cobraron, el cual puede ir desde la renta de algún inmueble hasta el alquiler -por ejemplo- de la fotocopiadora por la que ahora la firma Canon pidió la quiebra.
A esta altura, a Adrogué le llama la atención que "no se haya pedido antes la quiebra y que se haya esperado tanto tiempo para eso", mientras espera iniciar un largo recorrido para comenzar a ubicar a todos los potenciales acreedores.
Su tarea no será sencilla. Hay que recordar que la consultora que empezó a funcionar en aquella primera oficina que tuvo en Azul, después siguió captando inversores a través de diferentes sucursales que abrió en otras ciudades del país, como por ejemplo Bariloche, La Plata, Mar del Plata, Capital Federal, Tres Arroyos, Tandil y hasta en la provincia de La Pampa, por mencionar sólo algunas.
"Normalmente las empresas, una vez que quiebran desaparecen. Y por lo visto, Curatola y Asociados no desapareció, salvo que se demuestre que después de desaparecer fingió y apareció una nueva empresa, cosa que es posible que haya ocurrido en este caso tan oscuro", dijo también Adrogué.
El contador aclaró que si bien cuenta con un tiempo determinado para tomar contacto con los potenciales acreedores, dado lo complejo de este caso y la causa penal que se está instruyendo dicho plazo podría ser extendido por el juez que está interviniendo en la quiebra.
"Entiendo, además, que el hecho de que exista una causa penal facilita al otorgamiento de un pedido de prórroga para mi trabajo, ya que podré vincular a ese expediente con la quiebra", señaló.
El dato
Cada persona que se considere acreedora de Curatola puede contactarse con el contador Adrogué concurriendo a su estudio, ubicado en Bouchard 468, quinto piso "I", de Capital Federal.
También, vía correo electrónico pueden escribirle a las siguientes direcciones: ricardo@estudioadrogue.com.ar Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ó estudioadrogue@hotmail.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Por último, el contador dejó a disposición de los interesados dos números de teléfono para que lo llamen: 02281 15528989 ó 011 43111793 interno 211.
CURATOLA: CIENTOS DE ESTAFAS Y
LIDER DE UNA ASOCIACIÓN ILICITA ---título---
PIE DE FOTO
Eugenio Curatola, cuando una vez estuvo en Olavarría, antes de que resultara detenido. Todavía sigue preso a la espera de ser juzgado junto a otros integrantes del directorio de la consultora que presidía.
ARCHIVO/EL TIEMPO
Eugenio Curatola había sido detenido en diciembre del año 2008, acusado de cometer una estafa extrafinanciera de 33 millones de dólares. Su esposa, dos hermanos y otras cinco personas del entorno del ex asesor de seguros, si bien nunca fueron detenidos, fueron procesados por integrar la asociación ilícita que lideraba el empresario.
El juez de instrucción porteño Mariano Scotto fue quien trabajó en la causa penal y el 30 de diciembre de 2008 había detenido a Curatola en un country de la localidad bonaerense de Hudson.
La esposa del empresario, llamada Silvina Amestoy, una abogada del fuero civil y comercial, había sido procesada por el juez, quien la acusó de los mismos delitos que a su marido: organizadora de asociación ilícita y coautora de estafas reiteradas en 167 oportunidades.
Otros procesados habían sido Clemente Curatola, hermano de Eugenio, también considerado organizador y acusado de 90 casos de estafas reiteradas.
A diferencia de Curatola, que tiene una condena de dos años y medio de prisión por estafa y estuvo prófugo en Miami, sus familiares no contaban con esos antecedentes y por eso en su momento el magistrado decidió mantenerlos excarcelados.
Sin embargo, les había prohibido la salida del país y trabó un embargo sobre sus bienes de 16,2 millones de pesos en el caso de Amestoy y de 6,2 millones en el de Clemente Curatola.
Otro hermano del financista, Sebastián Curatola, había sido procesado por un delito menor, miembro de la asociación ilícita, pero se consideró que tuvo participación en las 167 estafas probadas.
El resto de los procesados son considerados cómplices de Curatola y que tuvieron una participación en la maniobra para concretar las estafas: Juan José Dours, Juan Carlos Amestoy, Abel Irianni, Eduardo Massad y Diego Barrera.
En esa causa todavía se investigan estafas cometidas contra al menos 1200 personas que invirtieron unos 33 millones de dólares y nunca los recuperaron.
Se estima que en todo el país hubo 11.000 damnificados -muchos de los cuales nunca hicieron reclamos- por un total de 300 millones de dólares, cifra que surgió de contratos secuestrados en la casa de Curatola cuando se inició esta causa en la Justicia Federal.
En 2001 Curatola -ex vendedor de seguros- formó en Azul la empresa que lleva su apellido para asesorar a gente interesada en inversiones con brokers del exterior y tuvo una avalancha de clientes.
Algunos aprovecharon esta oferta para retirar dinero del país en plena crisis por el corralito financiero en 2001 y después se abrieron cuatro oficinas en la Capital Federal y al menos veinte en el interior.
Al comienzo, los clientes reciban ganancias fabulosas (del 100 por ciento) a través del broker estadounidense FXCM, pero a fines de 2003 éste dejó de operar con Curatola y apareció en escena otro, llamado Forexvan, de las Islas Vírgenes.
Desde entonces, Curatola comenzó a pedir a los clientes que depositaran su dinero en el Commercial Bank de Bermudas y si bien al principio seguían cobrando dividendos, en febrero de 2004 ya no pudieron retirar ni un centavo más.
En la causa que investigó el fiscal federal Guillermo Marijuán, luego enviada a Scotto y el fiscal Marcelo Solimine, se determinó que el empresario era titular de la empresa Vaderbilt (con sede en Panamá) desde donde se habrían realizado las maniobras.
También se reunieron elementos que confirman que Forexvan pertenecía a Curatola y que para que los clientes no sospecharan abrió "oficinas virtuales" en distintas ciudades del mundo, entre ellas Londres, Tokio, Sidney, Shangai, Luxemburgo y San Petersburgo.
Entonces, si algún inversor llamaba a esas supuestas sucursales, un empleado decía pertenecer a Forexvan y nadie dudaba de la existencia del fondo de inversión.

Comentá la nota