Un símbolo arquitectónico, muchos símbolos políticos

A poco de asumir, Juan Schiaretti forzó el nombre de Museo Evita para el Palacio Ferreyra.
A poco de asumir, Juan Schiaretti forzó el nombre de Museo Evita para el Palacio Ferreyra. Ayer, el mismo gobernador encabezó la comitiva que “inauguró” el proceso de eliminación de uno de los edificios insignia del justicialismo en la ciudad de Córdoba, construido justamente por la Fundación Eva Perón.

El desinterés casi obsesivo hacia esa construcción del actual gobernador –al igual que de su antecesor, quien también planeaba la demolición y un posterior loteo– merece un análisis psicológico. Por lo pronto, el modo en que Schiaretti llevó adelante el proceso que derivará en la desaparición total del edificio rebosa de símbolos políticos. El más elocuente es el de la instauración del capricho como política de Estado: no hubo otra explicación para la decisión de paralizar áreas clave de la administración con dos mudanzas improvisadas en un año y de gastar cifras millonarias en eso.

“Se decidió terminarlo dentro de la gestión”, fue el único argumento del Gobierno. ¿El Estado no continúa después del 10 de diciembre? ¿Los vecinos lo disfrutarán menos si lo inaugura el futuro gobernador? ¿Se trata de un espacio público o del patio de la casa de Schiaretti?

Ayer, la demolición se inició con una manifestación en contra en Plaza España, un intenso debate público y político al respecto, sin contar siquiera con la autorización municipal para tirar abajo un edificio con protección patrimonial y sin tener terminado el proyecto del parque que justifica el derrumbe. Es obvio que si no hay proyecto, menos hay un costo cierto para esa obra.

El parque está siendo diseñado en el reconocido estudio del arquitecto Lucio Morini y es seguro que será disfrutable y atractivo.

La certeza de que nadie se acordará del despropósito político que acompañó su construcción cuando esté paseando por ese espacio verde es total en las pocas oficinas habitadas de la Casa de las Tejas. Pero hasta en esas oficinas trastocadas por la mudanza se sabe que esa manera de decidir sobre los espacios y los recursos públicos poco tiene que ver con la forma en que toma sus decisiones un estado democrático.

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