Por Hugo Haime Analista políticoMientras oficialistas y opositores se han lanzado de lleno a la campaña pensando estrategias y estructurando alianzas, la población comienza a intuir que no será un año fácil para sus vidas
Hay desde la oposición quienes piensan que cuanto más crisis mejores oportunidades para golpear el oficialismo y hay quienes desde el oficialismo piensan que el temor a la crisis los beneficiará electoralmente. Sabemos que cuando hay crisis en general lo que se pide es rumbo, certidumbre, protección y orden y al primero que se mira es al Gobierno. Si este puede generar confianza y certidumbre de que sabe hacia dónde es la salida, recrea expectativas y genera acciones eficaces puede pensarse que la situación puede favorecerlo. En 1995 el temor a la crisis económica, la vuelta a la inflación y a la posible perdida de la convertibilidad favoreció al oficialismo. Pero si el plan de obra pública no se implementa adecuadamente con fondos que lleguen a tiempo, los planes de reactivación de consumo para los sectores medios quedan a medio camino, y no hay cambios en el estilo político, el recuerdo de los últimos años de crecimiento puede quedar solo en añoranzas y la miradas se podrán depositar con más firmezas en la oposición. Pero el desafío para los dirigentes opositores no es cómo armar el mejor frente electoral para acumular votos, sino básicamente darle a la población la seguridad de que si el Gobierno llega a perder las elecciones legislativas las cosas no solo no se pondrán peores sino que la oposición es garantía de mejor futuro. Si el Gobierno no logra recrear las expectativas y la oposición las esperanzas, lo que primará será el descreimiento y de allí a que veamos crecer la abstención electoral y la crítica a la dirigencia política hay un paso. Muy probablemente tendremos entonces un año electoral en donde lo que menos le importará a los electores son las boletas de los candidatos y lo que más importará son las soluciones y las certidumbres.
La crisis entonces más que una oportunidad electoral es un enorme desafío para todos los actores políticos.
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