Los movimientos telúricos, de 4,5 y 5,2 grados, fueron en la ciudad de Lorca, en Murcia
MADRID.- España sufrió ayer el terremoto de peores consecuencias en las últimas cinco décadas: los dos temblores registrados en la tarde del martes en la localidad murciana de Lorca, en el sudeste del país, dejaron al menos 8 muertos, cerca de 70 heridos y graves daños en edificios que forman parte del patrimonio histórico.
La primera manifestación del sismo, que tuvo su epicentro cuatro kilómetros al este de esa ciudad -que, con 90.000 habitantes, es la tercera en importancia en Murcia- llegó a las 17.05, hora local, con una intensidad de 4,5 grados en la escala de Richter. Produjo la caída de cornisas y losas en varias casas antiguas, aunque no habría causado daños personales.
Sin embargo, una réplica de 5,2 grados, registrada dos horas más tarde, provocó destrozos más graves a un número mayor de edificaciones.
Los derrumbes y desprendimientos de mampostería, que afectaron especialmente las construcciones más añejas del casco histórico y los barrios aledaños, multiplicaron las escenas de pánico y los gritos de auxilio entre los habitantes y turistas de Lorca, quienes de inmediato saturaron las líneas telefónicas de los bomberos y los servicios sanitarios de emergencia.
Los peores temores pronto encontrarían su correlato en la dureza de los datos que darían a conocer los noticieros de televisión: tres horas después de la réplica, las autoridades comunales y regionales confirmaron el fallecimiento de ocho personas y la internación en muy grave estado de otras dos, aunque podría haber más víctimas bajo los escombros.
La policía española, en tanto, continuaba anoche con un operativo de rastreo casa por casa en busca de más afectados por el sismo, más allá de que, tras el segundo temblor, las fuerzas de seguridad ordenaron la evacuación de las zonas de la ciudad donde se registraron los destrozos más significativos.
Además de los muertos y heridos, cuyo número ya se proyectaba anoche en más allá de un centenar, el terremoto infligió severos daños en verdaderos puntos de referencia de la ciudad y de Murcia, como el campanario de la iglesia de San Diego, el templo de la Virgen de las Huertas y la Torre del Espolón del Castillo de Lorca. Aunque también se teme que una eventual nueva réplica, por débil que pudiera ser, acabe con otros edificios históricos que quedaron en serio peligro de derrumbe tras los dos temblores de ayer.
Pero en Murcia, la comunidad autónoma más sensible a los terremotos en la España peninsular, las prioridades pasaban ayer por calmar a una población aterrorizada por un sismo que, como las autoridades insistían anoche, era imposible de prever. Tras producirse la segunda réplica -que también se sintió en las localidades de Cartagena, Aguilas y Mazarrón, e incluso, aunque en forma tenue, en los barrios madrileños de Vallecas y de Plaza de Castilla-, el gobierno regional declaró el máximo nivel de emergencia para catástrofes sísmicas.
Como primera medida, y para prevenir consecuencias aún peores, el ayuntamiento de Lorca dispuso la evacuación de más de 10.000 personas al predio ferial de esa ciudad, aunque en las últimas horas de ayer continuaban llegando evacuados a diferentes parques y zonas abiertas de la ciudad, donde se repartieron bolsas de comida, bidones de agua y colchones.
Por otra parte, el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, ordenó de inmediato la movilización hacia la zona afectada por el terremoto de la Unidad Militar de Emergencias (UME), el mismo cuerpo de seguridad que había prestado asistencia en el terremoto que el año último devastó a Haití.
De acuerdo con un parte oficial del gobierno, la asistencia fue solicitada por el gobierno regional de Murcia, y el Ministerio de Defensa ya confirmó el envío de 350 efectivos de este grupo de elite especialmente entrenado para rescatar víctimas entre los escombros y prestar ayuda a los sobrevivientes.
Más allá de este importante despliegue, el gobierno murciano reconoció que la situación es de "caos y desastre generalizado", en especial luego de ordenar el desalojo del hospital regional Rafael Menéndez por sufrir "daños estructurales".
Así, las autoridades buscarán asumir el desafío de enfrentar las consecuencias del peor terremoto vivido en España desde 1956, cuando el 20 de abril de ese año se produjeron 12 muertes en las localidades de Albolote y Atarfe, en Granada. Desde entonces, los diversos terremotos registrados en la zona de mayor riesgo sísmico de España -comprendida por Almería, la parte sur de la provincia de Alicante, Granada y Murcia- sólo habían provocado unos pocos heridos leves y escasos daños materiales.

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