Silvia Juárez, entre el dolor de no tener más a Dardo Molina y la esperanza de que este martes haya justicia

Silvia Juárez, entre el dolor de no tener más a Dardo Molina y la esperanza de que este martes haya justicia
Angustiada por la ausencia de su marido, pero convencida de que el juicio contra Juan Sebastián Santucho finalizará con una condena ejemplar, también contra los ex -policías Miguel Ángel Parrado y José Luis Camargo, dialogó largamente con “el Retrato…” y relató lo que espera del Tribunal Oral N° 3 y lo difícil que es vivir sin el padre de sus hijos. También que quiere cerrar su polirrubo y emprender otro trabajo.
Su voz se llena de angustia cada vez que lo recuerda. Cada instante que evoca a su compañero de ruta, el llanto se hace presente. Y son las lágrimas quienes recorren sus mejillas, al tiempo que es el amor por su familia lo que la mantiene en pie. Pero hay un hueco en su alma que nunca más se llenará.

Es imposible que Silvia Juárez no se ponga triste cuando le nombran a Dardo Molina, su esposo. El padre de sus tres hijos, el amor de su vida. El comerciante que fue brutalmente herido el 22 de septiembre del 2010 mediante un asalto a su polirrubro y que, el 16 de diciembre del mismo año, dejó de existir mientras agonizaba internado.

Pasaron casi dos años y el dolor sigue recorriendo el cuerpo de Silvia. A veces tiene ganas de cerrar su comercio e irse de avenida Luro y 190. Quizás dedicarse a otro rubro. Emprender nuevos caminos. Sentirse más entera, que sus hijos puedan volver a transitar las vidas que recorrían antes de aquella fatídica tarde donde comenzaron a vivir este calvario eterno.

Pero ahora sólo tiene un deseo: que Juan Sebastián Santucho pase el resto de sus días detrás de las rejas por ser el asesino de Dardo y que, los expolicías Miguel Ángel Parrado y José Luis Camargo, paguen sus condenas por liberar al delincuente horas antes del trágico hecho. Sentencia que se dará a conocer este martes en el Tribunal Oral N° 3, a las 11, donde el fiscal Mariano Moyano pidió prisión perpetua para el joven de 25 años y 13 para los uniformados.

En ese marco, Silvia recibió a “el Retrato…” en su comercio y habló de todo. “Presiento que habrá justicia”, fue la primera declaración cargada de pura emoción. Llenas de esperanza. “Justicia”, esa palabra que reiteró y reiteró, solamente para que su esposo descanse en paz.

SOBRE EL JUICIO:

Conforme con algunos puntos del juicio, pero no así con otros, entendió que “llegamos a una instancia donde los dos policías, que son tan responsables como el asesino, salieron en todos los medios, pero no así con esta persona (por Santucho) que tiene todo a su favor. Él puede escucharte y verte desde una puerta chiquita, que linda con el Tribunal, e intimida con su mirada a todos los testigos. Eso lo hizo todos los días. Él salió, entró y habló cuando quiso”.

Para también expresar que “en los testimonios, varias personas reconocieron a los dos policías y hasta uno, que fue encubierto, dijo que lo conocía de hacer horas core en un comercio cerca de casa”.

Para inmediatamente destacar la tarea del Fiscal Mariano Moyano: “Tenemos más que palabras de agradecimiento porque él es muy cauteloso en su trabajo y siempre tuvo la mejor predisposición para con nosotros. Siempre dejó bien en claro que si nuestra familia no se hubiese movido tanto, la historia sería otra. Por ejemplo, cuando me enteré que desde la policía no se estaba investigando nada, donde después él mismo lo corroboró”.

Por eso mismo esbozó que “Santucho va a ser condenado. Estoy segura. Hasta su propia familia, que se fue a vivir al sur en busca de trabajo, lo dice. Es más, una hermana de Santucho le escribió y le preguntó si había sido él. Le contestó que era su vida o la de Dardo. Encima, la policía lo agarró en octubre, en una casa que estaba llena de malandras. Eso nadie lo dice. Un verdadero aguantadero de delincuentes”.

No sólo eso, también hubo algo que le dolió mucho. “Cuando Camargo dijo: ‘Le pido perdón a mi familia, al Fiscal y a la justicia’ y a nosotros nada (primeras lágrimas). Yo desde mi lugar me pongo a pensar en su familia, porque sus hijos no tienen la culpa de la macana que se mandó. Lo tienen vivo. Daría cualquier cosa para que Dardo esté en la cárcel y mis hijos puedan ir a verlo los domingos. Ni siquiera nos pidieron perdón. Una vergüenza”, tiró.

Sin pelos en la lengua, pero tratando de contenerse, también sostuvo que “hay muchas cosas que uno no puede hablar hasta que termine. No son solamente estos policías. Resulta que fueron a hacer dos procedimientos, agarraron a dos perejiles y se los llevaron al Fiscal. Querían que se terminara cuanto antes. Encima Parrado, en una de sus declaraciones, dijo que cuando fueron a atrapar a esas dos personas estaban tan nerviosos que no los mataron porque otros policías no estaban convencidos. Los jueces tienen todo en sus manos y está en ellos hacer justicia”.

DOLOR Y ANGUSTIA:

Mientras no paraban de entrar clientes a su negocio y ella trataba de quebrarse emocionalmente lo menos posible, recordó que “el lunes le decía a mis amigos que me sentía tan mal que pensaba que me iba a estallar la cabeza. Yo quiero terminar con esto. Sentí lo mismo cuando lo encontré a Dardo tirado en el piso y con sangre, también cuando murió. Necesito que se haga justicia. Por él y por nosotros, para que podamos seguir. No me agrada estar continuamente en los medios reclamando que se hagan las cosas bien. Lo único que sé es que menos mal que no me encerré y salir a gritar con toda mi fuerza. Gracias a la difusión de los medios hoy estamos donde estamos”.

Con su voz entrecortada, también deslizó que “a Dardo le sacaron la vida. Dos de mis hijos dejaron de estudiar y no están más en la facultad. Entonces, cómo hacemos para salir de este dolor. Por eso espero que se haga justicia. Eso mismo fue lo único que le podíamos decir mientras estaba agonizando. Que los responsables la iban a pagar”.

“El día que se murió estaba junto a mi hija. Yo le decía que se vaya en paz, no podía más, estaba destruida. Había bajado 25 kilos. Encima cuestionan si murió por una asepsia generalizada que le agarró. Murió porque le dispararon. Por eso mis hijos quisieron que lo velaran a cajón abierto. Fue muy fuerte ver a una persona de 1,84 metros de altura de esa manera”, relató.

EMPEZAR DE NUEVO:

“No quiero seguir más acá. En el proceso de estos dos años entendí que todo tiene un por qué. El local está abierto para que no lo olviden a él. Pero como ya no está entre nosotros nada será igual. Necesitamos empezar de nuevo. Me cuesta mucho estar frente al mostrador. Busco paz ante tanta tortura cotidiana. Trabajaré de lo que sea, pero en otro lugar. No importa qué, porque laburé toda la vida”, manifestó con tristeza.

“Contamos con mucha gente que nos acompaña. Algunos se fueron porque no soportaron no verlo a Dardo, otros se acercaron, y de alguna u otra manera eso también nos hizo fuerte. Y yo acá tengo custodia porque me lo dio este Gobierno. Y cuando no esté... yo qué hago?. No puedo trabajar sino tengo un policía en la vereda. No puedo de verdad”, cerró entre lágrimas, esperando que el martes encuentre la justicia que desea para Dardo y su familia.

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