Se trata de Andrés Antonio Raiola, militante del PJ local y funcionario Municipal.
Mientras se resolvía el caso Eslaimán denunció también que en el lugar conocido como Cinco Esquinas existe una plaqueta de bronce que recuerda, con fervor, obvio, al dictador fusilador Pedro Eugenio Aramburu, y nadie sabe como apareció ya que no tiene ni fecha ni firma.
Raiola es un personaje que alguna militancia justicialista local considera que llegó de la nada a poner una Unidad Básica en la calle Ontiveros al 4100, por la que tuvo un juicio por falta de pago de alquileres, su desembarco en el distrito, exento de historia, se produjo allá por 1998 y de allí ingreso a la planta municipal, se supone que de la mano de algún concejal.
Los archivos desclasificados van del 1976 al 1983, pero se supone que el agente civil siguió perteneciendo a grupo de inteligencia, que llegó a tener 4300 agentes entre civiles y militares, y un dato de fundamental importancia para entender este problema desde su historia, es que Raiola y los otros denunciados no están procesados porque los juicios contra los genocidas no son genéricos o ideológicos, sino que está probada su culpabilidad en hechos delictivos puntuales. No sabemos si la “buchoneada” de Raiola terminó con la desaparición de algún argentino, y por eso puede andar por la calle como cualquier hijo de vecino. Es vital comprender, porque los genocidas residuales operan a partir de la confusión, que los que están condenados es porque se les encontró penalmente responsables de por lo menos un secuestro, una tortura, una desaparición.
Y que cuando se canta la vieja consigna de “Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar” no es para hacer justicia por mano propia sino para denunciar la presencia de un represor genocida, como en este caso, usufructuando un cargo en un gobierno democrático, por lo menos en el sentido de haber sido elegido por la mayoría de la ciudadanía.
No hubo comentarios sobre esta situación por parte de las autoridades comunales.

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