Siete años después de su invasión a Irak, con un gasto de más de 713.000 millones de dólares, casi 4400 soldados muertos y decenas de miles de heridos, Estados Unidos se encamina a la salida. La que comenzó como Operación Libertad para Irak, el 19 de marzo de 2003, se convertirá este septiembre próximo en Operación Nuevo Amanecer y la presencia militar estadounidense que por largos períodos fue de más de 160.000 soldados, se reducirá entonces a unos 50.000.
Las organizaciones de apoyo a los soldados que retornan del Golfo indican que hay más de 60.000 hombres y mujeres que sufren trastornos postraumáticos, y decenas de miles más que padecen desde conflictos familiares a problemas para reinsertarse en sus estudios o empleos. El presidente Barack Obama mantiene su promesa de que reducirá el contingente de los 95.000 soldados que hay ahora en Irak a 50.000 en este verano y que todas las tropas de combate estadounidenses habrá salido de ese país a fines de 2011.
Pero esta retirada que satisface, aunque lentamente, a los pacifistas, está acompañada por una escalada en Afganistán, una guerra que se inició en octubre de 2001 y ya les costó a los estadounidenses más de 260.000 millones de dólares, más de 1000 soldados muertos y unos 6000 heridos.

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