La siembra de trigo caerá 45%: en Río Cuarto habrá 30 mil hectáreas

Junto a los departamentos San Javier, General Roca y San Alberto, son los únicos cuatro que igualarán la superficie destinada a ese cultivo el año pasado.­ El resto de la provincia estará muy por debajo
En medio del conflicto entre el Gobierno nacional, molinos, exportadores, productores y panaderos por el mercado del trigo, los agricultores deben definir la siembra de ese cereal en la apertura de la nueva campaña fina. Sumado a eso, el marco climáctico es en muchas zonas adverso por la poca humedad en el suelo. La respuesta, lógica para los analistas, fue una fuerte retracción en la intención de apostar al cultivo.

En la provincia, la Bolsa de Cereales estimó que este año el fuerte atractivo por el trigo mostrado el año pasado, se esfumó. Ahora, los productores cubrirán un 45% menos de superficie con este cultivo.

De este modo, de las 806.530 hectáreas utilizadas en 2010, ahora apenas se alcanzarán las 442.911 en los 26 departamentos cordobeses. Pero hay cuatro excepciones: Río Cuarto, General Roca, San Alberto y San Javier volverán a repetir las cifras de la campaña pasada. En el primer caso, la Bolsa estima que serán nuevamente 30 mil hectáreas las destinadas al trigo; mientras que en los demás serán 19 mil, 2.855 y 2.596, respectivamente.

En el sur, Juárez Celman espera una caída en el área sembrada del 49%, superior al promedio, al proyectarse la implantación apenas en 9.800 hectáreas; mientras que en Roque Sáenz Peña se pasará de las 31.137 de 2010 a ninguna hectárea para 2011.

Junto a Calamuchita son los dos únicos en los que no está previsto sembrar trigo. El año pasado se cultivó en todos los departamentos.

La decisión de no apostar al trigo se ampara, según los dirigentes rurales, en la falta de previsibilidad. El año pasado el Gobierno dio señales a favor de abrir las exportaciones y finalmente eso se hizo de manera esporádica y nada sistemática.

Esto, agregan, jugó en favor de los grandes grupos concentrados que se encontraron con una producción de más de 14 millones de toneladas disponibles de las cuales la mitad alcanzan para cubrir la demanda del mercado interno. Al haber un fuerte excedente, los compradores más importantes -molinos y exportadores- pudieron poner precios y condiciones, y elevar notablemente las exigencias de calidad. Los productores quedaron cautivos y en muchos casos con toneladas almacenadas en silos bolsa sin compradores a la vista. Aún hoy, miles de toneladas permanecen en los campos sin mercado y sin destino. Y cuando logran comercializarlo, el valor que reciben es el 50 por ciento del que cobra un productor triguero de Uruguay, por ejemplo. Esto debido a las retenciones y a la deformación que impone un mercado dominado por los grandes grupos compradores.

Si al precio internacional se le resta el 23% de las retenciones y los gastos de flete y comercialización, deberían quedarle 280 dólares por tonelada de trigo al productor. Sin embargo, percibe unos 200 dólares.

Con ese panorama no sorprendió que a la hora de decidir qué hacer, muchos desistan de la opción de sembrar.

La agudización del conflicto en la cadena de trigo y harina se acentuó en los últimos treinta días, con el atraso del Gobierno en la entrega de compensaciones. Esto podría ser el detonante del último derrumbe en las estimaciones de siembra: en marzo se esperaban 665.651 hectáreas sembradas, y un mes después, la cifra cayó a 442.911 hectáreas.

Los ruralistas explican que de todos modos, la producción nacional no puede ser inferior a 4,5 millones de toneladas por la necesidad de rotar los cultivos para cuidar los suelos. Sembrar soja sobre soja termina provocando una extracción aguda de los nutrientes y eso atenta luego contra los rindes futuros.

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