Servi Trinitatis: una mujer relata el tormento que sufrió cuando fue reclutada

Servi Trinitatis: una mujer relata el tormento que sufrió cuando fue reclutada

Yanina Lofvall fue parte de Servi Trinitatis. Le costó salirse de esa “secta católica”. Y cuando lo logró, además de irse de Santa Rosa, encontró su forma de sanar contando la historia.

 

Así es que en abril presentará su libro “Siervas Trinitarias”, el relato de una severa manipulación, que deriva en la pérdida de la fe, según ella misma cuenta. 

La agrupación hizo pie en La Pampa en el año ’96 y sus caras visibles fueron los sacerdotes Antonio Martínez y Ricardo Latorre Cañizares.

Lofvall explica: “En su momento trabajaba con ellos, mi afición al periodismo es desde siempre y de esa manera pude canalizar lo que me pasó; pero era una necesidad de poder sanar, contar una historia que parece imposible que suceda en el siglo XXI. Después de años de haberme ido, en 2007, después de muchos procesos pude empezar a hablar de esto”.

Recuerda que cuando el tema explotó mediáticamente, “yo jamás salí dando testimonios o declaraciones porque era algo de lo que no podía hablar. No podía reconocer abiertamente que fui víctima porque es reconocer un proceso complejo, que te sometieron, que cambiaron tu manera de pensar”.

“En este caso lo que te violan la cabeza, es lo terrible. En muchas de nosotras resonaba la pregunta ‘¿qué me hicieron?’. Cuando tomás distancia, te das cuenta de que te convirtieron en algo que vos no eras, que transformaron tu manera de pensar, de sentir, tus gustos y todas terminábamos como soldaditos, siendo iguales”, insistió en declaraciones a Radio Kermés.

Yanina Lofvall estuvo en Servi Trinitatis durante 7 años y 2 meses. Ingresó cuando tenía 18 años recién cumplidos. “Iba a la iglesia desde unos meses antes, en octubre, cuando tenía 17 años. Llegué pidiendo ayuda, en una situación compleja, estaba muy triste y pedí hablar con el sacerdote. Antes no iba a la iglesia, fue un cambio radical. El tema es que termino confesándome y demás, y al mes y días estaba ingresando al Instituto como consagrada”.

“A los dos meses, después de esa ayuda y de la contención emocional, me doy cuenta de que no quería estar ahí, sino seguir con mi vida normal y ahí comienza el conflicto, porque no te podés ir, porque hay una manipulación tan fuerte sobre la misión que vos tenés, la infelicidad que vas a sufrir, la frustración, la traición a Cristo, que tu familia te va a condenar... una serie de amenazas que tienen que ver con la fe, que es por lo que uno entra”, remarca.

Traza una comparación: “Es como era en su momento ser desertor del Ejército, que era una deshonra tan grande que no se podía ni pensar, había que exiliarse o esconderse. Acá también: mejor era morirte que irte”.

Ante la consulta de cómo hizo para irse, explicó: “Había pedido la baja muchas veces, y no me la dieron, si no te la daban no te podías ir. Después de una crisis grande de la institución, cuando se descubre una estafa, pasé un año terrible, una crisis grande con los directores y ahí logro venirme a La Plata, con la autorización para estudiar periodismo. Lo que querían era sacarme del camino. Porque todo el que cuestionó algo fue expulsado”.

Insiste en que “la necesidad del libro era contar lo que nos pasó a muchas; tuve la suerte de que me fui de Santa Rosa y eso te permite abrir las alas y volver a volar, encontrarte con vos. Vivir en Santa Rosa no es fácil, porque ahí tuvo una carga muy fuerte. Contarlo me pareció reparador. El libro termina siendo también algo de periodismo de investigación”.

El sometimiento

La autora de “Siervas Trinitarias” cuenta que el libro se divide en dos partes. Una cuenta cómo llegan a la institución, cómo empiezan a trabajar en Santa Rosa; la segunda parte es la instancia judicial y cómo y por qué termina.

Yanina Lofvall aclaró que “no había violaciones sexuales. El sometimiento tenía que ver con la reducción a la servidumbre, éramos personas que obedecíamos las 24 horas absolutamente a un plan de vida marcado por ellos, con un voto de pobreza donde entregábamos todo nuestro dinero para que lo manejaran ellos. No teníamos derecho a tener ni una lapicera de nuestra propiedad. Y lograron en 25 o 30 años de institución tener casas en Santa Rosa, Lomas de Zamora, España, Venezuela, Estados Unidos... lo que logran colectar es mucho”.

Somos cientos de personas de Santa Rosa y Toay que pasamos por ahí, y unas 300 o 400 si se incluye a Lomas de Zamora”, apunta.

Además señala el papel de determinados sectores que “se ocuparon de tapar el conflicto mediático, silenciarlo para no hacer quedar mal a la iglesia. Una vez un cura me dijo: ‘Entre curas no nos podemos pisar la sotana’. Y después de eso, supe antes de que suceda, y efectivamente después sucedió, que era una orden de (Jorge) Bergoglio (hoy papa Francisco) sacarlos de Argentina y no es casual que los dos pulmones de Bergoglio, Lugones y Poli, los mandaron a Lomas de Zamora y a Santa Rosa. Poli les dio por terminada la misión y no tienen parroquia en Santa Rosa”, indica en referencia al exobispo de la capital provincial.

Lamentó que “a nosotros ningún obispo nos llamó, sabiendo lo que pasamos, el daño moral que se nos hizo. Una de nuestras compañeras se suicidó”.

Reveló que en el proceso siempre hubo entre los reclamantes “temor a los amiguismos de Santa Rosa entre el Juzgado, el obispado, los abogados o los jueces... El juez Flores que actuó enseguida y es conocido por su rectitud, milagrosamente fue removido y ascendido ni bien intervino”.

En su momento, los denunciantes hicieron el planteo ante el entonces ministro de Justicia Aníbal Fernández. Dijo que fue uno de los que enseguida comprendió la situación. “Nos dijo que sigamos apelando, porque si había amiguismos en la provincia a nivel nacional no lo iba a haber. Pero por esas cosas que estarán en la conciencia de los partícipes, la apelación nuestra no entró en tiempo y forma y por eso perdimos el juicio. Parte del fallo decía que eran inocentes, y otra parte que no tenían competencia”.

Lofvall asevera que “hubo muchísimas irregularidades, cosas que no se investigaron ni se tuvieron en cuenta; no habla de las colectas que se hicieron para esta chica que hicieron pasar por enferma. Estamos hablando de uno de los poderes más grandes del mundo. No es un tema fácil”.

Resume la historia desde la angustia y el dolor. “La mayoría perdimos totalmente la fe. Si Dios existe y es bueno, entenderá por qué me alejé. No quiero pisar una institución porque el miedo es que te vuelvan a estafar. Hubo una predisposición nuestra, sin dudas; esto no pasa de un día para el otro ni le pasa a cualquier persona. Todas caímos en una situación especial, te agarran en un momento emocional de debilidad y uno se aferra a la fe que te mantiene como ser humano en momento de crisis. Juegan con eso en una etapa donde las emociones son más intensas y cuando uno es más radical en sus decisiones, una etapa de pasiones más fuertes, no es casual que trabajen con adolescentes”.

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