Parece obvio lo que señalan, pero no lo es, porque estas mujeres, que le ponen el hombro todos los días al sueño de crecer, se sienten ni más ni menos que parte integrante de una sociedad, precisamente a partir del trabajo que ahora tienen.
Las trabajadoras cuentan con dieciséis máquinas industriales que les permiten asumir diferentes grados de complejidad en la costura. La mayoría de ellas ya tenía conocimientos sobre el oficio y el resto que no los tenían, se capacitaron. "Todas nosotras cosíamos en nuestras casas, con las máquinas familiares, así que nos tuvimos que capacitar para poder manejar éstas. Hubo que aprender a manejarlas, pero todas sabemos lo que tenemos que hacer", dice Mónica Ruiz, presidenta de la cooperativa.
Además, las cooperativistas cuentan con una ayudante, que es modista, que colabora en materia de capacitación específica y se manejan con moldes, "que compramos nosotras para hacer cada trabajo", informa Mónica.
"Nosotros queríamos hacer ambos y guardapolvos, pero estamos capacitadas para hacer lo que nos propongamos", dice con énfasis la misma cooperativista. Por ahora, se mantiene vigente el convenio con la municipalidad por el cual cosen las casacas y los pantalones para ese estamento, pero la idea es, como el nombre de la empresa lo dice, "crecer", soltar la mano paternal del Estado y valerse por sí misma.
"Siempre estamos pensando en cómo hacer para crecer, porque te imaginás que nuestro ingreso depende de cuánto hagamos… por eso, estamos con ganas y dispuestas a salir adelante, de hacer más cosas. Tampoco es fácil, porque recién empezamos y tenemos que competir con empresas que ya están instaladas, que ya están firmes. Pero energía tenemos, por supuesto".
Para crecer, las trabajadoras lo saben, necesitan capacitarse no sólo en lo que atañe a la costura, sino también a la parte administrativa y comercial que implica cualquier empresa, aunque sea de carácter social, como una cooperativa. En ese plan, ya han participado de experiencias que las nutren de conocimientos, acompañadas por la coordinadora de la Oficina de Economía e Inversión Social de la Municipalidad, Mónica Bergmann.
Días atrás, todas las trabajadoras participaron de una jornada en la ciudad de Azul, que les permitió tener acceso a una parte fundamental en el funcionamiento de la empresa, como es el aspecto administrativo. "Vimos cómo se hacen las actas, los libros, todo eso que es importante. Vinimos con otro enfoque, con otra mentalidad y nos dimos cuenta de que se puede".
Próximamente, viajarán a Las Flores, también acompañadas por Mónica, para conocer una fábrica, durante todo el día. Al respecto, Mónica Ruiz es muy optimista y se muestra convencida de que todo eso es indispensable para saber cómo tienen que trabajar.
Además de las ganas y las energías, las mujeres le dedican tiempo a la cooperativa, aunque por el momento les reclame más esfuerzo que beneficios inmediatos. Ellas saben que deberán ser perseverantes y a la vez pacientes. "Ahora nos hacemos el tiempo, porque amamos este proyecto, lo vamos a defender y vamos a hacer lo necesario para sostenerlo, para seguir", asegura la presidenta.
"Como nosotras decimos que no tenemos un sueldo fijo, las personas buscan una salida laboral, con un sueldo asegurado y eso nosotras todavía no lo tenemos, porque recién empezamos. Por eso, por más que nosotras les explicamos cómo es el tema, su propia situación les lleva a dejar el proyecto", aseguran.
Para Mónica, sólo si hay una apropiación del proyecto de la cooperativa, de parte de cada una de las integrantes, es posible querer sostenerlo, apoyarlo y hacer todo lo posible para que se expanda.
En la textil, el ambiente es cálido, huele a telas nuevas, es muy amplio y bien iluminado. Las mujeres que allí trabajan, escuchan radio a un volumen que no perturba el diálogo obligado que se da cuando se consultan entre ellas, por tal o cual costura.
Rosa Villares, una de las que tiene estudios de costura, es otra de las integrantes de la cooperativa. Dice que con esfuerzo van a crecer, que ella es de las que suele caerse anímicamen-te, pero sale adelante con el apoyo de sus compañeras: "sería un desperdicio no aprovechar un taller así en Bolívar, es una oportunidad de trabajo que tenemos y lo vamos a lograr".
Claudia Villa, asiente y confirma con gestos lo que acaba de decir Rosa. Con un centímetro rodeándole el cuello, no se movió de la silla frente a su máquina durante toda la entrevista. Cuando decide hablar, lo hace convencida de que "el pensamiento de todas es el mismo, vamos poder crecer y salir adelante".
Ana María Cárcamo, a su tiempo, asegura que "cuesta mucho ser pionera en algo, pero creo que con el espíritu del cooperativismo, se pueden lograr muchas cosas. Para Bolívar es un gran avance que surja esta cooperativa. Mis compañeras y yo estamos muy convencidas y entusiasmadas con esto".
Por último, retoma Mónica: "nosotros vamos a ser un ejemplo; creo que esta cooperativa a va ser conocida no sólo por el trabajo, sino por la calidad humana, por la fuerza que tenemos para trabajar. Porque no es fácil, todas tenemos familia, hogar y no es fácil venir todos los días, pero yo veo más allá, no estoy mirando el ahora. Esta puerta se abrió hoy, y yo creo en Dios, creo que por algo se dio. Esta cooperativa está para algo grande".
Las trabajadoras aportan para su jubilación, son monotributistas y eso, esa inclusión que les otorga cobertura social y protección del Estado, las hace decir con mucho convencimiento, "que existen, que están". Son mujeres, cooperativistas y bolivarenses; son pioneras, como ellas mismas dicen. Y se dan ánimos, unas a otras, para asumir el compromiso, cada día, de «ir por más", para seguir creciendo.
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