Por Martín CastillaEl seleccionado tuvo dos caras en su paso por esta ciudad. De un comienzo ideal de acuerdo con el propio plan pasó a una versión que parecía desterrada. Javier Mascherano fue el fiel reflejo de lo que vivió el conjunto argentino en la igualdad 1-1 ante Ecuador.
Habría que revisar cuáles fueron las cosas puntuales o las falsas creencias sobre los arbitrajes que lo sacan. La actualidad del seleccionado no debe salirse de sus carriles y abrirle paso al drama. Se destacan su liderazgo inobjetable, la planificación de los partidos, contar con Lionel Messi y una entrega irrenunciable, mucho más ante ese rival invisible que es la altura, que en esta ciudad llega a los 2850 metros. Tuvo las virtudes opuestas a ese epílogo empañado por el recalentamiento del temperamento: un mensaje claro, garra y fervor, convicción para llevar adelante el objetivo y hombres comprometidos -el quite y anticipo de Mascherano, la conducción de Di María y el esfuerzo de Rodrigo Palacio arriba- para llevar adelante el plan.
Importa saber que al equipo de Sabella no se le escapó el objetivo. Lo sostuvo, a veces como pudo, pero también por mérito propio. Pero también no consigue comprender la importancia que tiene comenzar ganando un partido y que si hubiese tenido mayor eficacia para contraatacar la victoria hubiera sido una realidad. Quizá la celeridad le jugó una mala pasada. Y hasta cierta dosis de sobreexigencia, cuando más de un jugador desperdició situaciones por no habilitar bien a un compañero. Claro que sólo con contraataques no se ganan los partidos. El equipo de Sabella matizó defectos con virtudes. Casi en igual medida. Los errores se vieron especialmente en el fondo. Y eso puede ser demasiado riesgoso en otro contexto, como por ejemplo un Mundial.
Quizá sea un problema de irregularidades, de lesiones, como suele pasar cuando los jugadores están en el final de las temporadas. O tal vez sea una cuestión simple de preferencias tácticas. Lo cierto es que el planteo de jugar con cinco defensores funciona en casos como en la altura, aunque ayer le costó tener seguridad delante de Romero. Sabella retocó y movió piezas, pero la maquinaria se trabó más de la cuenta en el segundo tiempo. Arrancó con el Kun Agüero y Palacio como puntas, terminó con Messi detrás del jugador de Inter. La actuación de la Pulga puso en evidencia que no está en plenitud física y que los efectos de la altura los padece.
Lo alentador y auspicioso estuvo en lo que a priori se llevaba la atención: los minutos que podía llegar a estar en cancha la Pulga. Por su condición de crack y número uno del mundo, nadie duda de que es una pieza clave camino al Mundial. En los 30 minutos que jugó, el rosarino contribuyó con ráfagas para sacar a la Argentina de la postura irregular que mostró en ofensiva. No lo hizo con un rendimiento superlativo ni mucho menos. Le bastó con algunos atributos: cambio de ritmo, aceleración, gambeta y un remate al arco con peligro. Está claro, sin él, los partidos cambian radicalmente y obligan a Sabella a realizar ajustes en el funcionamiento.
A pesar de una cuota inesperada de tensión, el seleccionado argentino consiguió un punto útil ante un rival que había cosechado la totalidad de las unidades en condición de local. Por esa diferencia planteada de antemano por la particularidad de jugar en la altura, hacía falta sumar y se consiguió. La campaña y los jugadores lo exigían. Y el futuro, ese que imponen apellidos como Messi, Di María y Agüero, obligaba a sumar puntos ante un conjunto ecuatoriano que sabe cómo herir por los costados. Misión cumplida, entonces, con los números porque está a un paso de la clasificación. Quedará tiempo para el análisis futbolístico, pero la primera reacción favorable es que el desarrollo propone situaciones de aprendizaje oportunas para afrontar lo que se viene. Más allá de goles desperdiciados y las situaciones de riesgo sufridas, algo quedó muy claro: tiene cuestiones positivas para potenciar y no desperdiciar. Sin embargo, el telón cayó de manera caótica, con la expulsión de Javier Mascherano, y les sacó cartel a sus virtudes..


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