A pesar de mostrarse siempre leal al proyecto encabezado por la presidenta Cristina Fernández, el gobernador Daniel Scioli continúa trabajando en su armado político juntando voluntades que provienen de todos los sectores del peronismo bonaerense. Los recelos que generan en el kirchnerismo duro esta movida política y el papel de Martín Sabbatella como método de presión K al sciolismo
En esa tarea parece encontrarse el gobernador Daniel Scioli, que a pesar de seguir mostrando un alto grado de lealtad hacia el gobierno nacional, sigue despertando gran cantidad de recelos al interior del oficialismo más duro, que lo ve como un hombre proveniente del neoliberalismo de los ’90 reacomodado a las actuales circunstancias políticas del país.
Las últimas movidas políticas del mandatario bonaerense, lo muestran alejado del accionar típico que muestra la presidenta Cristina Fernández y su círculo más cercano de colaboradores, ya que al acostumbrado vértigo y ataque K a todos los opositores a su gobierno, ya sean dentro o fuera del PJ. Scioli le responde como un hombre de diálogo, que recibe a todos los políticos sean cual sea su partido de origen, y que apuesta al consenso por sobre todas las cosas.
Mientras el gobierno nacional se quedó a finales del año pasado sin poder conseguir que se aprobara el Presupuesto 2011, el ex motonauta abrió el debate del mismo a todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria, cambiando algunos de sus puntos, logrando una aprobación necesaria para el manejo de la provincia, diferenciándose claramente del funcionamiento kirchnerista.
Pero lo que más desconfianza despierta dentro de algunos kirchneristas furibundos, es la actitud conciliatoria que tiene Scioli con algunos hombres del duhaldismo y del Peronismo Federal, que han pasado a ser funcionarios provinciales, ganando terreno en la unidad del PJ con vistas a octubre.
El último caso de un duhaldista que se muestra cercano al gobernador bonaerense y que comparte el gobierno, es el de Hugo Bilbao, presidente del PJ de Coronel Suárez y concejal en dicho distrito, armador del ex presidente en la Sexta sección electoral, y que desde esta semana ha pasado a desempeñarse como Director de Zonas Francas de la Provincia, manejando una caja de más de 2.500 millones de dólares.
En el corazón de Olivos, esta ofensiva sciolista para ganar terreno dentro del peronismo bonaerense no ha caído para nada bien, ya que lo ven como una manera de cortarse sólo dentro del partido de cara al futuro cercano, y es por eso que han salido a ponerle algunos palos en la rueda a la movida del ex vicepresidente.
Una de ellas es la de intentar colocar sí o sí a un hombre de dura cuña K como el candidato a vicegobernador que acompañe a Scioli en la fórmula del Frente para la Victoria, siendo uno de los nombres que suena con más fuerza el del diputado provincial Fernando “Chino” Navarro”.
Otra de las jugadas que vienen realizando hombres cercanos al pensamiento oficial, es la de fortalecer la candidatura a gobernador del actual diputado nacional y ex intendente de Morón, Martín Sabbatella, quien desde un kirchnerismo crítico, viene realizando un acompañamiento sin cuartel al gobierno de Cristina Fernández.
Sabbatella, es uno de los hombres que en las últimas semanas más viene criticando la labor de Daniel Scioli al frente del gobierno provincial, despertando las críticas de muchos de los aliados del ex motonauta, que ven en esto una cierta complicidad de cierto kirchnerismo que continúa sin confiar en quien conduce los destinos de la provincia.
Incluso en una entrevista con La Tecla, el jefe de Gabinete provincial Alberto Pérez, aseguró que a Sabbatella lo mueve “la conveniencia de acompañar hoy a alguien que supera el 50 por ciento es lo que lo mueve a querer ser ahora un aliado nuestro, o un oficialista crítico”.
Una situación bastante particular la que vive el gobernador por estas horas, con un juego político que lo muestra conciliador con todas las posiciones del PJ bonaerense y que lo muestran como un candidato invencible para octubre, pero que a la vez debe sufrir los embates de la tropa ultra K de la provincia, que todavía siguen desconfiando de su lealtad al proyecto presidencial y que piensan en otras opciones para octubre.





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