"Si perdemos el 28 de junio olvídense de ser propuesta para 2011".
Desde ministros hasta sub directores de área de los poderes Ejecutivo y Legislativo, todos aceptaron el convite del mandamás, en una especie de cónclave orientado a determinar cuáles serán los pasos a seguir en los próximos casi 50 días, y en general a lo largo de los más de dos años de gobierno que quedarán por delante tras el acto eleccionario.
El enfático discurso de Schiaretti evidenció con claridad al menos cinco cuestiones centrales: que existe un temor mayúsculo en las filas oficiales por la baja intención de votos actual de sus principales candidatos (Eduardo Mondino y Francisco Fortuna); que el gran enemigo a batir es Luis Juez y que, por el contrario, los lazos con el radicalismo no son del todo malos; que la mala relación con la familia Kirchner parece haber llegado a un punto sin retorno; que José Manuel De la Sota está hoy por hoy al margen de cualquier armado para 2011, y que el gobernador –aunque sin decirlo a las claras- ya piensa en realizar una transición ordenada intentando demostrar a los cordobeses la mayor gestión posible.
El encuentro, a puertas cerradas, fue inaugurado por el ministro de Gobierno Carlos Caserio, quien con un discurso de corte más institucional que político destacó la importancia de defender con uñas y dientes la gestión provincial, al tiempo que llamó a los funcionarios de todos los niveles a redoblar los esfuerzos individuales: a hacer más de lo que se está haciendo, y mejor. El planteo del Gobierno consiste precisamente en mostrar mucha más gestión que la del primer año y medio en el poder. Esto incluye, además, caminar con más énfasis todo el territorio provincial, fortaleciendo vínculos con los gobiernos del interior. Minutos más tarde fue Schiaretti quien aclaró los tantos: "No hay 2011 sin 2009".
Con encendidas palabras, Schiaretti aseguró que "Juez es Kirchner", y que ambos son intolerantes; apuntó que el ex intendente capitalino es inoperante, y señaló que el sorpresivo "casamiento" de Olga Riutort con el kirchnerismo no fue por "amor" sino "por plata". Asimismo refutó la actitud del matrimonio presidencial de amedrentar a la Provincia interrumpiendo el envío de fondos, y vaticinó nuevamente la derrota de los "K" en las urnas. Para el radicalismo las críticas prácticamente no existieron; sólo se puso en duda la capacidad del primer candidato a senador, Ramón Mestre, por su corta trayectoria política.
Otro de los elementos destacados del encuentro fue el "ninguneo" al ex gobernador José Manuel De la Sota. Schiaretti fue terminante en relación a lo que ocurrirá en 2011, y a pesar de estar imposibilitado de repetir en el cargo omitió toda posible irrupción de su ex jefe político en escena en las próximas elecciones provinciales. ¿Acaso a pesar de una posible derrota en 2009 no podría la reaparición de De la Sota modificar el tablero y reacomodar al PJ para dar batalla de aquí a dos años y medio?
En concreto, el oficialismo teme que el ex intendente asuma una actitud similar a la que predica a nivel nacional el PJ opositor que integran Francisco De Narváez, Felipe Solá y Mauricio Macri. Es decir, Schiaretti cree que una eventual derrota de su boleta sería el punto de partida para que su archienemigo le pida una "transición ordenada" de cara a 2011, y limite así su poder de gestión durante los casi dos años y medio de gobierno que le quedarán por delante. En rigor, el gobernador ya planea dicha transición, justamente basada en la gestión, pero quiere evitar que sea Juez quien se la reclame.
El reclamo no sería infundado, puesto que fue el propio mandatario quien deslizó que estas elecciones intermedias serían una especie de plebiscito de su Gobierno. Esta actitud generó gran malestar en las filas oficialistas, en momentos en que la imagen del mandamás no es negativa entre el electorado. ¿Era necesario hacer este planteo?
Lo fuere o no, una posible victoria de Juez le daría a éste poder provincial y argumentos más que suficientes para reclamar participación en las próximas decisiones oficiales.
Pero otro de los grandes temores del gobernador es la eventual reaparición de los viejos fantasmas del supuesto fraude electoral de 2007. Si esta elección será una especie de plebiscito y Juez llega a obtener un triunfo resonante frente a Schiaretti, ¿será que el ex intendente echará mano a tal resultado para asegurar, con números oficiales, que –supuestamente- le robaron la elección por la gobernación?
Lo cierto es que a fuerza de gestión el mandatario provincial intentará acortar distancias en las próximas semanas. El pensar desde ahora en una transición ordenada es tal vez la mayor muestra de debilidad de un gobernador que no está mal parado en la opinión pública local, pero que parece tenerle pánico a quien quiere convertirse en su sucesor.

Comentá la nota