Anunciaron una ayuda de US$ 12.000 millones para paliar el derrumbe del turismo y el freno del crecimiento.
“Estamos desesperados”, dice Labib Jawhar mientras prepara los caballos, “en un día común puedo hacer hasta siete u ocho viajes con turistas. En los últimos 40 días desaparecieron todos los extranjeros. Si no regresan pronto, nuestros hijos van a tener hambre”.
El turismo representa apenas el 8% del total del PBI egipcio pero maneja al menos otro 10% o 20% de la economía informal. “Es el motor de nuestra economía”, explica Kamil Malahmud, de un banco de inversiones cairota. Las grandes movilizaciones que provocaron la caída del gobierno de los Hermanos Musulmanes a principios de julio, el golpe de Estado militar y la represión de los últimos días que dejó al menos mil muertos han afectado no sólo al turismo sino a todos los sectores de la economía egipcia. El gobierno de Mohamed Mursi había previsto un crecimiento del PBI de un 4% para el período 2013/2014. “No vamos a llegar de ninguna manera. Este trimestre será negativo y si alcanzamos un 2% tendremos que sentirnos afortunados”, opina Wael Ziada, economista del banco de inversiones EFG-Hermes. Ya se había registrado un enorme freno de la economía en 2011 con las revueltas que terminaron con los 30 años de la dictadura de Mubarak: se pasó del 5,1% al 1,9% de crecimiento.
Las más afectadas son las industrias manufactureras de automóviles y electrodomésticos que exportan a todo el mundo. General Motors detuvo buena parte de la producción y todo el turno noche por el toque de queda que va desde las siete de la tarde hasta las seis de la mañana. Y la escandinava Electrolux ya anunció la suspensión de parte de su personal.
Todo esto aumenta la tensión que existe desde hace tiempo por los bajos salarios y la inflación que ronda el 10% anual. Las expectativas que trajo la revolución del 2011 y los ecos de la “primavera árabe” fueron demasiado altos. Los sindicatos comenzaron a movilizarse y los conflictos laborales pasaron de 530 en el 2010, cuando la dictadura aplastaba cualquier atisbo de rebeldía, a más de 2.000 el año pasado. El desempleo ronda el 14% aunque hay muchos más egipcios sin trabajo y no están registrados. Samir Radwan, que fue ministro de Finanzas del gobierno de transición, llamó a concretar de inmediato una mesa para negociar salarios entre trabajadores y empresarios “porque sin eso no habrá gobierno que aguante la conflictividad”.
Pero los hermanos sauditas no quieren que llegue la sangre al Nilo y ya dijeron que darán un generosísimo préstamo al nuevo gobierno militar para que estabilice la economía y pueda concretar una transición ordenada. Arabia Saudita, los Emiratos Árabes y Kuwait anunciaron una ayuda de 12.000 millones de dólares en préstamos bancarios, donaciones y combustible. Ya se hizo la primera transferencia de 5.000 millones. “Aquellos que están amenazando con castigar a Egipto quiero que sepan que hay hermanos árabes y musulmanes dispuestos a ayudar con lo que sea necesario”, dijo el canciller saudita, el príncipe Saud al Faisal, en desafío a la actitud de la Administración Obama, que mantiene congelada la ayuda de 1.300 millones de dólares al año.
Pero antes de que mejore la economía tendrá que haber una estabilidad política y social. Algo que no será muy fácil. Los islamistas Hermanos Musulmanes volvieron a la clandestinidad luego de que sus principales dirigentes fueron muertos o encarcelados. Pero van a sacar la cabeza cada vez que lo crean conveniente. A ellos se sumarán los atentados de grupos jihadistas que lograron penetrar el país. Y están los jóvenes liberales cuyas demandas de mayores libertades lograron movilizar a gran parte de la población y derrocar a Mubarak y después a Mursi.
Los egipcios medios, en tanto, esperan que se normalicen las cosas. “¿Cómo van a venir turistas? ¡Si para ver las momias deben pasar por entre tanques y ametralladoras!,” se queja Rashid Sulayman, guía del famoso Museo Egipcio, a pasos de la plaza Tahrir, que sigue acordonada por los soldados.

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