"En Santiago aún nos faltan sacerdotes"

Monseñor Torrado Mosconi reconoció el déficit, aunque se mostró entusiasmado con “un grupo de jóvenes alegres, generosos y entusiastas seminaristas”.
Hoy se celebra la festividad de San Lorenzo Diácono, una ocasión en la que los obispos y el clero santiagueño pedirán su intercesión para que acrecienten las vocaciones religiosas en la provincia, en la que se reconoce que faltan sacerdotes para atender las extensas diócesis.

Sobre el particular, el obispo auxiliar de la Diócesis de Santiago del Estero, monseñor Ariel Torrado Mosconi, reconoció que si bien “es esperanzador un grupo de jóvenes alegres, generosos y entusiastas seminaristas que lo han dejado todo por seguir a Cristo, aún nos faltan muchos sacerdotes”.

“Hay algunas parroquias que no tienen párroco y que son atendidas por algunos otros sacerdotes que haciendo un gran sacrificio trabajan incansablemente, haciendo largas distancias, de una capilla o comunidad a otra, para llevar el consuelo de la Palabra de Dios y la gracia de los sacramentos. Hemos tenido que pedir ayuda a otras iglesias hermanas que nos presten sacerdotes por algún tiempo para que algunas comunidades no queden sin su pastor. También hemos pedido auxilio a algunas congregaciones religiosas para poder atender las necesidades de los fieles”, dijo el prelado.

Reconoció también la labor de los laicos comprometidos que trabajan con incansable ardor en bien de los demás.

“Es importante recalcar que esta participación activa de los laicos es una riqueza en la Iglesia, y que nada tiene que ver con la falta de sacerdotes sino con una opción clara de vivir el compromiso bautismal. Es digno de reconocimiento que muchos de ellos luego de cumplir con su trabajo sacrificado y con los deberes familiares colaboran con fervor en las distintas tareas eclesiales como la catequesis, la misión, los grupos de ayuda solidaria, las tareas de caridad, la visita a los enfermos, y tantas otras actividades que desarrollan con esmero y dedicación”, ponderó.

Vocación

Respecto de la vocación, Torrado Mosconi, reflexionó: “Cada uno de nosotros tiene una vocación única e insustituible. Dios nos ha regalado una misión diversa a cada uno de sus hijos. Conocer esa vocación y seguirla con fidelidad es muy importante. La vocación de todo cristiano es la santidad, llegar a la plenitud como persona por el camino del amor. Sin embargo, a esa plenitud nos encaminamos según la misión concreta que Dios nos ha encomendado en la Iglesia y en el mundo. En este sentido hay tres estados en la vocación cristiana: laicos, consagrados y ministros ordenados”.

“Los laicos se santifican en las realidades seculares y temporales. En la vida matrimonial y familiar, en las tareas profesionales y en su trabajo, en el ámbito de lo social y la búsqueda del bien común en la política, en el desarrollo de las ciencias y la técnica, y en tantas otras actividades que contribuyen al progreso de los pueblos. Los consagrados se santifican en la vida comunitaria y en la imitación a Cristo pobre, casto y obediente. Son un testimonio para el mundo recordándonos la importancia de los valores espirituales y evangélicos por encima de todas las ocupaciones mundanas que muchas veces nos llevan a vivir como si esta tierra fuera nuestra morada definitiva. Los ministros ordenados se santifican en el ejercicio del ministerio en bien de los fieles, en la caridad pastoral. Estos ministros o servidores son ordenados según tres grados diversos: el episcopado, el presbiterado y el diaconado”, explicó.

Finalmente dijo que “cada vocación tiene su belleza y dignidad. Lo importante es ser fiel a la misión que Dios nos ha encomendado en bien de la Iglesia. Ya que los ministros sagrados son un don que Dios hace para el servicio de la Iglesia, los fieles todos están obligados a orar para que Dios suscite abundantes vocaciones, ya que ‘la mies es mucha y los trabajadores son pocos’”. l

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