Los santafesinos en la calle ¿qué expresan en el escenario público?

Los santafesinos en la calle ¿qué expresan en el escenario público?
Durante el 2013, los santafesinos salieron a la calle y utilizaron las redes sociales para hacer oír sus reclamos. Los pedidos de “justicia” y "seguridad” fueron los que más se escucharon.

Marchas para pedir justicia, para repudiar la inseguridad o exigir el esclarecimiento de un crimen. Convocatorias en rechazo “a las políticas del gobierno nacional”. Concentraciones para impregnar en la memoria colectiva lo que está prohibido olvidar: la inundación de 2003. Reclamos de trabajadores y luchas gremiales. Protestas. Las movilizaciones populares representan un fenómeno que, si bien se viene dando en Santa Fe desde hace años —y tiene antecedentes históricos a nivel mundial—, durante 2013 cobró auge en la ciudad capital.

¿Qué expresan los santafesinos en el espacio público? ¿Cómo se conforman esos colectivos que mayormente marchan para reclamar “justicia” y “seguridad”? “A la hora de problematizar el fenómeno de las movilizaciones es importante pensar en la diversidad de actores que las componen, la forma en que se da la organización, las motivaciones, los objetivos y la cohesión del grupo. Dichas características condicionan el éxito del reclamo y su continuidad en el tiempo”, indicó el sociólogo Mauricio Moltó.

Actualmente, quien o quienes convocan utilizan como herramienta las redes sociales y los medios tradicionales de comunicación. Las consignas apelan al sentido común, buscan el consenso colectivo y la aprobación popular —¿quién no podría estar de acuerdo con que se juzgue un delito?—. Pero en la práctica, son pocas las causas que logran masividad y el acompañamiento para sostener el reclamo en sucesivos encuentros.

La plaza 25 de Mayo configura el escenario predilecto, enmarcado por edificios emblemáticos que simbolizan a los poderes Ejecutivo y Judicial —Casa de Gobierno y los Tribunales— y a la Iglesia Católica —la Catedral Metropolitana y el Arzobispado, a pocos metros—.

La “cuestión de clase” es una característica presente, que se repite. A nivel local, los sectores con poder adquisitivo para acceder a los medios y hacer valer sus derechos, adhirieren a manifestaciones que no fueron motivadas por hechos puntuales como un crimen. Es el caso de la concentración que se realizó el último 18 de abril en la Plaza de Mayo, en donde cobró protagonismo la clase media y alta santafesina que mostró su disconformidad con las políticas aplicadas por el gobierno de Cristina Fernández. En cambio, los sectores más vulnerables salen a la calle a exigirle públicamente a las autoridades gubernamentales que “hagan algo”.

Para la socióloga Antonela Vicentini, la escasa concurrencia a las movilizaciones tiene que ver con “la ausencia de un respaldo organizativo más amplio y de experiencia” por parte de quienes convocan. “Salen de manera espasmódica al verse afectados emocionalmente por un hecho puntual”, precisó.

¿Qué los une y qué los separa?

Moltó y Vicentini coincidieron al afirmar que la consecuencia buscada y lo que logran con la exposición de la problemática es justamente la “visibilización” y el impacto mediático. Instalar el tema en la agenda pública.

—¿Cómo se explica el hecho de que se busque la “unión de todos” para elevar públicamente un pedido a las autoridades, pero en la práctica, los grupos no se acompañan en las marchas que convocan?

M. Moltó: — Se necesitaría un estudio concreto para determinar en qué se está pensando al evocar palabras como “seguridad”, “justicia”, “libertad”. Porque cuando se trata de definir más precisamente los términos, las diferencias comienzan a aparecer. Por ejemplo: para una persona, una sociedad justa puede ser una donde el Estado no toque un solo centavo de mis ingresos para servicios públicos o seguridad social. Y para otra, puede ser una sociedad en donde el Estado tenga un rol activo en la redistribución de ingresos, garantizando un mínimo de igualdad para todos los habitantes.

—¿Qué significado cobra un grupo de vecinos en una plaza que pide “seguridad”?

M. Moltó: — En esos momentos, se articulan discursos que interpelan representaciones de sentido común, que oponen a “la gente” con “los delincuentes”. Esa distinción es problemática, ya que mientras reconoce derechos a los primeros, estigmatiza a los segundos. Son discursos en donde “la gente” indignada, se pregunta por qué tiene que compartir su sociedad con esos “delincuentes”. Así, se pierde de vista que ambas categorías son significados construidos socialmente. Ninguno de los dos grupos existe realmente de la forma en que son representados. Además, por otra parte, no se tiene en cuenta que detrás de un “delincuente” hay una trayectoria social condicionada estructuralmente.

A. Vicentini: — Además, la inseguridad también está asociada con la representación que tiene la sociedad respecto de la institución policial. Se da a partir de casos puntuales, como el de Tognolli. En cierto modo, la institución está vulnerada y eso moviliza. El vecino puede pensar “a mí me mataron a mi pibe y la policía es esto que tenemos”. Es lo que circula en el imaginario colectivo y contribuye a la “inseguridad”, como un agregado de los delitos puntuales.

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