Santa María, una ciudad de luto que siente que perdió el alma en la tragedia

Santa María, una ciudad de luto que siente que perdió el alma en la tragedia

Mientras se celebraban los primeros de los 231 entierros, la mayoría de los negocios estaban cerrados; la tristeza y el desconsuelo son palpables en las calles

Por Alberto Armendariz |

SANTA MARÍA, Brasil.- La mayoría de los negocios estaban cerrados, con carteles de luto, y la poca gente que había en las calles caminaba con la mirada perdida. La tristeza dominaba el ambiente; se sentía como si la tragedia le hubiese robado el alma a esta ciudad.

Un fuerte olor a quemado aún se respiraba ayer en el centro de Santa María, donde la madrugada de anteayer 231 jóvenes murieron y 162 quedaron heridos en el incendio de la discoteca Kiss.

Mientras la policía detenía de forma preventiva al productor y al vocalista de la banda Gurizada Fandangueira -que habrían sido responsables por la bengala que originó el fuego-, así como a los dos dueños de Kiss (ver aparte), la mayoría de los 260.000 habitantes de Santa María, en el corazón del estado de Rio Grande do Sul, asistió ayer al entierro de algún familiar, amigo, compañero de trabajo o vecino.

Las caravanas fúnebres eran el mayor movimiento que se veía, con concentraciones de gente en los cementerios Municipal y de Santa Rita, además del gimnasio del Centro Deportivo Municipal, adonde habían sido trasladados los cuerpos de las víctimas -la mayoría murió por asfixia-, para que fueran reconocidos por los familiares y velados.

Ya con todos los muertos identificados, los restos fueron ubicados en féretros repartidos por el enorme gimnasio, y a su alrededor, entre lágrimas y abrazos, se juntó cada una de las conmocionadas familias. Sobre los cajones, parientes y amigos colocaron pertenencias de sus seres queridos muertos, como el perrito de orejas largas de Natalia Canto, estudiante de Derecho de 20 años.

"Ella no podía dormir sin su perrito, por eso lo trajimos para que la acompañara para siempre. No sé cómo vamos a hacer para vivir sin ella", dijo a LA NACION Micael Canto, su hermano, de 24 años.

En el Centro Deportivo Municipal, aireado con grandes ventiladores de pie, decenas de médicos y psicólogos prestaban asistencia a los familiares a medida que los coches fúnebres llegaban para llevarse los cuerpos para su entierro.

"La tragedia golpeó a la ciudad muy fuerte. Todo el mundo tiene a alguien que conocía directa o indirectamente entre las víctimas. Yo no sufrí ninguna pérdida directa, así que me pareció que no podía quedarme de brazos cruzados y aquí estoy. Toda Santa María está movilizada", comentó Janice Amaral, estudiante de Historia, de 21 años.

No muy lejos de allí, en el Cementerio Municipal, hasta el mediodía se habían realizado 34 sepelios.

Dolor y solidaridad

En el centro de la ciudad, la normalmente agitada calle peatonal Calçadao Salvador Isaia estaba ayer casi vacía. Tiendas de ropa, restaurantes y casas de electrodomésticos exhibían carteles con la palabra "luto", moños negros y mensajes de solidaridad con las familias y amigos de las víctimas.

Sobre la Rua dos Andradas, sellada por la policía, el olor a humo era más intenso, casi insoportable, mezcla de madera, plástico y alcohol, que todavía emanaba de la devastada discoteca, con su frente perforado por varios boquetes que los bomberos abrieron la noche del incendio en un dramático intento de sacar a los jóvenes que allí celebraban una fiesta universitaria.

En la vereda, la gente había dejado flores y mensajes escritos en cartulina, en homenaje a los fallecidos, y con reclamos de justicia. "Nada justifica 231 asesinatos", se leía en uno de los carteles.

"Tenía todo para ser una gran fiesta y terminó en la peor pesadilla que hayamos sufrido", comentó a LA NACION Luciene Louceiro, de 32 años, una vendedora de ropa que sobrevivió al incendio.

Contó que como gran admiradora de la banda Gurizada Fandangueira estaba en la primera fila cuando el vocalista, Marcelo de Jesús dos Santos, encendió una bengala.

"Al ver que se prendió fuego la espuma aislante del techo él intentó apagarlo con un extintor, pero no funcionaba. Las llamas avanzaron muy rápido, con mucho humo, y la gente entró en pánico. Con una amiga corrimos hacia la salida de emergencia, pero los guardias al principio no nos dejaban pasar. Alguien le pegó una trompada a uno de ellos y ahí un grupo pudo salir entre golpes, tropiezos y pisotones", explicó Luciene.

No tuvieron tanta suerte las hermanas Patricia y Greicy Bairro, de 27 y 18 años, respectivamente, que murieron asfixiadas dentro de la discoteca, al igual que Junior Lara, 30 años, marido de Patricia. Residentes en Manoel Viana, a unos 188 kilómetros de Santa María, sus padres llegaron anteayer a la ciudad, luego de que ninguno de los tres respondiera las llamadas a sus celulares.

La familia entera se trasladó para el entierro de los tres. Protegidos por sombrillas del sol abrasador, se despidieron de sus seres queridos mientras a lo lejos una máquina excavadora preparaba el terreno para más tumbas. Un amigo de las chicas llevaba puesta una remera con una foto de ellas estampada y la leyenda: "Queremos justicia - Saudades".

LA CADENA DE ERROrES QUE ACELERÓ EL DRAMA

En Kiss, hubo una suma de fallas humanas y técnicas

Bengala

En un lugar cerrado, el cantante enciende una bengala que toma contacto con el techo

Paneles combustibles

El fuego se esparció rápidamente al entrar en contacto con los paneles de aislamiento acústico, de gomaespuma y sin protección ignífuga

Matafuego inservible

El extinguidor no funcionó cuando fue accionado por el cantante y un guardia

Inexpertos

Los guardias no orientaron correctamente a los clientes hacia las salidas y obstruyeron la evacuación

Mala señalización

El local no tenía una adecuada señalización de las salidas y de las vías de evacuación de emergencia

Sin vía de escape

Kiss no contaba con salidas de emergencia. Había sólo un acceso de cuatro metros de ancho, tanto para el ingreso como para el egreso

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