Sangriento motín antes de la llegada del Papa

Sangriento motín antes de la llegada del Papa

La muerte de 52 presos en Monterrey y el aesinato de una periodista desnudan la cara más violenta del país

CUDAD DE MÉXICO.- Una verdadera batalla campal con un arsenal de armas caseras dejó ayer al menos 52 muertos en una cárcel de México, en un estallido de furia entre dos facciones rivales apenas un día antes del comienzo de la visita del papa Francisco a este país, donde tiene agendada la visita a otro centro penitenciario con mala fama por sus antecedentes de motines.

"Se puede confirmar el fallecimiento de 52 personas y que hay 12 heridos", dijo después de varias horas de incertidumbre el gobernador del estado de Nuevo León, Jaime Rodríguez, donde se encuentra el penal de Topo Chico, en la ciudad de Monterrey, la más importante del norte del país.

Rodríguez calificó de "tragedia" el enfrentamiento faccioso que comenzó cerca de la medianoche del miércoles, y atribuyó el derramamiento de sangre a "la situación tan difícil que se está viviendo en los centros penitenciarios", en alusión al hacinamiento y a las rivalidades internas. Topo Chico, que antes era controlada por el ejército y hace poco quedó a cargo de la policía de Nuevo León, tiene capacidad para 2600 personas, pero está superpoblada con un total de 3800.

Una visita dos años atrás del relator de las Naciones Unidas sobre la tortura, Juan Méndez, ya había alertado sobre las malas condiciones en que vivían los presos.

Las fuerzas de seguridad tardaron dos horas en controlar la batalla, que al principio parecía un motín, porque además del descontrol en dos pabellones varios presos provocaron un incendio en la bodega de víveres, que afectó también las celdas. La televisión mostró la prisión envuelta en llamas y en medio de una humareda durante la madrugada, y luego de controlada la situación, en la mañana, se veían presos sobre el techo del penal ya sin fuego.

"Por lo menos hasta ahora no hay heridos ni muertos por arma de fuego", dijo el gobernador en medio del recuento de víctimas, y precisó que los reos utilizaron facas, bates y palos. La situación estuvo cerca de entrar en una nueva espiral de violencia cuando familiares de los presos, desesperados por la falta de información sobre los detenidos, abrieron por la fuerza uno de los portones de la prisión y estuvieron a punto de entrar a las instalaciones. La acción de la policía, el ejército y la marina logró bloquear el ingreso.

La violencia de Topo Chico tuvo lugar en la víspera de la llegada a México del papa Francisco, que tiene previsto visitar a los presos de la Cárcel Número 3 de Ciudad Juárez. Esa cárcel, ahora reformada, fue escenario en el pasado de varios motines con un abultado saldo de muertos, el más reciente en 2011, que dejó 17 víctimas.

El infierno en que se convirtió Topo Chico también se debió a un choque entre facciones rivales, la conducida por un ex líder del cartel de los Zetas, Juan Pedro Saldívar, y la encabezada por Jorge Iván Hernández Cantú, otro miembro del crimen organizado. Según el gobernador Rodríguez, las bandas se disputaban el control del penal, el más viejo de Nuevo León.

El enfrentamiento simbolizó la violencia que se adueñó del país por acción del narcotráfico y que en la última década derivó en decenas de miles de muertos. Entre ellos también se cuentan decenas de periodistas, como la reportera Anabel Flores Salazar, la última víctima de los narcos, que fue asesinada el martes.

Salazar, cronista de 32 años de temas policiales para el diario El Sol de Orizaba, fue secuestrada el lunes por un comando vestido con ropa militar, que se la llevó a la fuerza de su casa de Veracruz, considerado uno de los estados más peligrosos para el ejercicio del periodismo en México. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) criticó la actuación de las autoridades de Veracruz, a las que llamó a "realizar una investigación, seria, profunda y solidaria para conocer, verdaderamente, las causas del asesinato".

Agencias DPA, EFE y AFP

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