Lo que la sangre dice de los bahienses

66.000 muestras analizadas en el Penna arrojaron cuál es la enfermedad más común en la ciudad.

Federico Moreno fmoreno@lanueva.com

¿Por qué la hepatitis B es la principal enfermedad detectada en los centros de donación de sangre de Bahía?, ¿qué habitos influyen para que la ciudad, en ese sentido, esté por encima de la media nacional?, ¿por qué no existe un centro regional de hemoterapia, pese a que debería estar creado por ley hace más de 20 años?, ¿alcanzan las reservas en caso de un accidente grave?

Los bancos de sangre funcionan con la inercia de un engranaje casi indiferente para muchos bahienses, aunque con el gran esfuerzo de pocos profesionales, un puñado constante de organizaciones y las donaciones aisladas, que existen, aunque nunca son suficientes.

Un grupo de hemoterapeutas de la ciudad trazó un panorama situacional, con certezas, consejos y algunos datos que no dejan de llamar la atención.

Por ejemplo, del análisis de 66.853 muestras de sangre recolectadas en centros de donación entre enero de 2008 y diciembre de 2015 en Bahía Blanca, apenas el 2,6 % (1.725) fueron positivas por enfermedades infectocontagiosas, y de esas 1.725 un 42 % correspondió a casos de hepatitis B.

Esta última cifra no es para preocuparse -pueden existir falsos positivos-, aunque sí supera la media nacional. ¿Por qué?

La doctora Vanesa Fernández, jefa del centro de Hemoterapia que funciona en el hospital Penna, dejó una aproximación: se cree que puede deberse a características poblacionales de la ciudad, como rangos etarios o hábitos sexuales -prescindir del uso preservativo, por ejemplo-, ya que la mayor parte de los donantes positivos son jóvenes.

“Cuando detectamos una serología positiva, enviamos por ley una carta al domicilio del donante, citándolo para una contraprueba. Si se presenta –solo lo hace el 57 %-, se lo analiza nuevamente y, en caso de ser otra vez positivo, lo derivamos a un especialista, según la enfermedad que hayamos detectado. En el caso de la hepatitis, a un gastroenterólogo especialista en hígado, para determinar si efectivamente esa persona posee el virus”, dijo Fernández.

“Siendo una cuestión de salud, preferimos que la prueba sea altamente sensible y pierda un poco de especificidad, dando falsos positivos, antes que pasar por alto una bolsa con sangre infectada. Ante la mínima sospecha de que está contaminada, la unidad de sangre se descarta”, agregó.

Con respecto a los resultados positivos para HIV -otra de las serologías buscadas por ley junto a Chagas, Huddleson, VDRL y HTLV-, Fernández manifestó que el número es muy bajo, similar a la media nacional, y que en ese caso a la contraprueba siempre asisten todos los donantes citados.

Una ley que no se cumple

Bahía Blanca debería, por ley, contar desde hace más de 20 años con un edificio exclusivo para funcionar como centro de donación y banco de sangre.

Por algo tan frecuente en nuestro país como la falta de presupuesto para llevar a cabo lo que las leyes determinan, dicho centro regional nunca se concretó, funcionando en la actualidad como una unidad independiente, aunque dentro de las instalaciones del Penna.

Entre 1998 y 2001, aproximadamente, se logró que el Penna fuera el único hospital de la ciudad en que se recogían donaciones pero, por la saturación de tareas y las extensas distancias que representaban para muchos bahienses ir a un establecimiento tan alejado del centro, se decidió que la mayoría de los hospitales volvieran a recibir donaciones, tal como en la actualidad.

“Por una ley dictada durante la gobernación de Eduardo Duhalde, en la provincia de Buenos Aires, debían crearse Centros Regionales de Hemoterapia, con la potestad de promocionar la donación, atender dadores, centralizar todo el procesamiento de la sangre y distribuirla, permitiendo así bajar costos y trabajar con mejor calidad”, explicó la jefa de Hemoterapia del Municipal, Alejandra Larregina.

“Por ley, estos centros deben contar con un espacio físico exclusivo de unos 200 m2, con móviles para el traslado de la sangre, un médico jefe, entre 4 y 5 hemoterapeutas y hasta 25 técnicos de hemoterapia. En Bahía, los profesionales de esta rama nos hemos reunido muchas veces tratando de concretar la construcción o la mudanza a un edificio así, pero por cosas que pasan todos los días en el país no fue posible y actualmente funciona dentro del Penna”, explicó.

“Transfundir es caro”

“En el Penna hacen milagros con lo que tienen, la gente que trabaja ahí le pone mucha onda, pero la realidad es que el espacio físico no es suficiente y no están dadas las condiciones. Actualmente en Bahía casi todos los hospitales tienen su centro de donación de sangre -algo que no debería pasar- pero muchos tienen que mandar al Penna las muestras para hacer los análisis serológicos. Todo lo que centralices en salud ahorra, en la medida en que una prestación se usa al 100 % podés bajar los costos”, analizó.

“Transfundir sangre es muy caro. En el Municipal estuvimos averiguando por kits de serología para procesar las 4.000 bolsas de sangre que manejamos en un año y, a valores de mediados de 2016, solo esos insumos nos costaban 2.900.000 pesos”, dijo Larregina.

Otro problema, aunque no solo de Bahía, es que el sistema de salud combina hospitales municipales, provinciales, nacionales, privados, de obras sociales, gente con cobertura y sin ella, con ART y prepagas.

“Todo eso complica las cosas”, sostuvo.

Para Susana Garbiero, hemoterapeuta del Hospital Privado del Sur, la ley de centros regionales buscaba “concentrar todo en un solo protocolo, en una forma estandarizada de trabajar en la atención del donante y en el procedimiento de las muestras”.

“Por supuesto que hoy en Bahía la sangre está segura y es de buena calidad, pero tal vez están duplicados los esfuerzos. Por ejemplo, nosotros en el Privado hacemos la serología, al igual que el Español y el Italiano, pero el Municipal, Osecac y el Militar la mandan al Penna. Es un sistema algo anárquico”, reflexionó.

Fernández, por su lado, confirmó que el centro del Penna abarca 18 municipios (gran parte de la Región Sanitaria I). Los que más aportan son Tres Arroyos, Coronel Pringles y Coronel Dorrego, con un procesamiento anual de 12 mil bolsas de sangre.

“Si habláramos del ideal, esto debería funcionar como un hospital aparte, con presupuesto y servicio de mantenimiento propios, y tendría que construirse para ser destinado solo a la hemoterapia”, dijo.

“Ahora con suerte podemos funcionar dentro del hospital, con la electricidad y los insumos que este nos brinda. A partir de marzo el Plan Nacional de Sangre dejó de mandarnos reactivos que sirven para inmunoserología e inmunohematología y ahora esa provisión depende del presupuesto del Penna”, agregó la profesional.

“Somos 2 médicos nombrados, 3 bioquímicos y 6 técnicos, mientras que por ley deberíamos tener por lo menos 3 médicos más y el doble de técnicos. Con los años que llevo dentro del hospital no soy muy optimista de llegar a ver el Centro, pero espero que alguna vez se construya”, añadió.

Se llevan la mayor parte

“Los accidentes graves se llevan 10 bolsas de glóbulos, 10 de plasma y 10 de plaquetas. A veces hay accidentes en la ruta que dejan 3 ó 4 heridos y la demanda se multiplica. Encima, por una cuestión de que ante una emergencia no hay tiempo para determinar el grupo del paciente, lo que se hace es transfundirle la sangre del tipo 0 negativo, uno de los grupos menos habituales y que les sirve a todos, perdiéndose un bien muy escaso”, comentó Larregina.

Qué se hace con la sangre extraída

Una vez extraída la sangre del brazo del donante, se almacena en una bolsa de 450 cm3 para luego, en una máquina centrifugadora, separarla en sus diferentes componentes: plasma, plaquetas y glóbulos.

El plasma se coloca en un freezer, donde puede conservarse hasta los 3 meses –ante menor temperatura, mayor duración-. La sangre -glóbulos rojos— se deposita en una heladera a 4° donde, dependiendo del tipo de bolsa, puede permanecer hasta 35 o 45 días. Finalmente, las plaquetas quedan a temperatura ambiente en un agitador, donde pueden permanecer un máximo de entre 3 y 5 días.

El procesamiento y mantenimiento de una bolsa de 450 cm3 que se extrae gratuitamente de un donante puede costarle a un hospital hasta 2.000 pesos, entre los insumos de extracción, el kit de serología para detectar enfermedades infectocontagiosas, la electricidad de las heladeras y el traslado al banco que funciona en el Penna.

Una transfusión habitual puede consumir 2 bolsas de sangre, lo que significa que al centro de salud le costó 4.000 pesos su producción, y un accidentado de gravedad o una operación cardiovascular complicada pueden requerir entre 10 y 20 bolsas, es decir entre 20.000 y 40.000 pesos.

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