La empleada del pelotero “Abracadabra” fue asesinada el 16 de agosto de 2012, en un final similar al que había sufrido su hermana Claudia en el año 2000. Múltiples pericias sin ningún resultado parecían encaminar la investigación a la nada.
Eran las 17.15 de aquel fatídico 16 de agosto de 2012. Más de ocho horas habían pasado desde el momento en que la mujer llegó a su trabajo, el salón de fiestas infantiles “Abracadabra”, situado en la calle Alem 388, un sitio asociado a los festejos infantiles que se convirtió en un infierno para una familia juninense.
Sandra trabajaba en el pelotero. A las 9, estacionó su rodado sobre la vereda y abrió el local como todos los días.
Sandra salía de trabajar al mediodía y acostumbraba a no tardar demasiado tiempo en llegar a la casa de sus padres, con quienes vivía, para almorzar y tener un rato de descanso hasta retornar al pelotero para afrontar el turno tarde. Sin embargo, el hecho de que a las 13 todavía no hubiera vuelto y de que no respondiese a los llamados al teléfono celular, alertó a Juan Colo, el sufrido padre al que doce años atrás le habían entregado el cadáver de su otra hija, Claudia, después de que el asesino hubiera descuartizado e introducido su cuerpo en bolsas de residuos (ver aparte).
Preocupado por la falta de señales de su hija, el hombre fue a buscar a Sandra al trabajo y, lo primero que vio, fue la moto. Golpeó varios minutos la puerta y sintió que la desesperación lo invadía. Llamó al dueño del local y le pidió que acudiera urgente con las llaves.
Boca abajo, y sin vida…
Pasaron pocos minutos para que Emiliano Costanzi, propietario del negocio, llegara y se develara el misterio con una imagen atroz: el cuerpo de Sandra yacía tendido en el piso de la cocina, boca abajo, ya sin vida. Había sido ahorcada con un pedazo de sábana, ligado a un palo de escoba que ofició de torniquete para que la presión sobre el cuello no cediera en ningún momento.
La muerte se había producido por asfixia, pero así y todo se notaba que había sido golpeado de manera brutal. Los rastros de sangre hallados en las baldosas –de los cuales el homicida habría intentado limpiar, pero sin lograrlo por completo- evidenciaron que en esos instantes de fatalidad hubo una feroz golpiza que precedió al estrangulamiento.
“Enseguida vuelvo”
La confirmación del asesinato demandó la intervención inmediata de los peritos de la Policía Científica, junto a quienes llegó más de una decena de efectivos comandados por el jefe de la Policía Distrital, Marcelo Arigüel, y su par de la Departamental, Sergio Gil.
En medio de un ambiente que fue creciendo en conmoción a medida que la noticia se iba esparciendo entre los vecinos y la gente que pasaba por el lugar, empezaron a sumarse versiones sobre lo que había ocurrido durante la mañana en el interior del local. Según uno de esos comentarios, confirmado por los investigadores, los empleados de una sodería local pasaron a dejar mercadería alrededor de las 10 y se encontraron con un papel en la puerta con la leyenda “enseguida vuelvo”.
Pero los soderos no volvieron a pasar por esa cuadra -incluso dejaron una nota avisando que no retornarían-, por lo que hasta el momento no pudo comprobarse si quien había dejado el escrito era Sandra o si se trató de un artilugio del homicida.
“Estaba escrito de una forma rara”, soltó uno de los uniformados que rastrillaba ayer la zona, en busca de ese papel.
Un dato que reforzaría la hipótesis del robo –el cual consta en el parte de prensa enviado por la Fiscalía General de Junín- es que en uno de los escritorios ubicado a escasos centímetros de donde se consumó el hecho había dos billeteras con 150 y 500 pesos, pertenecientes al propietario del lugar, quien acreditó la sustracción.
Sin embargo, altas fuentes policiales se mostraron reacias a aceptar esa línea investigativa, y aseveraron que quien cometió el crimen no se llevó los anillos de oro de la víctima, ni el teléfono celular ni la moto.
Escenas desgarradoras
Mientras el misterio y la bronca se confundían en un solo sentimiento que se podía palpar en el aire, desde la vereda opuesta al pelotero podían observarse las escenas desgarradoras de dolor protagonizadas por Juan Colo, su mujer, María Luisa Radini, Marcelo y Soledad, hermanos de la joven asesinada.
Después de más de dos horas de labor de los peritos, el cadáver de Sandra Colo fue retirado del domicilio del crimen a las 16.30.
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