Salud: El que no paga se muere

Lita López y Enzo Díaz perdieron una hija de cuatro meses este verano. “Dijeron que tenía anemia o pulmonía. Cuando el chico tiene seis meses el enfermero le da la leche en polvo; pero si está gordito, no le dan”, contó una vecina. “El padre dice que murió porque demoraron en trasladarla a Orán”, agregó Mario Molina.
El encargado de la iglesia explicó que para ser atendidos en Embarcación se necesita el permiso de la Salita de Padre Lozano, que está cerrada los fines de semana.

“Nos dan remedio para tomar dos veces al día, pero una sola pastilla, entonces tenemos que volver a la salita, que queda lejos”, dijo Molina.

Los vecinos aseguran que el agente sanitario hace un mes que no pasa por la misión. Cuentan que la situación se acentuó desde que trabaja como maestro por las mañanas. Eso es un problema para madres como Andrea Flores, que cobra un ticket alimentario de 50 pesos para su hija de cuatro años cada vez que el agente visita La Esperanza. El papel se puede canjear en almacenes y se entrega a las madres que tienen hijos con bajo peso.

Un doctor visita Padre Lozano una vez por semana y los enfermeros atienden de 8 a 12, con estricta puntualidad, según contaron los vecinos. “Aquí el que no paga se muere. Sobrevive el que tiene plata para el crédito del teléfono y para el pasaje a Orán, porque el 911 nos ayuda, pero la ambulancia está siempre ocupada”, dijo Héctor Orellano.

“Nos gustaría saber cada cuánto tiene que venir el agente sanitario, porque yo creo que viniendo una vez por mes no podés saber cómo están de peso los chicos. Las madres se quejan de que entregue la leche el agente, porque cuando el chico engorda le cortan”, agregó.

Un caso paradigmático es el de Beatriz Cabral, de 25 años. Con la traducción de Orellano, la joven madre dijo sentirse discriminada.

Hace unos meses, su hija de dos años, que recibe la cuota alimentaria, se enfermó. El enfermero le dio “paracetamol”, pero la madre no notaba mejoras. Decidieron pagar un viaje hasta Embarcación, pero al llegar a esa ciudad le explicaron que no podían atender a nadie que no tuviera “la derivación firmada” desde Padre Lozano. “El problema es que la salita estaba cerrada porque era fin de semana y Beatriz se tuvo que volver y esperar hasta el lunes”, contó Orellano. “Sin derivación se acabó, punto, chau derivación”, explicó.

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