Salta: Manuel Santiago Godoy piensa que todavía gobierna su mentor, Juan Carlos Romero

Salta: Manuel Santiago Godoy piensa que todavía gobierna su mentor, Juan Carlos Romero
Godoy saca a relucir su temperamento autoritario cultivado a la sombra de más de dos décadas de gobierno Romerista.
En los momentos más críticos, suele ser cuando los hombres se revelan tal cual son, qué sienten y qué piensan, es el individuo en estado puro, sin la cobertura de los adjetivos con que pretende llamar a las cosas según su conveniencia. Esta situación se potencia en el caso de las decisiones políticas que tocan intereses particulares y entonces el hombre deja de lado su toga democrática para revestirse del dictador que esconde bajo la apariencia de un republicano.

Este es el caso de la actitud asumida por el Diputado y Presidente de la Cámara Baja de Salta (lo cual agrava ostensiblemente su situación), Manuel Santiago Godoy, quien, ante el descubrimiento días pasados de Carlos Villalba, entonces Intendente de la localidad de Salvador Mazza, en un presunto prostíbulo en Salta, fue el primero en agitar su destitución, cosa que logró; y ahora, el mismo Godoy, ante el anuncio de Villalba de presentarse como candidato en las próximas elecciones para intentar recuperar su cargo nuevamente, sale a proclamar que no se debe dejar que compita.

Evidentemente, Godoy es un producto político obsoleto, porque, o bien tanto tiempo sentado a la mesa chica del poder lo ha convencido de que su criterio vale más que los dictados de la Constitución Nacional y Provincial; o bien Godoy ya denuncia alguna patología que le impide visualizar con claridad cómo son y deben ser las cosas. Queda por fin una posibilidad más: que Godoy en una interna personal con Villalba saque a relucir su temperamento autoritario cultivado a la sombra de más de dos décadas de gobierno Romerista. Hay que recordar que el actual Presidente de la Cámara de Diputados se inició en la política bajo el imperio de Roberto Romero, un autócrata consumado y se perfeccionó durante los tres periodos en que gobernó el hijo de aquel, Juan Carlos Romero, tiempo en el cual las Instituciones de la República no eran más que una declamación teórica porque los funcionarios, los bienes y la misma democracia estaban al libre arbitrio de la voluntad Romerista. Ésa es la escuela de Godoy, y de la cual hoy demuestra haber sido un excelente alumno.

Pero lo tiempos han cambiado muy a pesar de Godoy que también cambio, pero de bando. Nada más instalarse el Doctor Juan Manuel Urtubey en el Gobierno de Salta, Santiago Godoy levantó su dedo para denunciar el autoritarismo de su antiguo patrón. Y este cambio que trajo Urtubey significa el más absoluto e irrenunciable respeto por la vigencia del Estado de Derecho, que significa entre otras cosas que mientras un ciudadano no esté condenado o no contemple alguna conducta expresamente prohibida por la Constitución Nacional o Provincial, nada le impide participar como candidato a un cargo electivo.

Así, aunque a muchos le pese, el ex Intendente Carlos Villalba no tiene sobre sí, ningún impedimento para presentarse como candidato, salvo los que la propia vergüenza pudieran objetarle, cuestión que como se ve, a él no le preocupa, seguramente porque la perdió hace mucho tiempo. Pues, bien, queda claro que nada puede impedirle a Villalba competir, ganar si fuera el caso y volver a ocupar su silla en Salvador Mazza.

Un Godoy ganado por la furia sale a pedir por los caminos que no se vote a Villalba, lo cual traducido al juego democrático es lo mismo que proscribir al hombre, nada más encontrado con la esencia misma de la Democracia, de la cual él se considera una suerte de máximo referente, sin reparar antes que junto a la libre elección, la democracia significa alternancia, vale decir, debía haberse retirado hace ya muchos años.

Pero más allá de todo, el problema es que Godoy en su intento de mantenerse siempre vigente violando ese principio democrático antes dicho, habla siempre en representación del Gobernador de turno. Él mismo se autoconstituye en “vocero oficial” y utiliza, en este caso al Gobernador Urtubey, para dirimir un problema personal que tiene con Villalba, enlodando la figura de un demócrata que frente a la crisis planteada por la detención de este individuo, guardó silencio para que fueran las Instituciones de la República las que hablaran y sin objetar nada obedeció el mandato de las Cámaras promulgando la Ley que ordenó la destitución. Godoy, no es un vocero del Gobernador, sino un “librepensador” interesado.

Desde su fundación, en los tiempos de la Revolución Francesa, el respeto irrestricto a la libertad de expresión constituye el alma del Sistema Republicano; sólo en los tiempos de las dictaduras se proscribió al Peronismo, Godoy como supuesto Peronista debiera saberlo; de modo que resulta inaceptable que ahora venga a proponer que se impida la participación de un ciudadano y todavía más, tratando de arrastrar al Gobierno de Urtubey en su delirio autocrático.

Ha faltado sensatez y criterio para manejarse en una situación de crisis donde tampoco el Partido Renovador de Salta al cual representaba Villalba ha tenido una postura coherente. En el debate donde se trató la destitución del mismo, los dos Diputados de ese Bloque que responden directamente a Andrés Zottos se opusieron, y ahora son los que se oponen a que vuelva a presentarse por su propio Partido. Una actitud absurda que únicamente podría comprenderse explicando que han actuado bajo órdenes del propio Juan Carlos Romero, del cual Zottos es un evidente instrumento.

El reproche que le cabe a Villalba hasta aquí es sólo moral, no jurídico, por lo tanto nadie puede impedirle participar. La postura de Godoy es absolutamente subjetiva y bajo ese concepto se podría medir con la misma vara su supuesta afición a frecuentar lugares de juego, o bien, haberle pedido que renunciara por mantener bajo su subordinación a un secretario que fue detenido y llevado esposado desde su propio despacho bajo la acusación de traficar estupefacientes.

Hoy, Godoy puede expresar sus desaciertos y bravuconadas porque un Gobernador como Juan Manuel Urtubey ha proclamado como la piedra basal de su Administración el libre ejercicio de los derechos y garantías constitucionales. Por lo tanto, no debe ser él, sino el Pueblo el que decida quién debe quedarse y quién debe irse. Quizás sea llegada la hora en que ese mismo Pueblo se dé cuenta de que el tiempo de Santiago Manuel Godoy ya ha finalizado.

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