Los puesteros de la feria del conurbano bonaerense habían solicitado a la justicia el sobreseimiento pero finalmente fue rechazado. ¿Investigarán también el vinculo entre talleres clandestinos y grandes marcas de ropa? La trama de esta conexión.
La Cámara Federal de Casación Penal rechazó los planteos hechos por los puesteros de la feria La Salada, en el conurbano bonaerense, que pretendían el archivo de la causa penal que se les sigue por la venta de vestimenta con marcas adulteradas.
Con la desestimación de los recursos presentados por el defensor público oficial Leandro Sevillano, el máximo tribunal penal del país dejó habilitado el juicio oral contra siete imputados que son investigados por el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional número 2 de San Martín.
Los camaristas Gustavo Hornos y Juan Carlos Gemignani declararon "inadmisibles" a los planteos porque los recursos no estaban dirigidos contra una sentencia definitiva, equiparable a tal o de "imposible reparación ulterior".
La conexión con la "grandes marcas"
Ya terminó la época en que las marcas de ropa tenían sus propios talleres en los que ejercían todo el proceso productivo, hasta llevarla a los locales de venta. Pero todavía cuentan con talleres de corte. En esta instancia, en términos laborales e impositivos, las cuentas suelen estar más o menos en orden. Pero cuando los cortes de la prenda se derivan hacia otros talleres para su confección, la producción ingresa en territorio sórdido y comienza a desentenderse del circuito legal.
Funciona así: la marca encarga los paquetes de sus telas cortadas a una empresa intermediaria y esta, a su vez, se la entrega al tallerista para que la confeccione en las máquinas de coser con su personal informal, hasta que los paquetes vuelven otra vez al depósito de la marca.
También puede suceder que algunas marcas envíen en forma directa sus cortes a los talleres clandestinos. O que marca, taller y local de venta sea del mismo propietario. En este proceso, la marca puede obtener ganancias entre el 30 y el 50% del precio de venta de la prenda.
La Feria de La Salada, el mercado de venta informal más popular de América Latina se fue gestando hace poco más de veinte años por un pequeño grupo de talleristas bolivianos que se rebelaron contra los cheques a 90 días que les entregaban las marcas a las que le confeccionaban la ropa. Hasta que uno de ellos decidió venderla en el baúl de un auto en Puente La Noria a precios populares. En pocas horas agotó el stock. Y cobraba en el momento y en efectivo, como revela el periodista Nacho Girón en su libro "La Salada".
De esta manera, si el tallerista clandestino, liberado de toda estructura impositiva o de trabajo formal, asume la venta directa de su producción, sólo tiene costos de alrededor del 20% del precio de la prenda. El resto es ganancia. Esto, por una parte, explica la diferencia de valor entre una prenda de La Salada o de un shopping, aunque sea la misma, o sea el segundo mercado donde la "Marca cheta" coloca su excedente.
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