El sabor del reencuentro

El sabor del reencuentro

En la vuelta de la Liga Quilmes se dio el gusto que buscaba: superó a Peñarol 68-64 con un segundo tiempo donde cerró bien su defensa aprovechó todos los problemas del rival. Leo Gutiérrez recibió 7 puntos de sutura en su cabeza. Gran clima en el primer clásico.

Peñarol usó como primer arma táctica el posteo de un perimetral para sacar ventajas en el poste bajo, toda vez que los internos quilmeños se iban a la pintura respetando el tiro de Gaby Fernández y Leo Gutiérrez.

Quilmes equivocó su camino ofensivo. Teniendo una teórica ventaja en el poste bajo, por personal y desgaste, apostó al envió de tres puntos errando los primeros cinco tiros. La defensa en bloque de Peñarol impedía los rompimientos y el poste bajo, por lo que Quilmes aceptó la invitación y no tuvo puntería (10-4 a los 5 minutos).

El cervecero mejoró mucho con su marca del perímetro negando el juego de pases de Peñarol mientras entendió que el negocio era ponerle la pelota sistemáticamente a Diego Romero, quien anotó, le sacó dos faltas a Gabriel Fernández y una a Leo Gutiérrez. Fernando Rivero viendo su equipo trabado pidió el primer minuto (12-11), que coincidió con la rotura del reloj de 24 segundos demorando el partido más de 15 minutos.

Para terminar el primer cuarto Adrián Boccia tuvo una ráfaga extraordinaria en el poste bajo ante Marín y Clark para anotar dos dobles seguidos (uno con falta incluida) que permitió que su equipo cerrara 17-13 arriba los primeros 10 minutos

En el nacimiento del segundo cuarto Peñarol sacó ventajas (22-14) mejorando en los dos acostados del campo. En defensa con tres recuperos seguidos y en ataque volviendo el juego de pases para salir del modo individual que venía arrastrando del primer parcial. Se mostró Konsztadt muy activo y eficaz en el segmento.

Con el ingreso de Wolkowyski como pivote en Quilmes el técnico de Peñarol tomó la decisión de arriesgar con el descanso de Leo Gutiérrez y puso a Ale Diez de pivote y Franco Giorgetti de ala pivote. La distancia establecida en 10 puntos (26-16) hablaba de la impericia que tenía el cervecero para atacar no pudiendo usar más el poste bajo. La defensa de Peñarol estuvo muy activa.

Pero una serie de recuperos en defensa de Quilmes y la aparición de Vildoza en el juego le dio al cervecero la chance de achicar rápidamente (27-23) con parcial 0-7.

De todos modos la poca virtud del cervecero para poder abrir la defensa de Peñarol con tiros (2/14 en el primer tiempo) le permitió a la defensa rival tener muy claro sus fortalezas: cerrado, control de rebote y a correr cuando se pueda. La receta de Rivero fue aplicada aprovechando los errores del rival, es cierto, pero hay que dejar en claro que la trampa fue tendida y el rival entró. Y como plus lo hizo sin Gaby Fernández que jugó solo 6:37 en el primer tiempo y tuvo que aguantar sin Leo Gutiérrez los últimos tres minutos del primer tiempo (jugó 15 min) que se tuvo que ir por un corte en la frente que recibió 7 puntos de sutura.

Aunque desilachado en ataque Peñarol (que tuvo un solo tiro por ofensiva porque careció de rebote en el cristal ajeno) fue más en el primer tiempo por su inteligente defensa y su ejecución con mucha actitud para suplir carencias de altura. Se lo llevó 39-33.

Para el segundo tiempo volvió Gabriel Fernández a la titularidad del equipo para atacar el poste bajo de Quilmes mientras Ale Diez esperaba que terminan de vendarle la cabeza a Leo Gutiérrez. Regreso Leo al campo y no obstante Quilmes con una buena defensa de Clark sobre el propio Gutiérrez frustró la ofensiva milrayitas al punto que tomó el liderazgo 44-45 después de ir perdiendo 41-33.

De todos modos la cuarta falta de Ivory Clark y la cuarta falta de Marín le reconfiguraron el equipo a Leandro Ramella, que apostó por Maciel de alero, Wolkowyski de ala pivote y Diego Romero de pivote.

Con puntos de Konsztad y Sahdi en la doble base Peñarol retomó el liderazgo 53-49 a falta de 3 minutos para el parcial. El partido crecía vertiginosamente en ritmo, un juego que no terminaba de ser agradable era intenso como todo halago.

La salida por descanso de Sahdi desarticuló otra vez el juego de pases de Peñarol que como un vaivén iba y venía en proporciones que el equipo sufría. La versión individual de Peñarol con un Leo Gutiérrez diezmado era una ventaja considerable. La defensa de Quilmes entendió muy bien de qué manera Adrián Boccia podía lastimarlo menos y logró ir despacio recortando la ventaja para ganar el parcial 20-14 para entrar el último cuarto empatado en 53.

El segmento final comenzó con más nervios que virtudes en ambas partes. Tardaron más de dos minutos y medio en convertir y la paridad se rompió con un doble de Leo Gutiérrez. Rivero probó con Boccia de escolta y Giorgetti de alero inicialmente pero la quinta falta de Franco le alteró las posiciones. Optó rápidamente por mandarlo al campo a Gabriel Fernández para emparejar una lucha área cada vez más difícil.

Para el cierre el quinteto alto que eligió Rivero con Ale Diez y Leo Gutiérrez compartiendo la posición del 3 – 4 primero lo confundió para que Ivory Clark tome ventaja desde el perímetro y Maciel pueda ganar el individual. Fue el mejor momento de Quilmes en el partido porque con esa ráfaga se pudo despegar (56-64 a falta de 3:40) con parcial 11-0. Pero rápidamente Peñarol volvió a la vida con los posteos de Boccia para descontar la ventaja y ponerse a tiro 64-66 a falta de 1:06.

De todos modos a un final electrizante se descubrieron las pinceladas finales que terminaron definiendo el partido. Leo Gutiérrez erró el doble del empate y Quilmes hizo lo de siempre: conservar el rebote defensivo donde ganó toda la noche.

Las secuencias del cierre fueron a pura angustia. Primero Cequeira convirtió un libre de dos y luego Leo Gutiérrez tiró un triple de nueve metros con 7 segundos en el reloj porque estaba completamente solo, pero la pelota salió por poco y Quilmes volvió a proteger el rebote. Marín estiró la defensa a cuatro puntos (64-68) para dejarle a Peñarol solo 6 segundos para algún milagro, lo cual no ocurrió. 

No hubo en Peñarol un jugador que desde lo individual cambie el mapa del partido, en donde se extrañó la descomunal figura que Campazzo ejercía en esos cierres. En parte lo fue Boccia pero estuvo solo. Cuando mejor jugó el milrayitas fue cuando pudo hacerlo en conjunto. Ante la ausencia de Leiva se hizo indisimulable la carencia de altura para el rebote y el equipo optó por abandonar la búsqueda del rebote ofensivo y privilegió el rápido retroceso para facilitar el balance y que Quilmes no corra. Un dato significativo fue la falta de confianza que Rivero demostró con Fisher. Lo sacó siempre que el equipo tuvo problemas y estuvo más afuera que adentro (-8 de valoración).

En Quilmes además de la felicidad de la victoria queda mensajes positivos. No tuvo gol, pero encontró los ajustes necesarios para ganar. Ramella usó todo el segundo tiempo a Cequeira sin Vildoza y Baxley jugó los 40 minutos. Para el cierre con Maciel de alero emparejó un poco la altura de Peñarol y sobre todo encontró en jugadores de rol las respuestas claves: El triple de Maciel, otro de Ivory Clark que además metió un doble sobre la chicharra de 24 segundos que fue clave en el desarrollo. Lo de Clark se completó con una extraordinaria defensa sobre Leo Gutiérrez para frustrar al jugador más ganador de la historia de la liga. Una victoria que deja abierto el apetito de revancha el miércoles y propone una temporada cargada de emociones para el mejor clásico de la Liga.

Síntesis

Peñarol (64): Fabián Sahdi 11, Forrest Fischer 3, Adrián Boccia 22, Leo Gutiérrez 13 y Gabriel Fernández 2 (FI) Franco Giorgetti 8 (x), Luciano Massarelli 2, Alejandro Konsztadt 1, Alejandro Diez 2, Ignacio Zulberti 0. DT Fernando Rivero

Quilmes (68): Luis Cequeira 12, Walter Baxley 16, Federico Marín 5, Ivory Clark 5, Diego Romero 14(FI) Luca Vildoza 4, Maximiliano Maciel 8 (x), Tayavek Galizzi 0, Rubén Wolkowyski 3 y Jeffrey Merchant 0. DT Leandro Ramella.

Parciales: 17-13, 39-33, 53-53

Árbitros: Alejandro Chiti y Diego Rougier

Estadio Polideportivo Islas Malvinas

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