Ya no saben cómo combatir los basurales en la ciudad

Ya no saben cómo combatir los basurales en la ciudad

Confluencia, las Valentinas y Gregorio Álvarez, los barrios más sucios.

Sin ningún tipo de pudor y como si fuese una buena costumbre, muchos vecinos colaboran diariamente para convertir las esquinas de la ciudad en pequeños basurales. Aunque el camión recolector pasa todos los días por cada una de las calles y en la meseta funciona un centro de disposición final con características únicas en la región -donde se tratan estos residuos-, a los neuquinos pareciera que les queda más cómodo arrojar sus desechos en los espacios públicos que adaptarse a la norma y depositar su bolsa de residuos en los cestos ubicados en las puertas de sus casas.

Confluencia, Valentina Norte Rural, Gregorio Álvarez y Valentina Sur Urbana son, de acuerdo con un relevamiento del Municipio, las zonas más sucias: espacios que se limpian un día, al siguiente vuelven a convertirse en una montaña de mugre.

Explicaron que esto sucede porque conjugan dos problemas: la falta de conciencia de quienes viven en esos sectores y tiran todo en la vía pública sin importar las consecuencias, y las personas que suben la basura a una camioneta, recorren unos kilómetros y eligen estos puntos para deshacerse de sus cosas.

“Limpiamos un día y a la mañana siguiente tenemos mugre otra vez”, dijo Sergio Sanfilippo, secretario de Servicios Urbanos de la comuna, quien comentó que a veces detectan la infracción y que cuando se acercan para explicarle al vecino la falta “muchos te maltratan”, algunos van con camiones sin patente y otros ni se identifican. “Así se hace muy difícil combatir esto”, sentenció.

Miles de kilos

En total son 8 los puntos donde más basura se acumula, y da la casualidad que siempre se repiten los mismos. Cada uno de estos espacios junta aproximadamente 72 metros cúbicos de basura, por lo que necesitan ser atacados al menos 12 veces al año. “Vamos a cada uno de ellos una vez por mes y a veces dos o más”, dijo el funcionario. Contó que el área cuenta con 30 personas en la planta de personal, dos máquinas y un camión. “Si no tuviésemos esta situación, el personal lo podríamos poner en otros espacios, por ejemplo las plazas. Se gasta casi 1 millón de pesos al mes en erradicar estos microbasurales”, comentó Sanfilippo.

De esos puntos, uno de los más sucios es el del Arroyo Durán y la calle Río Negro, donde una reja detiene la mugre que circula por ese curso de agua. “Lo limpiamos hasta tres veces por semana y una vez al mes dragamos con una máquina”, indicó.

Consultado sobre la posibilidad de poner cajuelas en estos lugares para que la gente tire sus residuos directamente ahí, señaló que esa posibilidad ya fue desechada porque cada vez que lo hicieron los terminaron prendiendo fuego.

El secretario comentó que el vandalismo es otro de los problemas que los tienen a maltraer y que por lo general los daños se hacen sobre carteles. “Limpiamos, colocamos cartelería para mantener el espacio limpio y nos roban los carteles. Ahora estamos poniendo carteles más chicos y reciclados para ver si evitamos que nos roben”, explicó.

 

Un tema muy preocupante

Silvia Roca

Decana de la Facultad de Ciencias del Ambiente y la Salud (UNCo)

La práctica común por parte de la gente, de empresas y a veces de los estados de depositar basura (orgánica o inorgánica) en lugares que no se debería es un tema preocupante y alarmante cuando se trata de cauces de agua, plazas o esquinas de un barrio. Todo indica que las causas son variadas: la consideración del hombre como centro del planeta; una comprensión atomizada del mundo y de la vida; la estimación de la naturaleza como un bien inagotable; la identificación del “progreso” con el mero crecimiento económico y la máxima posesión de bienes, y el olvido de la presencia de otros en nuestras vidas, etc. Los alcances del modelo económico productivo basado en el uso intensivo de energía exosomática (combustibles fósiles) y el consumo de recursos naturales (suelo, masas forestales, agua, minerales) ha consolidado una forma de explotación y agotamiento de recursos naturales que no tiene precedentes y que se expresa en 3 procesos: a) agotamiento de recursos naturales, b) contaminación de ecosistemas y c) saturación de residuos de los procesos productivos y de consumo que superan la tasa de asimilación de los ecosistemas.

¿Hay posibilidades de cambiar estas prácticas? Sí. La clave es la Educación Ambiental, como herramienta político-pedagógica transformadora, que genera conciencia a partir de problematizar e interpelar a la ciudadanía y a los decisores políticos desde cómo se configura la cuestión ambiental. La tarea del educador ambiental se centra en la necesidad de replantear los viejos valores que nos han conducido a la actual crisis ambiental. Por lo tanto, la búsqueda de principios, tales como el de equidad y solidaridad, que puedan funcionar como rectores de una actitud correcta con el ambiente, es también primordial en su labor educativa.

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