Rusia y Estados Unidos firmarán un acuerdo para reducir sus arsenales nucleares el mes próximo. Así lo adelantaron ayer los cancilleres de los dos países, Serguei Lavrov y Hillary Clinton, después de una reunión en Moscú. Los funcionarios no dieron muchos detalles sobre el acuerdo, excepto que están comprometidos a enfrentar la amenaza del terrorismo nuclear en el mundo.
La firma del tratado es un paso importante en la reconstrucción de la relación entre las dos potencias, que en los últimos años, con George Bush hijo y Vladimir Putin, volvieron a enfrentarse en una escalada verbal y hasta militar, con la pelea por la construcción del escudo antimisiles norteamericano en Polonia y República Checa, dos países del ex patio trasero soviético.
"Hoy ya no son adversarios, pero tampoco amigos", sintetizó ayer Lavrov, el canciller ruso. A su lado, Clinton sonreía, diplomáticamente, aceptando esa cuota de realismo político. La secretaria de Estado estadounidense ya había intentado sin éxito convencer a su par ruso de sumarse a sus esfuerzos para frenar el programa nuclear iraní.
No sólo encontró resistencia de parte de Lavrov, sino que ese mismo día el primer ministro ruso y ex presidente, Putin, anunció que en julio próximo entrará en funcionamiento la primera central nuclear iraní, construida por ingenieros rusos. Washington le había pedido a Moscú que retrasara la apertura de la planta hasta que la República Islámica iraní permitiera la inspección de la ONU en todas sus centrales nucleares.


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