El ruido en bares porteños ya puede causar daños en la salud

El ruido en bares porteños ya puede causar daños en la salud
Según dos estudios, en más del 50% de los locales se supera el nivel que aconseja la OMS. Para los especialistas genera dolores de cabeza y trastornos digestivos. El microcentro, la zona más afectada.
No solo está en la calle. O en los grandes y resistidos recitales en estadios. No solo proviene del tránsito y el transporte público.

El ruido nocivo, el que supera los niveles permitidos, también está dentro de restaurantes y bares de la Ciudad. Y hay dos estudios diferentes que sostienen que en más del 50% el nivel es tan alto que supera los 80 decibeles, y que puede causar daño a la salud. Pese a eso, no hay políticas de control sobre el tema.

A esa conclusión llegó, por un lado, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Según Fernando del Solar Dorrego, integrante del Departamento de Ingeniería Electrónica del instituto, el fenómeno, que se conoce como el efecto cocktail party, se genera cuando una persona empieza a no entender lo que otro le dice debido a las conversaciones de las otras mesas u otros ruidos. Y para solucionarlo, levanta la voz. El fenómeno se da hoy “en bares y restoranes que tienen superficies poco absorbentes de sonido ” y los que sufren las consecuencias, según el especialista, son los clientes: “Cuando se juntan muchos comensales y comienzan a hablar, el sonido generado es poco absorbido por las paredes y el techo y queda ‘reverberando’ en el aire, confundiendo las conversaciones. En respuesta a este déficit de comunicación, los comensales suben el volumen de su voz para intentar sobrepasar el ruido de fondo pero esto genera más ruido y las mesas vecinas tienen que hacer lo mismo. Así, el proceso lleva a un caos de ruido, perturbando el bienestar de las personas”.

Desde la Asociación Civil Oír Mejor, otra entidad que hizo un estudio sobre el impacto del volumen en las personas, la presidenta Silvia Cabeza suma su punto de vista. Y asegura que las personas que se exponen a altos niveles de ruido “terminan padeciendo disfonía, dolores de cabeza y hasta problemas digestivos generados por el estrés que provoca el esfuerzo para mantener conversaciones”. Y detalla: “La contaminación auditiva se da, sobre todo, en lugares con mucha densidad de clientes”, y por los ruidos de la cocina, de aires acondicionados, ventiladores, televisores o la música que ponen estos locales. “Se tiende al efecto bola de nieve: si uno entra a un lugar ruidoso tiene que elevar su voz. Y así sucesivamente. Y es peor si además se suma el ruido de afuera, de calles o avenidas ruidosas”, agrega. Según sus estadísticas, en más de la mitad de los bares y restoranes el nivel de sonido no respeta lo que aconseja la Organización Mundial de la Salud, que establece que cualquier ruido que esté por encima de los 70 decibeles resulta molesto y puede ser nocivo.

Alejandro Badanian, arquitecto y coordinador del Area Técnica de Oír Mejor, sostiene que “para que dos personas puedan dialogar a un metro de distancia con voz normal es necesario que el nivel de fondo no supere los 65 decibeles”. Algo que, explica, no puede conseguirse cuando los locales no tienen buen aislamiento, por ejemplo. “Alzar la voz durante las comidas implica un gasto de energía mayor y acentúa el estrés”, asegura. ¿Hay una manera de controlarlo? Para del Solar Dorrego, “la única solución factible, desde lo operativo y económico, es colocar material absorbente de sonido, sobre todo en el techo”.

En la Ciudad, una de las zonas más afectadas por este efecto “cocktail” es el microcentro, donde el ruido interior es igual que el externo.

“En estos bares, como los que están hacia Rivadavia, en la zona bancaria, es difícil mantener una conversación. Lo tomamos como natural, pero para los que lo soportamos a diario resulta agotador al final del día”, se lamenta Mariana Casas, empleada de un estudio que está ubicado en Paraguay y Florida y clienta de los restoranes y cafés de la zona. “Cuando encontramos alguno lindo y aislado, por ejemplo este sobre Reconquista, es un alivio, pero a veces hasta estos lugares se saturan, sobre todo al mediodía”, suma Federico Sosa, sentado en la mesa de una sucursal de una cadena de cafeterías.

A nivel nacional existe una normativa de la ley de Higiene y Seguridad en el Trabajo, pero abarca solo a los empleados. Y en la Ciudad rige la ley 1540, que establece como límite 70 decibeles en zonas comerciales, pero se refiere a lugares externos. Desde distintas áreas del Ejecutivo porteño admiten el problema. Sin embargo, y pese a que el fenómeno aumentó con el tiempo, todavía no hay controles puertas adentro, algo que vienen reclamando los especialistas.

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