Similitudes y diferencias entre la relación que Fayad tiene con Jaque y la que tuvo con Bordón.
¿Se repetirá la misma historia? Nada, salvo los gestos, parece indicarlo. Es otro tiempo.
En aquel entonces Bordón era un gobernador muy popular y Fayad casi la única carta que le quedó al radicalismo en Mendoza después de la derrota provincial de 1987.
El Viti había ganado la intendencia por muy pocos puntos y a fin de salvar su partido le urgía construir una alternativa política más allá de Capital, para lo cual era preciso tener buenas relaciones con el peronismo provincial a fin de que éste no lo arrasara por la diferencia descomunal de fuerzas.
El Pilo necesitaba mostrarse como un peronista modernizador y por eso miraba con más simpatía el experimento alfonsinista que a las estructuras tradicionales del PJ; el único referente que tenía en Mendoza de ese nuevo radicalismo era Fayad.
Se acercaron, además, porque tenían objetivos que no se superponían: Fayad estaba interesado en gobernar la provincia y Bordón en gobernar la nación. Ninguno de los dos logró lo que pretendía, pero sí lograron algo que los excedió personalmente: Bordón, con ese estilo dialoguista, abrió la puerta a su partido para que gobernara la provincia por doce años seguidos. Fayad, al salvar la Capital del "aluvión" peronista, permitió que sus sucesores construyeran allí la estructura desde la cual Iglesias primero y luego Cobos recuperarían Mendoza para la UCR.
Así, la provincia no premió a ambos líderes con lo que ellos esperaban para sí, pero les permitió renovar profundamente a sus dos partidos a partir del empujón inicial que ambos gestaron, no a través del enfrentamiento político sino de la colaboración mutua.
Hoy la situación es distinta: Jaque no es popular en la provincia, por lo que está intentando recuperar los afectos perdidos que le permitieron llegar a la gobernación.
Mientras, Fayad sigue siendo popular en la Capital, pero ahora no está solo sino que el radicalismo tiene líderes a lo largo y a lo ancho de la provincia que aspiran a la gobernación.
Esa gobernación a la cual Fayad, mientras siga en política, jamás renunciará -diga lo que diga- porque bajo esa aspiración personal construyó la indestructibilidad del resistente "Álamo" radical capitalino y bajo ella volvió a retomar su conducción. Quizá llegue o no llegue, pero más allá de su concreción el Viti seguirá teniendo tal sueño como su utopía, porque se trata de su más profunda motivación política. Tan profunda que a veces ni siquiera se la quiere confesar a sí mismo, para ver si puede olvidarla, pero no puede, ni podrá nunca.
Por otro lado, Bordón y Fayad se apoyaron para modernizar sus partidos, mientras que Jaque y Fayad se apoyan para neutralizar el peligro de Julio Cobos, el enemigo común. Jaque no toleró a Cobos ni cuando se alió con Kirchner y Fayad no lo toleró ni cuando rompió con Kirchner. Ambos se sienten defensores de sus partidos frente al gran hereje que diluye identidades.
Es que en los ‘80 se trataba de reformar a los partidos junto a una opinión pública que aplaudía esas renovaciones, mientras que ahora se trata de sostener en pie a partidos ya consolidados, pero frente a una opinión pública que los considera gastados. Ante ese dilema, Fayad y Jaque están más ocupados en sostener las estructuras existentes, mientras que Cobos intenta expresar las aspiraciones críticas de la gente ante esos partidos.
Todos ellos, por supuesto, tienen aspiraciones personales, por lo que algunos ganarán y otros perderán. Pero lo más seguro es que Mendoza tomará, como siempre hace, lo mejor de ambas posiciones, haciendo gala de ese conservadurismo progresista (por el cual los hombres pasan y las instituciones quedan) que es nuestra marca de identidad en el país.


Comentá la nota