Fernando Mohedano y Esteban López asomaron en el básquet piquense cuando eran muy jóvenes, en aquellos equipos de Independiente ingresaban como juveniles y solían tener pocos minutos en cancha dentro de la Liga Nacional, pero igualmente comenzaban a asomar como jugadores importantes dentro del básquet piquense.
Allí fue donde pesó la experiencia de éstos dos valores, porque al momento en que el partido comenzaba a complicarse para los dirigidos por Pablo Wendebourg, supieron ponerse el equipo al hombro y no le tembló el pulso a la hora de buscar lanzamientos en instantes calientes del partido.
El clásico fue un juego de rachas, al principio con un goleo muy bajo y después se hizo sumamente intenso, con alternativas cambiantes, con defensas que pasaban de la zona a personal y también combinadas. En ese marco, el que se adaptaba mejor a cada situación tenía su momento de gloria dentro del juego.
La primera mitad fue íntegramente favorable a los dueños de casa, sobre todo porque encontraron algunos lanzamientos externos y supieron hacerse dueños de los rebotes y fundamentalmente porque no dejó que Pico F. Ball pudiera correr los contraataques, una de sus principales armas ofensivas.
El primer cuarto terminó 20 a 9, una clara diferencia para los locales, que se fue ampliando en el segundo parcial se estiró hasta los 14 puntos (23-9) y en ese rango se mantuvo casi hasta el final del primer tiempo, que arrojó un resultado contundente para los anfitriones. El tablero del Gigante de la Avenida marcó en ese momento que Independiente ganaba 39 y 27.
Todo cambió en el tercer cuarto. El Decano salió a presionar en toda la cancha y el Rojo se confundió. Los lanzamientos externos dejaron de ser una consecuencia del juego interior y pasaron a ser un recurso poco efectivo. Muchas penetraciones terminaban en lanzamientos fallidos o pelotas perdidas. Con Fernando Baudracco como abanderado, los conducidos técnicamente anoche por Christian Caballero (Marcelo Germanetto estuvo ausente por un problema familiar) recortaron la distancia hasta empatar el partido en 46, luego de dos simples convertidos por Ivo Andreoni. En esos momentos, la visita tuvo un par de oportunidades para pasar al frente, pero en sendas ofensivas optaron por lanzamientos de tres puntos que se no ingresaron, lo que le permitió a Independiente entrar al último segmento con una ventaja mínima (52-51).
Cuando todo parecía encaminado en favor de Pico aparecieron los “viejitos piolas” de Independiente. En ellos descansó la pelota durante las ofensivas, fueron quienes tuvieron sabiduría para elegir la mejor opción…, pensaron e hicieron uso del sentido común, mientras su rival chocaba una y otra vez contra una defensa que se hizo cada vez más sólida, por aciertos propios y errores del oponente.
El partido se definió bastante tiempo antes que sonara la “chicharra” marcando el final (fue 80 a 70), porque el “albinegro” -que venía puntero e invicto con dos partidos jugados- se transformó en un puñado de voluntades sin claridad, con jugadores que fueron devorados por los nervios ante cada falla en ofensiva o cada desatención en defensa. Al final fueron todos arrestos y hubo un justo ganador, el equipo que hizo mejor las cosas de la mano de sus mayores, que hicieron valer toda su experiencia.
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