Por roces con Merkel, tambalea la coalición de gobierno en Alemania

El vice va en contra de la política social de la Canciller. Y ésta ya mira a los Verdes para gobernar.
A Angela Merkel empiezan a molestarle sus socios liberales. Tras sólo tres meses de gobierno de coalición después de la victoria sin mayoría absoluta de su partido, la CDU, en las últimas elecciones legislativas alemanas, el pacto de gobierno que parecía abrir una nueva etapa en la política germana tras la "gran coalición" de la última legislatura, empieza a hacer agua.

Los problemas se deben a la figura de Guido Westerwelle, vice jefe de gobierno, ministro de Exteriores y líder del partido liberal, que lleva semanas pidiendo recortes en políticas sociales que Merkel no parece aceptar.

Las relaciones no fueron ideales desde el principio, pero como socios leales, democristianos de Merkel y liberales de Westerwelle respetaban sus respectivas parcelas. En las últimas décadas los gobiernos de coalición entre democristianos y liberales fueron los más comunes en Alemania y durante la campaña electoral ambos partidos se consideraron "socios naturales".

El enfrentamiento se agravó tras la decisión de la Corte Constitucional alemana de obligar al gobierno a mejorar las ayudas sociales a los desempleados de larga duración y a quienes reciben asistencia social, sobre todo si tienen hijos. Para los liberales, eso podría hacer que un pensionista llegara a ganar más que un trabajador modesto, algo absolutamente opuesto a su ideario.

Westerwelle atacó: "quien promete al pueblo un buen nivel de vida sin esfuerzo prepara la decadencia romana", sin explicar si se refería al Imperio Romano a la decadente corte berlusconiana. Para Westerwelle, la decisión de la Corte Constitucional tiene "acentos socialistas" y dijo que pagar pensiones debería considerarse "decadente".

Merkel respondió con su flema habitual diciendo que su partido sigue políticas de centro, una referencia a que Westerwelle tiene en su electorado principalmente a los alemanes más pudientes.

Pero en las sombras, Merkel parece estar ya actuando. Según el diario Die Welt, la dirigente alemana estaría sondeando el interés de los Verdes por entrar en su gobierno y sacarse así de encima a los liberales de Westerwelle. Una coalición inédita todavía en Alemania y que comprometería a Merkel a cerrar centrales nucleares -ya ha prometido el cierre de 7 de los 17 reactores-, algo que los Verdes consideran no negociable.

La posibilidad de un pacto entre democristianos y ecologistas podría probarse en el "lander" alemán más poblado, Renania del Norte-Westfalia, que debe ir a las urnas en mayo y donde los sondeos avalan esta coalición, que pondría fin al actual gobierno democristiano-liberal.

Los liberales tocaron poder tras recibir en septiembre el 14,6% de los votos, pero ya sólo llegan al 10% en los sondeos. Westerwelle además intenta estar en todas las decisiones, inmiscuyéndose en política exterior a pesar de ser canciller. Mientras, los sondeos aseguran que la mayoría de los alemanes no entienden por qué en tiempos en que el Estado recauda menos habría que bajar impuestos.

Merkel prometió al formar gobierno que se bajarían los impuestos si era posible y debe considerar que no lo es porque no ha hecho ningún movimiento al respecto, como tampoco a puesto en marcha la reforma de la seguridad social que exigen sus socios de gobierno.

Pero Westerwelle sigue a lo suyo: menos impuestos para clases altas y medias, menos regulación protectora del clima, más libertad para los negocios -y para los despidos- y recortes en la política social. Merkel se está hartando y ya mira a los ecologistas. O, como decía el fin de semana el semanario Der Spiegel, para Merkel, "verde es la esperanza".

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