Por: Hernán de Goñi.El Mercosur aún se debe una mayor sinceridad. No es un reclamo que pueda ser dirigido a un país en particular, sino a todos los socios del bloque.
Está claro que ninguno de los integrantes de este mercado resignará autonomía para fijar políticas en función de sus propios intereses. La madurez que demanda un proceso de integración forma parte del histórico lote de asignaturas pendientes. Todavía estamos lejos de Europa, donde una autoridad común tiene poder para aprobar los presupuestos públicos de cada país.
Sin embargo, no hace falta demasiada ciencia para advertir que una sociedad, ya sea en una empresa o en una comunidad de naciones, no tiene destino si sus miembros se someten a la falta de diálogo.
Brasil le reprocha a la Argentina no cumplir sus compromisos. Percibe que los 60 días en los que deberían resolverse las importaciones se vuelven inciertos por la burocracia aduanera. La Argentina siente que le pusieron un cepo sin avisar, comprometiendo al principal rubro de comercio bilateral. Si ambos gobiernos logran sobrellevar sus recelos y poner el futuro por delante de la desconfianza, el Mercosur habrá cumplido 20 años con una deuda menos en su haber
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