Pueden sufragar unos 300 internos del Penal, pero por falta del documento sólo lo harían 11. Es la segunda vez que se pone en práctica.
Para que los presos sin condena puedan sufragar (es optativo), como cualquier ciudadano, deberán presentar su DNI y pese a que se han hecho en el Penal varias campañas para documentarlos, muchos le escapan a este trámite y no se sabe a ciencia cierta si querrán acudir a las urnas con el DNI que posiblemente esconda algún familiar, según dijo Quinzano. Uno de los psicólogos del Servicio Penitenciario, Santiago Salinas, explicó que influyen dos factores en los internos: el desconocimiento del valor fundamental del DNI como instrumento civil y la intención de gozar de cierto anonimato que no los evidencie en sus andanzas.
El operativo cárcel consiste en el establecimiento de mesas -en 2007 fueron 2- para que voten los que aparezcan con el documento. A cada uno le llega con unos días de anticipación un sobre con la oferta electoral de su distrito, ya que votan lo que se elige en el lugar que figura como último domicilio en el DNI. Los presos, al igual que los argentinos en el exterior, votan con boleta única, donde figuran sólo los partidos y los cargos en juego. Los docentes que prestan servicios en el Penal actúan como presidentes de mesa.
La primera vez que los presos votaron fue en las elecciones de octubre de 2007, cuando se eligió en San Juan presidente y tres diputados nacionales. En esa oportunidad, votaron unas 60 personas de unas 200 habilitadas. Según la información oficial, el padrón Especial para Procesados del país habilita a casi 32.000 presos sin condena firme a votar en junio, de ellos, 4.959 federales.

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