Allí se constituyó la primera unidad, de la provincia y del país, para el estudio y tratamiento de la patología fibrosa asociada a IgG4, de baja incidencia aunque subdiagnosticada. Un verdadero desafío.
Lo alentador es que “una característica de esta enfermedad es su buena respuesta al tratamiento, pero la demora en hacer el diagnóstico podría llevar a cirugías innecesarias y secuelas permanentes”, agregaron los reumatólogos. Muy pocos casos detectados
—Doctor Paira, ¿qué prevalencia tiene esta enfermedad en la provincia o, al menos, entre las consultas que se realizan en el hospital Cullen?
—La enfermedad relacionada con IgG4 (ER-4) tiende a afectar más a varones que a mujeres y sobre todo de mediana edad en adelante. A pesar de que la misma ha aparecido de manera relativamente reciente en el repertorio diagnóstico, sigue siendo aún poco reconocida por los médicos. Y continuó: “Por todo esto, la epidemiología de la ER-IgG4, es menos conocida. Algunos autores han estimado que la incidencia de la pancreatitis relacionada con esta enfermedad es de 0,28-1,08/100.000 personas. Sin embargo, esta cifra no tiene en cuenta los casos sin diagnosticar (subdiagnóstico) y el compromiso de la enfermedad en otros órganos además del páncreas. Por lo tanto, las verdaderas incidencia y prevalencia podrían llegar a ser mayores”. —¿Cuáles son las formas para el diagnóstico y tratamiento precoces, para los cuales debería estar advertido el médico clínico, de cabecera o general, ya que los síntomas son diversos y pueden asociarse a otra enfermedad?
—Establecer el diagnóstico es un verdadero desafío médico, dadas las distintas manifestaciones clínicas de presentación. Además, la misma debe ser siempre confirmada mediante una biopsia del tejido o tejidos afectados. Esta evaluación histológica es muy importante para poder diferenciar esta entidad de otras patologías. “La presentación de los pacientes con esta enfermedad es variable y generalmente debido al mal funcionamiento del órgano afectado, al dolor o a la inflamación del mismo. Algunos casos no presentan síntomas y se hallan por casualidad cuando revisamos al paciente o por algún estudio realizado, generalmente por otras razones. En la actualidad, existe una demora de diagnóstico de cuatro años. Esto es lo que intentamos revertir, mediante la información, para llegar mucho antes al diagnóstico”, se explayó. —¿En qué consiste el tratamiento?
—La estrategia óptima de abordaje no ha sido aún esclarecida, pero recientes estudios han mostrado y sugerido dos grandes alternativas: el uso de glucocorticoides y rituximab (un anticuerpo usado en algunos tipos de tumores). Otros, inmunosupresores tales como azatioprina o micofenolato mofetil, aunque han sido menos exitosos. La importancia de informar
—¿Cuál es la experiencia y el trabajo que usted y su equipo llevan adelante vinculada al estudio, abordaje y divulgación de esta enfermedad?
—Estamos reconociendo, con la ayuda de las demás especialidades médicas, más paciente que tiempo atrás. En la mayoría de los casos, el diagnóstico hoy es más temprano, por lo tanto el pronóstico de los mismos es mejor. “Junto a esto estamos organizando una reunión local para hablar sobre esta enfermedad en septiembre de 2014, donde participarán todas las especialidades que están comprometidas en la afectación de la enfermedad. Además, estamos trabajando con un grupo recientemente formado para el estudio de esta enfermedad en la Sociedad Argentina de Reumatología, en la formación de un grupo latinoamericano y realizando una página web sobre la misma”, anticipó Paira a los interesados en participar.

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