Retrato en sepia

Una nueva declaración en la llamada causa CNU da certezas sobre la época más oscura de la historia nacional. Nuevos nombres aparecen vinculados a los sectores de poder del gobierno de Isabel Perón en el ‘75, y desde la Universidad de Mar del Plata, las sombras del pasado resucitan legajos.
La instrucción es conocida con el nombre popular de “causa CNU”, e implica nombres efectivamente muy relevantes de la ciudad. La lleva adelante el juez federal Rodolfo Pradas, y en realidad se investiga en ella un delito de acción pública, en relación con las posibles intervenciones ilegales de la agrupación derechista, antes y después de la muerte de su líder, Ernesto Piantoni.

La leyenda urbana dijo siempre que el sepelio de Piantoni había sido profético, que allí -según algunos- se había elevado la voz para decir “cinco por uno no va a quedar ninguno”, con puños en alto y pedidos de venganza. Y que otros elevaron la frase al “cien por uno”, lo cual adelantaría los asesinatos que comenzaron al día siguiente.

Lo cierto es que declaró ante el fiscal Claudio Kishimoto, titular de la Fiscalía Federal Nº 2 de esta ciudad, Juan Carlos Suarías, un personaje de la época apodado “El hipito”, que expuso todas las fotos que alojaba en su memoria. O al menos eso dijo. Entre otros datos de su evocación desordenada afirmó que en el sepelio de Piantoni solamente se había vivido un clima de profundo pesar, pero en ningún momento de venganza. O al menos que él no lo había visto.

Sin embargo, la declaración es precisa en los datos. Indica: “el único mandato que se le conoció (en referencia a la CNU- Concentración Nacional Universitaria-) fue el de Piantoni. Y que después de ese momento quedó muy desarmada”. Se insistió entonces en preguntarle acerca de su asistencia a reuniones de esa agrupación, pero hábilmente Suarías indicó que él no acudía a reuniones de la CNU, sino a reuniones de amigos donde había personas que pertenecían a la CNU, que no es lo mismo. Dijo que siempre había conversaciones políticas abiertas, que nadie quedaba excluido de las charlas, que no se hablaba aparte de nadie, y preguntado sobre si había mujeres, dijo que sí, pero que “ellas hablaban de sus cosas”. Se refiere específicamente con estas palabras a las reuniones que se llevaban a cabo en las casas de José Luis Coronel o de Roberto Granel.

En cuanto a las funciones que llevó a cabo el declarante en el rectorado de la Universidad durante los años ‘74 y ‘75, afirma que comenzó allí como personal de maestranza, pero luego fue afectado a tareas de seguridad. Durante ese tiempo afirma que recibía órdenes directamente de los abogados Jorge Aguilera y Eduardo Cincotta, aunque también estaban allí Rafael Segura y Carlos González.

Suarías identificó a quiénes eran las otras personas que, dentro de su conocimiento, formaban las filas de la CNU: “Durquet, Delgado, Carlos González, Piatti, Viglizzo, los hermanos Asaro, Piantoni y Dalmaso”. No había nombrado a Gustavo Demarchi, a quien algunos esperaban ver mencionado en la causa como posible jefe sucesor de Piantoni en la línea de mando de la CNU. “No me consta que perteneciera“, dijo. “Él se autorreferenciaba como del CNU, pero no me consta”. Dijo que Demarchi decía que tenía contactos que compartía con Piantoni, pero nada más. Eso sí, imponía presencia.

Los prontuarios

¿Quién es Alberto Dalmaso? Una de las personas más nombradas en la declaración, que aparece también en la testimonial de una de las víctimas del terrorismo de Estado, Mirta Clara de Sala.

Mirta Clara de Sala explicó que estuvo presa desde el 10 de octubre de 1975 hasta el 9 de noviembre de 1983, y que prestó declaración en la CONADEP, en el Juicio a los ex comandantes, en el Juicio Por la Verdad en el Chaco, en la Procuración Fiscal de la Nación, en el jury a los dos fiscales del Chaco y en el jury a los camaristas del Chaco.

Respecto de aquel primer allanamiento a la casa de su padre, dijo que dos de los participantes pudieron haber sido Fernando Delgado y Alberto Dalmaso. La misma casa fue allanada nuevamente en septiembre de 1976; en ese momento su padre, que era médico clínico y jefe de Hemoterapia de Zona Sanitaria VIII, había sido extorsionado por oponerse a la venta de sangre.

Los hechos fueron así. El 16 de abril de 1975 ella se encontraba junto a su pequeña hija en la casa de su padre, el Dr. Clara, sita en las calles Libertad y 14 de Julio de esta ciudad, cuando a las 8.30, aproximadamente, comenzó a sentir ruidos. Rápidamente entraron al domicilio cuatro hombres jóvenes que preguntaban por Ricardo Sala y Hugo Kein.

Ella supuso que buscaban a Néstor Sala, su esposo, y a Víctor Hugo Kein, amigo y compañero de militancia de Sala en una agrupación peronista de la Facultad de Arquitectura de La Plata. En su momento no reconoció a ninguno de los asaltantes. Recordó sí que los cuatro estaban de civil, muy bien vestidos, y que el que la interrogaba portaba armas largas. Le preguntaba acerca de armas y volantes. Finalmente se retiraron, llevándose una botella de cognac francés que un paciente le había regalado a su padre. Les ordenaron que no avisaran a la policía. El teléfono, de todas maneras, se encontraba sin tono, porque había sido cortado desde ENTEL.

Esos hombres se habían identificado como pertenecientes al Ministerio de Defensa, aunque Mirta no alcanzó a leer los nombres en las credenciales que mostraron. La persona que limpiaba en la casa vio que en la vereda había un Peugeot amarillo con otro hombre en su interior.

En seguida fue allanado el domicilio de los suegros en Berazategui, aunque este operativo fue realizado por uniformados que portaban armas largas con silenciadores. Entre los intervinientes hubo un hombre por cuya descripción, su marido supuso en ese momento que podía tratarse de Pablo Piechoqui, quien actualmente se desempeña como abogado de una ONG de víctimas de accidentes de tránsito.

Después, la casa de su padre fue allanada por segunda vez, y en esta oportunidad entraron dos hombres, uno de ellos de pelo negro, bigotes y muy violento. Por la descripción, ella supuso que pudo tratarse de Juan Carlos Gómez, el asesino de Silvia Filler. Ante preguntas que se le hicieron acerca de su relato, la testimoniante dio más detalles. Respecto del primer allanamiento a la casa de su padre, dijo que dos de los participantes pudieron haber sido Fernando Delgado y Alberto Dalmaso.

Lo que queda

En la causa del CNU ya había declarado Mirta Masid, que también había negado que fuera Demarchi el sucesor de la línea de mando de la CNU. De hecho, el testimonio viene a confirmarse con la información dada por Suarías. Aparece ahora en todo su esplendor el nombre de Jorge Aguilera, y el verdadero peso que tuvo en la dirección de las acciones de la política universitaria local, y el de Alberto Dalmaso, alias “el brujito”, que fue procesado y exculpado por el homicidio de Silvia Filler, y terminó integrando del gabinete en tiempos de José López Rega.

Según Suarías, se trataba nada más que de un grupo de estudiantes que hacían política dentro de la universidad: así define él a la CNU. Y asegura que, por más que se haya ocupado de la seguridad del rectorado, y pasado después la oficina de personal de la institución, no vio nunca armas, ni vio armados a quienes tuvieron a su cargo la gestión de la Universidad en ese tiempo: los abogados del sindicalismo peronista, como él mismo los nombra.

Eran los representantes de la ortodoxia, los que se oponían férreamente a la tendencia. Los que –a su criterio- no integraron las filas de la organización derechista y católica se subrayaron con todas las letras. Suarías, que negó -luego de haber prestado juramento- su condición de “arrepentido”, e incluso el haber prestado su palabra a un periodista para que con ella se construyera el libro “El hombre del camión”, ahora ponía el sello de verdad al dejar asomar a la luz y más fotos en sepia de la época que a él le constan . Dijo que no formaban parte de la CNU ni Cincotta, ni Corres, ni Ullúa. Ni Marcelo ni Beatriz Arenaza, ni Nicolás Caffarello, ni Granel. Ni Coronel, ni Nicoleta, ni Jorge De la Canale, ni Olivera. “Aguilera tampoco”, dijo al final. Como si cerrara un álbum.

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