A la par de una mayor demanda en las investigaciones, las pericias científicas ganan terreno en los procesos judiciales. El universo de la práctica forense más allá de las series de televisión
Los cuerpos hablan, el problema es entender lo que dicen”, ironiza en una de sus historias el mítico detective Pepe Carvalho y lo mismo podría aplicarse a cualquier escena criminal. Aunque siempre queda en ellas algún rastro de su autor, interpretarlo correctamente constituye para los investigadores un reto difícil que los lleva a apoyarse cada vez más en la ciencia forense. De la mano de esta necesidad, las pericias científicas han venido ganando terreno en los procesos judiciales en medio de un fenómeno que ubica a La Plata en un lugar central. Sede de la Dirección General de Asesorías Periciales de la Suprema Corte, La Plata no sólo es centro de referencia para la formación en diversas disciplinas forenses sino que además interviene de algún modo en la gran mayoría de las causas que requieren pericias a nivel provincial. Y es que si bien existen asesorías en cada uno de los departamentos judiciales de la Provincia, los estudios más específicos se derivan generalmente a nuestra ciudad. Con un promedio de 100 mil intervenciones al año, los peritos de la Provincia reciben semana tras semana cientos de pruebas para analizar, la mitad de cuales provienen del fuero penal Es así que en la Dirección de Asesorías, un enorme edificio de los años 50 ubicado junto al Hipódromo, además de médicos forenses, psiquiatras contadores, ingenieros mecánicos y calígrafos (las especialidades presentes en todos los distritos) trabajan genetistas, toxicólogos, patólogos, peritos en balística y planimetría, fonoaudiólogos, neurólogos, expertos en procesamiento y digitalización de imágenes, radiólogos, odontólogos y hasta especialistas en reconocimiento de voz. Con un promedio de 100 mil intervenciones al año, los peritos forenses de la Provincia reciben semana tras semana cientos de pruebas para analizar, la mitad de cuales corresponden al fuero penal. Puede tratarse de un rastro de semen, un pedazo de bala, un cabello, un libro contable, una grabación telefónica o un tejido corporal... su trabajo es en cualquier caso hacer que esas pruebas hablen y digan que ocurrió. Y aunque no siempre lo consiguen, lo cierto es que su mera intervención basta para minimizar el margen de error o discrecionalidad de todo proceso judicial. TRAS UN “PLEXO PROBATORIO” Acaso por la gran popularidad que tiene algunas series televisivas basadas en el mundo forense (como CSI) se tiende a creer que una pericia alcanza de por sí para esclarecer toda una investigación. En la práctica, sin embargo -cuenta el doctor Gustavo Capelli, el director general de Asesorías Periciales-, rara vez ocurre algo así. “Es muy difícil que una sola prueba llegue a condenar a una persona porque en realidad lo que se busca no es una prueba determinante sino un plexo probatorio. El objetivo es analizar un objeto o un sujeto desde diversos disciplinas para tratar de reconstruir lo que ocurrió. Es por eso que muchas veces médicos forenses, toxicólogos, psiquiatras, patólogos y peritos de otras áreas trabajan en un mismo caso a la par”, explica Cappelli. Justamente la naturaleza multi disciplinaria del trabajo, tanto como el surgimiento de nuevas demandas, ha llevado que a lo largo de los años el espectro de especialidades forenses sea cada vez mayor. Donde antes había médicos forenses en general, hoy se encuentran ginecólogos forenses, traumatólogos forenses, neurólogos forenses...; el laboratorio de Procesamiento de Imágenes posee ahora un área especializada en vídeo; y el surgimiento de causas ambientales ha llevado a que se incorporara al Laboratorio de Toxicología a especialistas en contaminación de suelo y aire, entre otras especialidades que permiten cubrir un mayor rango pericial. Pero por más diversas que sean las pericias disponibles, para que éstas contribuyan a reconstruir un crimen hace falta una buena hipótesis de partida, explica la doctora Mercedes Lojo, jefa del Laboratorio de Análisis Comparativo de ADN. “En el escenario de un crimen se encuentran un montón de rastros, pero no todos son conducentes; de hecho la mayoría no lo son -dice-. Por eso es tan importante que haya primero una hipótesis de lo que pudo haber ocurrido para saber por dónde buscar”. RASTROS GENETICOS Aunque el Laboratorio de ADN también interviene en causas del fuero Civil relacionadas a temas de filiación (como es el caso de una determinación de paternidad), gran parte de su trabajo se vuelca a la investigación criminal. Su aporte, que en la última década ha contribuido a esclarecer una enorme cantidad de causas, parte en todos casos de un rastro biológico: una mancha de sangre en una alfombra, una colilla hallada en la escena de un crimen, restos de semen en el cuerpo de una víctima de violación. Mientras que hace una década, la mayoría de sus intervenciones estaba relacionada a delitos violentos con rastros evidentes (violaciones y homicidios), el avance en la tecnología disponible para este tipo de estudio ha permitido que hoy tenga un mayor campo de acción. “El hecho de que los equipos tengan más sensibilidad nos ha permitido incorporar pericias por ADN de toque (el estudio de células de la piel que quedan en los objetos) por lo cual se ha sumado otro tipo de delitos que antes no se veía: el robo no violento. como suele ser el robo automotor”, explica la doctora Lojo. Lo cierto es que pese a la altísima capacidad identificatoria de los perfiles genéticos que pueden obtenerse en el Laboratorio de ADN, los rastros analizados no necesariamente permiten identificar al ladrón, homicida o violador que está detrás. Como reconoce la doctora Lojo, “el valor clave del rastro biológico no surge de lo que hacemos nosotros, sino de la posibilidad de vincularlo con el autor del hecho; lo cual depende hoy de que existan sospechosos con quienes cotejarlos”. Es así que parte de los perfiles genéticos que se obtienen en el proceso de investigación de delitos de autor ignorado no llegan a ofrecer todavía mayor utilidad. Para aprovechar todas sus ventajas como herramientas de justicia se necesita contar con otra herramienta complementaria que la Suprema Corte está en proceso de poner en funcionamiento: un banco de datos genéticos que permita contrastar las pruebas levantadas con perfiles preexistentes a fin de dar con el posible autor. TOXICOLOGIA Y QUIMICA LEGAL Otro de los laboratorios forenses que concentran en La Plata buena parte de la demanda de pericias judiciales de toda la Provincia es el de Toxicología y Química Legal. Su trabajo consiste en analizar la presencia de tóxicos en distintos tipos de muestras biológicas y no biológicas, ya sea post mortem o en personas vivas implicadas en diversas causas, en su gran mayoría del fuero Penal. Averiguaciones de causa de muerte, homicidios, suicidios, accidentes culposos, lesiones y daños por contaminación ambiental... por el Laboratorio de Toxicología pasan cada año unas 3 mil causas que requieren una cantidad de análisis varias veces mayor. “Como somos los únicos de la Provincia que analizamos vísceras recibimos pedidos de todos los departamentos judiciales -cuenta la doctora Valentina Garrote, su responsable-. Si hay un caso más o menos relevante lo mas probable es que pase por acá”. El grueso del trabajo de Laboratorio consiste en estudiar la presencia de drogas de abuso: cocaína, marihuana y alcohol, pero también psicofármacos. Y lo hace por medio del análisis de diversas matrices: sangre, orina, vísceras, incluso pelos que permiten conocer no sólo cómo murió una persona sino también si alguien involucrado en un hecho se encontraba o no en estado de intoxicación. Después de haber realizado miles de pericias a lo largo de los 16 años que lleva en el Laboratorio de Toxicología, el doctor Daniel Mirson, uno de los peritos toxicólogos más reconocidos del país, cuenta que el mayor orgullo de su trabajo está para él en el hallazgo antes que en la relevancia de la causa en la que le toca intervenir. “Dar con eso que nadie esperaba encontrar y cambia el curso de la investigación es lo que mas satisfacción te da”. DE LA MORGUE AL LABORATORIO Aunque las series policiales suelen tener a la morgue como un escenario central, en la práctica forense no es allí de donde llega a determinarse generalmente la causa de muerte de una persona sino en ámbito con un efecto dramático mucho menor: los laboratorios de anatomía patológica. “El médico forense que realiza la autopsia hace un diagnóstico presuntivo de la causa de muerte en función de lo que observa a simple vista y a partir de eso extrae un conjunto de muestras representativas para confirmar su presunción; pero es el análisis patológico el que termina determinando lo que pasó”, explica la doctora Irene De Amezola, jefa del Laboratorio de Anátomo Patología de la Asesoría Pericial. Heridas de armas de fuego, golpes, ahogamientos, electrocución, pero también enfermedades inadvertidas con desenlace fatal... la enorme diversidad de causales de muerte obliga a los anatomopatólogos a trabajar con una amplia variedad de muestras de tejidos que deben analizar a la luz del microscopio para determinar si corresponden a una lesión vital. Como el resto de sus colegas de los diversos laboratorios y secciones que conforman la Asesoría Pericial, los peritos patólogos realizan muchas veces aportes clave para que los jueces puedan dictar sentencia; sin embargo rara vez llegan a enterarse si su trabajo sirvió.
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