Resistencias políticas y económicas acechan el ambicioso proyecto reformador de Peña Nieto

Enrique Peña Nieto inició su gobierno en México anunciando 13 acciones de un plan que prioriza restablecer la paz y combatir la pobreza, bien recibidas por la prensa y los analistas, que alertan, sin embargo, que afrontará resistencias en su propio partido y la debilidad fiscal.
La unanimidad de las primeras planas de la prensa mexicana de ayer fueron los cinco ejes de gobierno y esas 13 acciones anunciadas por Peña Nieto, un abogado de 46 años que devolvió al Partido Revolucionario Institucional (PRI) la presidencia de México tras perder en 2000, luego de haber gobernado 71 años el país.

El restablecimiento de la paz ante la ola de violencia ligada al narcotráfico, que dejó más de 60.000 muertos en el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), fue la más destacada por los diarios. Milenio resumió el mensaje presidencial en uno de sus títulos: "Primera tarea: México en paz".

La Jornada, diario de izquierda habitualmente crítico del PRI, escribió en su editorial que el nuevo presidente "asumió compromisos formidables cuyo cumplimiento será seguido muy de cerca por un país agravado por la violencia" y "exasperado por la persistencia del modelo económico neoliberal".

En su primer mensaje, sin nombrar directamente el narcotráfico, Peña Nieto anunció que dará rostro humano a la política de seguridad, priorizando la tranquilidad del ciudadano y los derechos de las víctimas, aunque sin dejar en claro si continuará el polémico despliegue militar lanzado por Calderón.

Las tres primeras decisiones de Peña Nieto en este campo son un programa de prevención del delito, una ley de apoyo a las víctimas y una reforma penal.

Luego anunció otras tres iniciativas que apuntan a combatir la pobreza: una "cruzada contra el hambre" que estará lista en 60 días, un seguro para las madres cabeza de familia y pensión universal a los mayores de 65 años.

"Reconozco la buena intención de estas acciones, pero nos dijeron el qué, pero no el cómo. Faltó decirnos de dónde van a sacar el dinero, porque el Estado no lo tiene y esperemos que no estén pensando en un mayor endeudamiento", comentó Raymundo Tenorio, director de la carrera de negocios de la universidad privada Tecnológico de Monterrey.

Para Tenorio, era necesaria una "acción 14" consistente en una profunda reforma fiscal. "Sin reforma fiscal no hay dinero, y todas las promesas que escuchamos implican un enorme gasto", añadió.

El sector empresarial, a través de su Centro de Estudios Económicos, alertó en su informe semanal que "se requieren poco más de seis puntos (de crecimiento) del PBI para cumplir los compromisos de la nueva administración".

En el terreno político, el delicado equilibrio de fuerzas en las cámaras de senadores y diputados, donde el PRI tiene mayoría simple, podría complicar el programa del nuevo gobierno, si bien ayer se anunció el inédito acuerdo denominado "Pacto por México" entre las tres principales fuerzas políticas.

El documento fue firmado por Peña Nieto y por los líderes del PRI, Cristina Díaz; del Partido Acción Nacional (PAN), Gustavo Madero, y del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano.

De todas formas, los líderes del PAN y del PRD advirtieron que su adhesión al pacto no los alejará de la crítica al nuevo gobierno.

APOYO

Algunas propuestas planteadas por Peña Nieto, como la de un sólo Código Penal Federal o la reforma educativa, implican cambios a la Constitución que requieren apoyo de los dos tercios en ambas cámaras y también en los 32 estados, obligando a una delicada negociación partidista.

José Antonio Crespo, historiador y analista del Centro de Estudios en Docencia Económica (CIDE), cree además que el primer obstáculo para Peña Nieto es la resistencia dentro de su propio partido y en sus aliados, así como en los poderosos sindicatos de maestros y petroleros.

"El mayor obstáculo a este plan de reformas de Peña Nieto está en su propio partido, segmentado por divisiones y diferencias internas. El PRI no tiene una ideología homogénea, sino por lo menos dos: de un lado, un neoliberalismo tecnocrático, y del otro, un añejo nacionalismo revolucionario", sostiene Crespo..

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