El uso de las reservas, un cuento de Navidad

Por: Aldo Abram.

Este enero se cumple un año del conflicto por el uso de las reservas internacionales para financiar al Gobierno.

En ese momento, lo más preocupante fue la nueva muestra de falta de respeto por las instituciones que implicó que, por decreto, el Poder Ejecutivo intentara apropiarse de esas divisas para el pago de deuda privada, cuando la ley solamente le permitía su uso para abonarles a los organismos internacionales. También es cierto que los economistas hemos impuesto una complicada visión de la inflación, generando tal confusión que muchos hoy piensan que las reservas internacionales las dejó Papá Noel en el arbolito de Navidad. Por lo tanto, a los argentinos nos sale gratis que el Banco Central (BCRA) se las dé al Gobierno para que pueda aumentar su gasto sin que nadie tenga que pagar el costo.

Por desgracia, el milagro no existe. El error es pensar que "inflación" es la suba generalizada de precios y que resulta de un exceso de demanda total respecto de la oferta disponible de productos y servicios de un país. En realidad, la moneda es un bien más, que es útil como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. Por ello, es demandada por la gente y los bancos para atesorar liquidez. El único que produce moneda, en nuestro caso el peso, es el Banco Central. Si por algún motivo emite más de lo que se demanda, sucede lo que con cualquier otro producto o servicio, su precio baja. El problema radica en que la moneda es la unidad de medida de todo lo que se comercializa en la economía. Imaginémonos que, para medir los muebles que tenemos alrededor, nos dan un "metro" que, mágicamente, se reduce. ¿Concluiremos que hay un aumento generalizado del tamaño de todo lo que nos rodea? No. Por ello, en realidad, "inflación" es el achicamiento de la unidad de medida. En nuestro caso, la pérdida de valor (poder adquisitivo) del peso.

La única forma de refutar lo dicho es demostrar que la moneda no es un bien o redefinir de cero toda la teoría económica. Además, si partimos de esta forma de análisis, muchas cosas empiezan a tener sentido. Por ejemplo, si en el mundo el dólar baja y en la Argentina sostenemos el tipo de cambio para evitar que caiga, habrá que comprar divisas extranjeras. Para ello, el BCRA emite pesos y, si no son demandados, bajará su valor. Es decir, habrá inflación. Si se desea evitar esto, el Central puede absorber el exceso de moneda con endeudamiento remunerado propio. Acabamos de descubrir que Papá Noel no existe; ya que las reservas se compran con impuesto inflacionario o con pasivos que el BCRA deberá pagar, incluyendo los intereses correspondientes.

Soy consciente de que acabo de romper la ilusión de muchísimos niños, políticos y funcionarios. Me disculpo por ello. Por lo menos, espero que sirva para que evaluemos mejor el costo de comprar reservas o transferirle recursos al Tesoro.

La falta de billetes

Este análisis nos puede ayudar a entender otros problemas. Por caso, el impacto de alguna solución que se pretende dar a la reciente falta de billetes. El BCRA aumentó cada vez más rápidamente la cantidad de moneda, depreciándola y obligándonos a demandar más para mantener el poder adquisitivo de lo que atesoramos. A mediados y más aún al final de cada año, con el cobro del aguinaldo, hay un fuerte incremento de la demanda de dinero; la gente debe demandar más efectivo para afrontar los gastos de las Fiestas y de las vacaciones. Por eso, se podía esperar que en algún momento no diera abasto la producción de billetes de nuestra ineficiente Casa de Moneda. Como solución de mediano plazo, desde el Central, proponen fomentar los medios de pago bancarios (tarjetas de débito, de crédito y transferencias), lo que mejorará la situación. Sin embargo, también, reducirá la necesidad de atesoramiento de pesos por parte de la gente. Dado que no se espera que el BCRA baje su oferta, a menor demanda de un bien, caerá su precio. Estaremos depreciando nuestra moneda; habrá más inflación.

Durante 2010, para aumentar su gasto, el Tesoro recibió transferencias del BCRA por más de $ 50.000 millones y este año (electoral) se espera que lleguen a $ 70.000 millones. Además, para 2011, el Central anunció un programa monetario que confirma su voluntad de mantener un ritmo sostenido de emisión de pesos para comprar reservas, proveerle recursos al Estado y aumentar el crédito interno para que no suba la tasa de interés. O sea, producirá más pesos que los ofrecidos en 2010. Sin embargo, el nivel de actividad se desacelerará y, con él, la necesidad de usar moneda como medio de pago. La incertidumbre electoral planteará dudas sobre la seguridad del peso como reserva de valor. No es difícil pronosticar que su demanda crecerá menos que el año pasado. Más incremento de la oferta y menor suba de la demanda implican una mayor baja del precio del peso. Es decir, más inflación que en 2010, que superó el 25 por ciento.

Dado que sabemos que Papá Noel no existe, asumamos que pagaremos "la fiesta", con más impuesto inflacionario. A menos que nos salven los Reyes Magos

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