La UCR repudió “toda forma de autoritarismo”

La UCR repudió “toda forma de autoritarismo”
El radicalismo local señaló que “este 24 de marzo recordamos, como todos los años, el inicio de la noche más oscura de la historia argentina” y señaló que “la sangrienta dictadura iniciada en 1976 desató un terrorismo de estado de alcances inéditos hasta entonces, sumiendo a la Argentina en una siniestra etapa de muerte, desapariciones, torturas, secuestros y represión ilegal”
“En esta fecha tan especial, la mesa directiva de la Unión Cívica Radical quiere expresar su más profundo repudio a toda forma de autoritarismo y nuestro absoluto apoyo a la incansable búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia, iniciada con el Juicio a las Juntas, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín“, amplió.

“El respeto a los Derechos Humanos no puede ser puesto en duda jamás. Debe ser un principio innegociable para el Estado y de todos los argentinos, más allá de la bandera política y de las ideas“, especificó.

“Hoy y siempre, la memoria de las víctimas de la última dictadura militar nos exige reforzar y profundizar cada día la democracia que tanto nos costó”, añadió.

COMUNICADO DE LA JUVENTUD RADICAL

Una gota de sangre le recorre el rostro, una tos constante, violenta y un jadeo que demarca su precario estado de salud. El escenario, el baño de la cárcel de Rawson, un lugar donde los más terribles tormentos hubieron de ocurrir, allá lejos, por los años oscuros de nuestra historia.

Una época donde unos señores de bigote negro y botas lustradas vinieron a imponer una “conciencia nacional”, cuando en realidad no eran más que emisarios del Pentágono, alumnos de la macabra Escuela de las Américas; amantes de la “patria”, pero de una patria dependiente de las naciones anglo parlantes, una patria como última cadena de producción en el círculo del Imperialismo.

Un granero donde solo la aristocracia pudiese vivir una vida digna, a costa de una eterna genuflexión a Norteamérica. Allí, en ese baño, testigo de la masacre, de un acto macabros sin precedentes, daba sus últimos suspiros, un héroe, un defensor de los trabajadores y de los derechos humanos, Mario Abel Amaya, que mientras sufría la obstrucción de sus bronquios, vio como de repente se acercaba ocultando las lágrimas, pero con el alma absolutamente rota, su amigo, su correligionario, Hipólito Solari Yrigoyen, que mientras esforzaba su voz para que no se notase quebrada, se agachaba para darle un abrazo, tal vez el último, a ese hombre de salud frágil pero de espíritu inquebrantable.

_Mario, ¿cómo estás hermano?_ Preguntó, Solari Yrigoyen, como presagiando ese final forzado y triste. Pero Amaya seguía jadeando, se tomaba del pecho como si fuese una forma de que el aire encontrara destino dentro de su robusta corporeidad. _¡El inhalador Mario, el inhalador!_ le dijo con voz desesperada este cada vez más entristecido y desesperado amigo, pero ante los reiterados ademanes negativos del agonizante ex Diputado, terminó por entender que los militares se lo habían quitado, una muestra de los tormentos desagradables que podían aplicar estos monstruos, tormentos inhumanos, demostrando la poca importancia por la humanidad que ellos tenían, el poco amor al prójimo.

De repente, un rapto de mayor lucidez, el aire pudo ingresar, y se escuchó de su boca recubierta de golpes y laceraciones, en un tono sumamente bajo, tenue, casi apagado, la frase: _Estoy muy mal_ Esas fueron las últimas palabras de nuestro correligionario, del compañero de los obreros, del abogado de los sindicalistas, defensor de pobres y oprimidos. Víctima de la última Dictadura Cívico Militar, la llamada Proceso de Reorganización Nacional.

Ya han pasado 38 años de aquel hecho que ennegreció las páginas de nuestra historia, y tenemos la suerte de poder recordar aquellas cosas, pero desde una posición de seres miembros de una República Democrática, tal vez, el estadío más avanzado de vida en comunidad. Pero más que suerte, fue un proceso que llevo además de luchas, sangre.

En el camino se perdió la vida de muchos de los mejores miembros de la vida política de nuestra nación, como fue la vida de nuestro ya muy citado amigo, Mario Abel Amaya, un demócrata a ultranza. Por él, y por los 30.000 detenidos desaparecidos, la Juventud Radical de Coronel Dorrego dice, NUNCA MÁS.

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