La policía dispersó una manifestación en Deraa, mientras se espera un discurso del mandatario
DAMASCO.- Con disparos al aire y gases lacrimógenos, las fuerzas de seguridad sirias dispersaron ayer una nueva manifestación para exigir reformas democráticas en Siria, donde el régimen de Bashar al-Assad enfrenta las peores protestas desde que asumió el poder, en 2000.
Luego de llegar en 12 ómnibus a Deraa, en el sur de Siria, policías vestidos de civil, integrantes del poderoso aparato de seguridad del régimen, dispararon contra los manifestantes que participaban de los funerales de un disidente que murió el sábado pasado, cuando fue reprimida una marcha opositora. Los opositores respondieron lanzando piedras.
Por lo menos 61 personas murieron a manos de las fuerzas de seguridad en Deraa y sus alrededores desde el 18 del actual, según informó la organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch. Otras 12 murieron el fin de semana en la ciudad portuaria de Latakia, en el Noroeste.
Pese a que el malestar social se ha expandido por todo el país, la manifestación de ayer en Deraa reunió a varios centenares de personas, bastante menos que en las jornadas anteriores.
Según los analistas internacionales, las protestas habrían disminuido no sólo debido a los dispositivos represivos, sino también a la expectativa generada por el discurso que Al-Assad previsiblemente pronunciará en las próximas 48 horas.
Según anunció ayer el vicepresidente, Farua al-Sharaa, en ese discurso el presidente anunciará medidas que serán "muy bien recibidas por los sirios".
Se cree que el mandatario levantará por decreto el estado de excepción vigente en el país desde 1963. Funcionarios del gobernante Partido Baath habían anunciado anteayer que esa ley, uno de los pilares represores del régimen, ya había sido levantada. Además, en Damasco se espera que en los próximos días haya una reforma del gabinete.
En las últimas horas, Al-Assad ordenó el despliegue de tropas del ejército en Deraa, que ayer estaba virtualmente sitiada por tanques, y en Latakia, que amaneció llena de basura y cristales rotos.
Latakia está habitada por una mezcla volátil de sunnitas, cristianos y la minoría alauí, que constituye el principal apoyo de la dinastía gobernante. Anoche, los comercios y las escuelas de esta ciudad estaban cerrados y los funcionarios no acudieron a sus trabajos.
Por la noche, en los barrios de esa ciudad se constituyeron comités de barrio para protegerse contra la intrusión de extraños, según diversos testimonios.
En otro intento por mostrar iniciativa y aplacar las protestas, las autoridades sirias liberaron a 260 prisioneros, en su mayoría disidentes islamistas. Además, el régimen puso en libertad a la activista política Diana Jawabra y a otras 15 personas que participaron de una protesta.
Los dos periodistas de Reuters Television que cubrían las manifestaciones en Siria y que estaban desaparecidos fueron liberados por las autoridades y retornaron a Beirut (Líbano), según anunció ayer la agencia.
En este contexto, y por primera vez desde la llegada al poder del Partido Baath, en 1963, el Parlamento sirio guardó anteayer un minuto de silencio como muestra de respeto a los mártires caídos y a las protestas y reivindicaciones populares.
En tanto, organizaciones partidarias del régimen anunciaron masivas manifestaciones que se realizarán hoy para demostrar su apoyo a Al-Assad.
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