El represor y ex gobernador de Tucumán, Antonio Domingo Bussi, agonizaba

Al cierre de esta edición, la vida del ex militar se apagaba en una irreversible agonía, postrado en la cama de un sanatorio privado de la Capital. “El ya está en manos de Dios, no podemos hacer más nada, es cuestión de esperar”, admitió en diálogo con EL SIGLO su hijo José Luis. Especulaciones sobre un desenlace inevitable.
Amo y señor de Tucumán durante los años más oscuros de la historia argentina; también fue dueño de un enorme -y para muchos incomprensible- capital político en plena democracia. Sin dudas, Antonio Domingo Bussi es una de las figuras públicas que más amores y odios despertaron en una sociedad de grandes contradicciones y dividida por su pasado. Esa sociedad que festejó en la Plaza sus victorias en las urnas, casi con el mismo entusiasmo con el que exteriorizó su alegría cuando, en 2008, fue condenado a perpetua por los crímenes de lesa humanidad que cometió en los '70.

Así, como es considerado por muchos como uno de los más sanguinarios represores de la última dictadura, fue defendido por otros tantos que lo votaron para que Gobierne la provincia, para que los represente en el Congreso de la Nación y para que lleve adelante los destinos de la ciudad Capital. Las redes sociales y las charlas de café reflejaron ayer esta dicotomía, con muchas expresiones deseándole a Bussi un tormento eterno en el infierno, y otras tantas reclamando que vaya con Dios.

Al cierre de esta edición, el "general", como le gusta que lo llamen, peleaba su última y definitiva batalla, arrinconado entre la vida y la muerte con la que tanto fue identificado en las últimas décadas.

El represor y ex mandatario, con 85 años a cuestas, agonizaba en un sanatorio privado de la ciudad Capital, tras sufrir una fuerte e irreversible recaída en su cuadro cardíaco, agravada por una falla multiorgánica, con complicaciones renales, hepáticas y pulmonares.

"Mi padre está muy grave, es peor que las veces anteriores, algunos órganos no le funcionan. Se encuentra conectado y su estado es muy delicado. El ya está en manos de Díos, no podemos hacer más nada, es cuestión de esperar". Con esas palabras, José Luis Bussi, el hijo mayor del ex militar, graficó, en diálogo con EL SIGLO, el dramático derrotero por el que su padre transitaba, postrado en una cama, en el segundo piso del Instituto Privado de Cardiología (IPC), en avenida Mitre al 700.

En idéntico tono, su otro hijo, el actual parlamentario Ricardo Bussi, agregó que su estado "es irreversible y está en manos de Dios. No vamos a hacerle tratamientos invasivos, dializarlo ni ponerle respirador artificial porque no tiene sentido extender la agonía", añadió.

No menos pesimista era el diagnóstico de los médicos que atendieron al represor, para quienes, ya en horas de la siesta, su deceso sólo era "cuestión de horas".

Estaba previsto que Ricardo sea quien pase la noche en el sanatorio junto a su esposa, a la espera de un desenlace que se apreciaba predecible. Durante toda la jornada, fue incesante el paso de familiares (algunos llegaron a última hora de Buenos Aires), ex colaboradores y amigos de Bussi por la clínica privada.

Especulaciones sobre un desenlace inevitable

Antes de que esta edición salga a la calle, se especulaba sobre el lugar donde, eventualmente, tendría lugar el velatorio. En el entorno del represor analizaban que, por haber sido Gobernador de Tucumán, podría corresponder hacerlo en la Legislatura. Otra alternativa que se estudiaba era que sea en la casa del country de Yerba Buena, donde vino cumpliendo con su arresto domiciliario. No obstante, la posibilidad más firme era que, en caso de fallecer, los restos de Bussi sean inmediatamente trasladados a Buenos Aires para que el sepelio se realice allí, conforme su última voluntad. Lo que más preocupaba a la familia, por detrás de la irreversible agonía, era evitar que, sea en el lugar que fuere el último adiós, se produzcan incidentes con militantes de los derechos humanos. También había dudas respecto a cuál sería la última morada del ex militar: Un cementerio privado local; Entre Ríos, que es donde nació y se crió, o Buenos Aires, donde vive su hija Claudia, eran las alternativas.

El temible represor

Antonio Domingo Bussi nació en Victoria, provincia de Entre Ríos, el 17 de enero de 1926. Hijo de inmigrantes, ingresó a los 17 años al Colegio Militar, donde hizo carrera.

Durante el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), se desempeñó como interventor de facto de Tucumán, entre 1976 y 1978. Comandó el Operativo Independencia, por el cual el Ejército Argentino combatió las guerrillas revolucionarias en la provincia, y gobernó Tucumán después del golpe del 24 de marzo de 1976, que dio inicio al llamado "Proceso de Reorganización Nacional".

El informe de la Comisión Bicameral Investigadora de las violaciones de los Derechos Humanos en Tucumán (ocurridos entre 1974 y1983) calificó la gestión de Bussi como "un vasto aparato represivo, que orienta su verdadero accionar a arrasar con las dirigencias sindicales, políticas y estudiantiles, que eran totalmente ajenas al pernicioso accionar de la guerrilla". Esa misma Comisión del Congreso Nacional recordó que, si bien Bussi afirmó en 1975, al asumir la gobernación, que "la guerrilla ya estaba derrotada", el número de víctimas se incrementó sensiblemente a partir de su asunción. También menciona que "adscripta directamente la Policía al Ejército comandado por Bussi, se emplearon explosivos para atacar la Universidad Nacional de Tucumán, la Legislatura provincial, las sedes de la Unión Cívica Radical, del Partido Comunista, del Partido Socialista y el Colegio de Abogados". También resalta que "varios abogados fueron asesinados y muchos otros intimidados para evitar la defensa de los presos políticos, incluyendo los procedimientos la voladura de sus estudios y el allanamiento de sus moradas. Médicos, sindicalistas y políticos fueron también objeto de secuestro, prisión ilegal, vejaciones y tortura", acota el informe de la Comisión Bicameral.

Al regreso de la democracia, Bussi fue enjuiciado y encontrado culpable de los delitos de secuestro, asesinato y peculado por las actuaciones realizadas, pero se benefició con la ya derogada ley de Punto Final, que entonces impidió su procesamiento.

El destacado político

A partir de 1987, Antonio Bussi comenzó una gran carrera política, reflotando el partido Defensa Provincial-Bandera Blanca. Años más tarde, en 1995, logró ser electo en las urnas como gobernador de Tucumán. En ese cargo impuso un estilo casi militar, por ejemplo, obligando a los empleados públicos y funcionarios a izar la Bandera y entonar el Himno en la plaza Independencia, periódicamente, a las 8.00. Con mano dura contra el delito, la seguridad fue el punto más sobresaliente de su gestión. En 1996 fundó el partido Fuerza Republicana. Sobre el fin de su mandato al frente del Poder Ejecutivo, en 1999, fue electo diputado nacional, pero el Congreso rechazó su nombramiento, debido a su pasado represor, y le impidió asumir la banca.

En 2004, la imagen de político recto y honesto que para muchos reflejaba Bussi se desdibujó, cuando se confirmó que el represor tenía una fortuna depositada en cuentas de bancos suizos.

En 2007, las urnas volvieron a sonreírle, esta vez, ungiéndolo como electo intendente de San Miguel de Tucumán, por apenas 17 votos de diferencia sobre el candidato peronista Gerónimo Vargas Aignasse. Sin embargo, esta vez tampoco pudo tomar posesión del cargo, puesto que fue detenido por orden del ex juez federal Jorge Parache, quien lo procesó por los delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del terrorismo de Estado.

En 2008, Antonio Bussi fue juzgado y condenado a perpetua, bajo la modalidad de arresto domiciliario, por el secuestro y asesinato del ex senador peronista Guillermo Vargas Aignasse (padre de Gerónimo), ocurrido en 1976. En mayo de este año, fue dado de baja de las filas del Ejército Argentino, perdiendo su grado de general, por una resolución del Ministerio de Defensa de la Nación, en cumplimiento con el fallo emitido tres años atrás por la Justicia.

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