Un funcionario de la Facultad de Ingeniería renunció al cargo que ocupaba en el Rectorado. Manejos oscuros con los convenios de transferencia.
El Rectorado, a cargo de Fernando Tauber (foto), por el momento, no confirmó la salida del funcionario universitario, en lo que muchos interpretan como una clara estrategia para intentar tapar las diferencias internas que comienzan a resquebrajar el heterogéneo armado político que conduce la Universidad. Es más, ayer, en la web de la Universidad, aún figuraba el nombre de Romanazzi dentro del organigrama.
El saliente funcionario universitario es un reconocido ingeniero, especialista en temas hidráulicos, que llegó a la mencionada prosecretaría a partir de un acuerdo político entre el Rectorado y el decanato de la Facultad de Ingeniería. La decisión de pegar el portazo, según pudo saber este diario, habría estado motivada en que se habría designado a un director dentro de ese área sin consultar previamente al propio Romanazzi ni al decanato de la facultad.
El malestar fue tal que la conducción de Ingeniería decidió, por el momento, no designar ningún reemplazante para ocupar el cargo que quedó vacante.
También existiría mucha bronca en varias facultades con la Presidencia de la UNLP, debido a que el Rectorado habría absorbido varios convenios de transferencia (más conocidos como “trabajos a terceros”), dejando absolutamente relegadas a las unidades académicas, donde funcionan importantes centros de investigación y donde se encuentra la materia gris para realizar ese tipo de tareas. Un ejemplo concreto es el convenio que la Universidad platense habría firmado con la empresa Enarsa, para hacer el estudio de impacto ambiental de la usina termoeléctrica que se construirá en Ensenada.
Ingeniería formaba parte del esquema de alianzas que, en su momento, tejió el rector Fernando Tauber, cuando era secretario general de la Universidad. Y que incluye a distintos sectores políticos, desde radicales y socialistas, hasta duhaldistas devenidos en kirchneristas.
También está generando un fuerte malestar en las facultades la forma en que el Rectorado distribuye los recursos para hacer obras edilicias. Afirman, por caso, que por cuestiones políticas no del todo claras algunas facultades resultaron favorecidas (apuntan concretamente a las nuevas construcciones de Informática, Periodismo y Humanidades), mientras se padecen serios problemas en otras sedes, con estructuras centenarias dañadas por la falta de mantenimiento.
A ello se le suma el escándalo generado por las revelaciones hechas por este diario en relación a que, desde el Rectorado, se le habría servido en bandeja la construcción del Planetario a la empresa de Daniel Papasodaro, un oscuro personaje que es consuegro del presidente de la UNLP.

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