Hospitales advirtieron que las guardias son los lugares de mayor tensión y a diario se viven situación que pueden derivar en hechos de violencia. Directores del Lucio Meléndez, Arturo Oñativia y Luisa Cravena de Gandulfo analizaron la problemática. Hoy, los centros de salud cuentan con botones antipánico, policías y personal de seguridad.
Desde los hospitales Lucio Meléndez, de Adrogué; Arturo Oñativia, de Rafael Calzada; y Luisa Cravena de Gandulfo, Lomas de Zamora, coincidieron en que la problemática excede al ámbito de la salud y se trata de una situación que atraviesa a toda la sociedad.
“Estamos inmersos en una situación de intolerancia de todo”, señaló Carolina Roca, directora del Meléndez. Según comentó, en la institución cuentan con “cuidadores de hospital” propios así como con personal adicional de la Policía Bonaerense. Esto responde a un convenio firmado entre el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Collia y su par de Seguridad, Alejandro Granados, en el que se acordó que los hospitales cuenten con oficiales de la Policía Bonaerense para los sectores más críticos del hospital.
Si bien Roca confió que no tuvieron la necesidad de accionar ninguno de los sistemas de seguridad, analizó que “existe una violencia social y urbana que se está naturalizando”. “A diario los pacientes se ponen agresivos, pero nunca hemos tenido episodios que hayan pasado a mayores”, comentó.
La directora del Oñativia, Silvia Marzo, explicó que si bien cuentan con cuidadores hospitalarios, están teniendo “mucha dificultad para poder completar el cupo de Policía adicional”.
Al igual que el otro hospital, en el Oñativia tampoco han tenido en el último tiempo casos “muy graves” de inseguridad. Sin embargo, su directora señaló que “permanentemente se viven situaciones que son potencialmente peligrosas”. “Algunas se frenan, otras llegan a mayores, pero a diario se viven situaciones que pueden terminar en un hecho de violencia, uno nunca sabe cómo van a terminar”, explicó.
De estos hechos de violencia, la mayoría se concentran en la guardia. “Es un lugar donde la violencia aflora por diversos motivos”, analizó Marzo, y continuó: “La guardia es donde la gente llega con patologías agudas, que requieren una respuesta más rápida, y los hospitales no siempre podemos dar una respuesta tan rápida”.
Según comentó, en las guardias se realiza una selección, llamado triaje, en el que se clasifica a los pacientes según las prioridades de atención, posicionando primero a los casos que requieren una respuesta inmediata. “Para el paciente que viene, siempre su patología es la que tiene que ser respondida ya. Esas situaciones muchas veces son graves de verdad, y vienen con la carga emocional, la preocupación, el temor, la demora y múltiples situaciones”, analizó.
Para la directora, la guardia se distingue por ser un lugar de tensión constante, “generadora de situaciones que predisponen a la violencia”. “Es un problema la violencia institucional. Hemos tenido episodios fuertes; en cualquier momento podrían suceder. Nosotros tratamos de trabajar en equipo, pero es muy importante la presencia de policías en hospitales, pero la policía no está pudiendo completar los adicionales en este y otros hospitales”, señaló.
Por otra parte, Nancy Gaute, directora del hospital Gandulfo, confirmó que el centro médico cuenta con el sistema de botones antipánico. Sin embargo, Mónica Malchiodi, médica pediatra de la institución que trabajó en la guardia, relativizó la efectividad de esta medida de seguridad.
“Cuando hay una agresión es relativo”, analizó. Según ella el mejor método para evitar la agresión es el trato con el paciente: “El buen doctor, tratar de acelerar la atención lo más que se pueda en la guardia y tener buenos modales, porque el paciente siempre va a venir con un estado de angustia y desesperación, y hay que apelar a serenarse”, enumeró. “Lo que mejor resultados da es ser correcto. Ha pasado muchas veces que la gente se pone muy agresiva afuera porque hay mucha gente adentro esperando, pero en cuanto algún médico se acercó y los hizo pasar para que vean cómo estaban de saturados los consultorios, la gente se tranquilizó”, recordó.
A fines del año pasado, los botones antipánico ya habían sido instalados en 58 hospitales de la provincia de Buenos Aires. Los botones antipánico comenzaron a instalarse en forma progresiva desde diciembre de 2012, tras un acuerdo firmado entre los ministerios de Salud y de Justicia y Seguridad bonaerenses, para fortalecer las medidas de seguridad en los hospitales.
Los botones están localizados en los servicios de guardia, los lugares en donde suelen desencadenarse las situaciones agresivas. Ante una situación peligrosa, los médicos o enfermeros oprimen el botón, lo que activa un alerta en una de las centrales del Ministerio de Justicia y Seguridad y el consecuente envío de personal policial al centro asistencial que solicita la ayuda.
Las medidas de seguridad implementadas desde fines de 2012 en los hospitales incluyen, además de los botones antipánico en las guardias, teléfonos con handy para el personal de seguridad y un 911 Hospitales para solicitar el auxilio de la fuerza pública.
Vale recordar que la semana pasada, hubo dos episodios que encendieron la alarma: un robo y un ataque a una médica en 48 horas. El asalto ocurrió en el hospital neuropsiquiátrico José Esteves de Temperley, mientras que el ataque a la médica fue en el Fiorito de Avellaneda.


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