Un grupo de ex secuestrados de la guerrilla aspira a convertirse hoy en legisladores. Testimonios de Clara Rojas –fue madre en cautiverio– y de Gustavo Moncayo, padre de un soldado que lleva 12 años detenido.
"Trato de no albergar temores al recorrer el país. Pero no quise acercarme a las zonas de riesgo, donde subsisten los grupos, como hice años atrás", confesó a PERFIL desde Bogotá Clara Rojas, candidata del Partido Liberal y ex compañera de Ingrid Betancourt cuando ambas fueron capturadas por las FARC en la campaña de 2002. Desde entonces, soportó 6 años de cautiverio donde nació su hijo Emmanuel, hoy ya de cuatro años. "La selva impacta en cada uno de modo distinto. Para mí, regresar a la política es un segundo paso que responde al deseo de volver a una vida normal", confesó.
Rojas no es la única ex rehén cuyo nombre figurará hoy entre los 2.539 candidatos que anhelan uno de los 102 escaños senatoriales o de las 166 bancas para representantes de la Cámara. Consuelo González, Orlando Beltrán, Jorge Géchem, Luis Eladio Pérez, Sigifredo López y Gloria de Polanco son otros tantos hombres y mujeres que recuperaron su vida en estos dos últimos años y confluirán hoy en las urnas bajo el común denominador de convertir el dolor en acción.
¿Cuánto incidió su condición en su perspectiva sobre el conflicto? "No mucho", contestó Rojas. "Siempre he pensado que las FARC son un grupo autista que no se permite nuevos horizontes. Debemos lograr su compromiso para abandonar las armas y sumarse a la pacificación", añadió la candidata. Con ella, coinciden los secuestrados que abogan, cada uno a su manera, por una solución pactada.
"Vivimos una guerra de 40 años y no es conveniente seguir con la apología de la violencia. De nada sirve plantear este conflicto en términos de ganadores y perdedores porque quien aporta la cuota más grande de sangre, al final, es el pueblo", reclamó en diálogo con PERFIL Gustavo Moncayo, candidato del Polo Democrático Alternativo. Su historia es tanto o más desesperante que la de Rojas y los rehenes porque su hijo, Pablo Moncayo, permanece en poder de las FARC tras 12 años de cautiverio, el más extenso de todos.
"No creo que haya represalias contra mí o mi hijo porque yo mismo me ofrecí en intercambio por él o cualquier rehén enfermo. Nadie me escuchó entonces, ni el gobierno. Hoy aspiro a llegar al Senado para que mi voz tenga más fuerza y sea escuchada", exigió Moncayo. Su desafío como el del resto de los rehenes-candidatos fijará el termómetro de las presidenciales del 30 de mayo, cuando las FARC vuelvan a hegemonizar el debate partidario.

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