No hay registros en la Ciudad de cuántos menores viven en la calle

No hay registros en la Ciudad de cuántos menores viven en la calle
El domingo un colectivo mató a una nena que vivía en la vereda. El Gobierno porteño dice que no censa a los menores de 13 porque son responsabilidad de los padres.

No hay registros certeros que digan cuántos son. Tampoco hay un solo criterio para censarlos: se los anota por edad, por grupos, o por soledad. Pero están.

Se los ve.

Y corren peligro. El caso de la nena de 3 años que murió atropellada el domingo por un colectivo fuera de recorrido puso en evidencia el enorme riesgo que enfrentan los menores de edad que viven en situación de calle. Son chicos, decenas, centenas, que viven en ranchadas o en casillas precarias en calles, avenidas, recovas, plazas o entradas de edificios o de cajeros automáticos y están expuestos a enfermedades y pésimas condiciones de vida. El Estado prevé que tienen que estar protegidos, pero las políticas no alcanzan y ya hay una generación que creció viviendo a la intemperie, sobreviviendo cómo puede, aún en peligro por el tránsito permanente, como ocurrió con la nena en Barracas. El contacto con el tránsito no es un dato menor, al contrario: según revelan estadísticas de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, solo el año pasado hubo 178 menores de 15 años afectados por accidentes de tránsito en alguna calle.

Ayer, Gabriela Flores, mamá de la nena atropellada, salió a pedir justicia por su hija mientas el conductor, un mecánico de la empresa de 22 años, continuaba preso. Fue en medio de la despedida en un velatorio inesperado y angustiante y con el dolor adherido. Ella, su pareja y sus tres hijos chiquitos vivían en la cuadra de Benito Quinquela Martín entre Azara y Patricios desde hace cuatro años. Y el domingo, horas después de la muerte de la nena, María Juárez, la tía, había contado que todos estaban desolados y que no tenían ni siquiera el dinero para pagar el cajón. También había dicho que en esa ranchada solían estar sus hijos de 3 y 6 años: cinco menores a la deriva, en plena calle, sin servicios básicos ni contención: apenas la solidaridad de los vecinos en una zona de galpones.

Como estos casos, en la Ciudad hay casi un millar contabilizados (aunque se cree que son muchos más) pero pocos son contenidos. Según los datos oficiales del Ministerio de Desarrollo Social, el último censo contó en 2013 unos 850 adultos en situación de calle. Ese número incluía a todas las familias que vivían en ranchadas en distintas zonas de Capital. Muchos de ellos, como contó a Clarín María, evitan los paradores de la Ciudad por varios motivos: o porque los separan, o porque no les garantizan bienestar. Otros eligen solo los centros de día. Pero no van a dormir.

Esos espacios que el Ejecutivo porteño pone a disposición son los que, junto a los paradores, forman parte de las políticas públicas para personas vulnerables que viven en la calle. Y en ese marco es poco lo que se hace por los menores de 13 años. Desde que nacen hasta esa edad, el Gobierno los contempla como miembros de un grupo familiar y no los censa. Así es como no llegan a saber cuántos chicos hay viviendo en las condiciones más precarias.

Consultados por este tema, la funcionaria que habló con este diario fue Pilar Molina, directora de Niñez, un área que depende del Ministerio de Desarrollo Social porteño. Molina admitió que no se contempla a los menores de 13 porque se los considera chicos que están bajo la órbita de sus familias. Y que para ellas se aplican otras medidas específicas. Por eso no hay registros de cuántos son los chicos más chicos que están en riesgo en plena calle. Niñez, en cambio, solo trabaja con el rango que va de 13 a 18. Y para ellos pone a disposición cinco paradores de día y de noche donde además de comida y ropa se les da atención médica y contención en caso de que haya adicciones.

Para ese segmento sí realizaron un censo. “Solo en abril contactamos 160 niños y niñas de entre 13 y 18, aunque puede haber casos de 11 ó 12 años. Estos chicos no siempre están viviendo en la calle, sino que por distintos motivos decidieron pasar la noche o el día afuera. En promedio tenemos 140 que alternan entre sus casas y unos 20 que duermen en los paradores, y otros que van a los centros solo de día”, dijo Molina. Según explicó, no hay datos concretos porque “no se puede medir cuántos son y porque no son chicos que duermen todas las noches en las calles”. También aclaró que hay casos en que se niegan a ser asistidos y que no se puede forzarlos. “Solo si consideramos que hay un riesgo específico, como adicciones, vamos a la Justicia”, contó.

Gonzalo Rinaldi, voluntario de 1 Minuto de Vos y de Red Solidaria, tiene una visión dura de la calle. “Lo primero que pensé el domingo es que fue una tragedia porque murió una nena. Pero la tragedia empezó mucho antes, cuando esa nena fue a vivir ahí con su familia. Enfocamos en el colectivo, pero la tragedia real es que esa familia estaba ahí desde hace cuatro años”, lamentó.

También Mariela Fumarola, de Caminos Solidarios, fue en ese sentido: “Es una tragedia social más grande. La tragedia es que estaba en la calle, dormía en la calle y que murió en la calle. Los chicos en general viven en ranchadas y están protegidos por sus padres pero hasta cierto punto, porque ellos también están desprotegidos. Son vulnerables a enfermedades, al frío y también a accidentes, como pasó con la nena. Así es todos los días”.

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