El recontraespionaje recluta por televisión

Las agencias de inteligencia de los países clave de la zona donde confluyen África, Asia y Europa negocian perder invisibilidad para ganar más poder, dinero e influencia.
"El último asesinato de su especie", tituló esta semana en Israel el diario progresista Haaretz. Por las pantallas del mundo ya habían circulado las fotos, los 26 alias y los pasaportes europeos fraguados. Días antes, los 15 agentes del Mossad habían cumplido con éxito la misión de envenenar a Mahmoud al-Mabhouh, el líder encubierto de Hamás en Dubai, en su habitación del hotel cinco estrellas Al Bustan Rotana.

Mientras simulaban ser jugadores aficionados de tenis, los 007 hebreos sabían que estaban bajo la vigilancia de la policía local. Pero si las tecnologías que capturaron y difundieron sus movimientos están cambiando irremediablemente las reglas del espionaje contemporáneo hasta poner fin a la dorada era de las operaciones secretas y anónimas, al parecer sus jefes decidieron que la visibilidad es un costo que vale la pena pagar.

En su derrotero hacia la dirección del Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales israelíes, alias Mossad, Meir Dagan invirtió sus mejores años a cargo de operaciones militares tan emblemáticas como redituables para la consolidación de su país: desde líder de los paracaidistas en la Guerra de los Seis Días hasta comandante a bordo del primer tanque que entró en Beirut en 1982. Dos décadas después, llegó al Mossad a instancias de Ariel Sharon, el más militarista de los premieres que desde hace tres años pasa sus días en estado vegetativo pero que en 2002 nombró a su viejo amigo porque Israel necesitaba agentes secretos "con un cuchillo entre los dientes".

Pocos niegan hoy que Dagan devolvió a la organización la capacidad operativa que ésta había perdido con sus predecesores. Pero sus detractores lo acusan de mantener una enfermiza rivalidad con la inteligencia militar y de renegar de los tradicionales roles de inteligencia en favor de golpes quirúrgicos para contener a la vez las reivindicaciones armadas de Hamás y las amenazas existenciales de Irán.

El Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), nacido de las ruinas de la KGB, tomó el camino inverso y pasó de ejecutar tareas de seguridad a ser la vanguardia de la industria y las corporaciones en la era postsoviética. En octubre de 2007 el presidente Vladimir Putin desoyó todas las críticas contra su protegido Mikhail Fradkov, el leal e inepto premier ruso desde 2004, y lo nombró jefe del SVR. El hombre fuerte de Rusia durante la última década, que forjó en la KGB su ascendente carrera hacia el despacho presidencial de Boris Yeltsin, encontró una ventaja considerable en el hecho de que el ex encargado de negocios de la embajada soviética en la India no fuera un silovik, término con el que los rusos señalan a los militares, agentes secretos y del servicio antinarcóticos que llegan al poder.

Poco sabía Fradkov de la guerra de clanes en el Kremlin y mucho podía hacer para favorecer a los ex compañeros de inteligencia de Putin. Si en Occidente se preguntaron por qué un funcionario opaco y sin experiencia en seguridad había llegado a la cima del espionaje ruso, pronto entendieron el cambio de naturaleza que Putin proyectaba para sus antiguos colegas, que desde sus nuevos cargos directivos en las principales compañías rusas acumularon algunas de las mayores fortunas del planeta.

También en diez años Omar Suleiman pasó de anónimo funcionario a principal candidato a suceder al octogenario Hosni Mubarak en la presidencia de Egipto. Considerado "uno de los jefes de espías más poderosos del mundo" por el londinense Daily Telegraph y rankeado en el primer puesto del prestigioso bimensuario norteamericano Foreign Policy, llegó a la dirección del Mukhabarat en 1993, cuando los ataques extremistas jaqueaban las reliquias turísticas del país árabe del norte de África. La fama le llegó en 1995 cuando insistió en enviar por avión a Etiopía un Mercedes Benz blindado para la visita oficial de Mubarak. El auto salvó la vida del líder egipcio durante un intento de asesinato el día siguiente de su llegada.

Después del 11-S su experiencia en el combate al extremismo islámico convirtió a Suleiman en el favorito de los servicios occidentales, ávidos de información de primera mano sobre Al Qaeda. Tradicionalmente la identidad del jefe del Mukhabarat fue un secreto bajo llave. Pero en 2001 el nombre y la fotografía de Suleiman aparecieron en Al-Ahram, el diario estatal que le dedicó la cabecera de tapa normalmente reservada a Mubarak.

El británico MI6 no promete la fama de James Bond pero desde hace cuatro años recluta vía internet jóvenes que quieran desarrollar "una carrera absorbente en el escenario de la inteligencia global". Leon Panetta, el sonriente director de la CIA que dialoga con la prensa, hizo visibles las actividades de la Agencia en el consulado de Dubai para favorecer la entrega de visas a iraníes con ánimos de deserción. Los servicios norteamericanos no son los únicos que adoran Dubai.

El excéntrico emirato ofrece la cobertura ideal a una ciudad poblada de agentes secretos, que suplantó a las mecas del espionaje del siglo XX, como Estambul, Casablanca y Berlín. En Dubai, donde el 90% de los residentes son extranjeros, los rusos intercambian información con los paquistaníes, afganos y chechenos comercian tácticas y comparan estrategias, simpatizantes de Hezbollah convierten dinero y diamantes en transacciones bancarias "para viudas y huérfanos" de la guerra, y todos disfrutan de carreras de caballos, partidos de tenis y conciertos de música rodeados de cámaras de seguridad que transmiten en vivo y en directo para el resto del mundo que lo mira por Youtube.

Enfrentamiento a los piedrazos junto al Domo de la Roca

Jóvenes palestinos y policías israelíes se enfrentaron en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, donde sobre las ruinas del templo judío se encuentra el Domo de la Roca (el lugar donde Mahoma ascendió al cielo), dejó con heridas a unos 60 manifestantes y a una veintena de uniformados, y dio paso a un cruce de acusaciones entre la Autoridad Nacional Palestina y el gobierno de Israel sobre supuestos intentos de evitar el reinicio de las negociaciones de paz auspiciadas por Washington. Hoy llega a Jerusalén el enviado especial estadounidense, George Mitchell.

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