“No reconocemos esta Europa en la que la gente muere”

“No reconocemos esta Europa en la que la gente muere”

Un hombre cuenta cómo perdió a tres de sus cuatro hijos y salvó a otros siete niños a pocos metros de la costa griega, después que la guardia costera destruyera la barcaza en la que viajaba. Había pagado 15 mil euros por el viaje.

La costa de Lesbos ya estaba cerca. Sólo diez minutos más y Nazad y sus hijos seguirían con vida, pero una embarcación de la guardia costera griega embistió la barca a bordo de la cual 41 refugiados sirios se dirigían hacia la isla. La embarcación de madera se partió por la mitad y comenzó a hundirse. Nazad pudo salvar a siete de los diez niños que estaban bajo cubierta, sacándolos por una ventana, pero tres de sus cuatro hijos murieron. Dos semanas después, Nazad y otros sobrevivientes viven en una pequeña casilla de madera en el campo de refugiados de Pikpa, cerca del aeropuerto de Lesbos. 

Con la mirada perdida, tartamudeando, Nazad trata de contar lo sucedido. Entonces estalla, gesticula y explica que no pudo nadar más profundo por el chaleco salvavidas y que entregó a los niños que pudo agarrar a los otros refugiados. Las autoridades griegas investigan ahora si la guardia costera provocó el accidente intencionalmente. El  tiempo empeoró y el viaje por mar es ahora más peligroso, pero el número de refugiados no disminuye. Al contrario, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registra la mayor cifra de refugiados llegados a Grecia desde comienzos de año. Entre el 17 y el 21 de octubre fueron casi 27 mil. Los muertos en esos días serían 18, pero hay decenas de desaparecidos.

Nazad y su mujer Nadia son pura tristeza. Sólo su hija de seis años sobrevivió. Sus otros hijos, dos niñas y un niño de siete, tres y medio año, están en la morgue de Mytilini, la capital de Lesbos. Nadia sigue en estado de shock y apenas habla. Los voluntarios intentan allanar el camino para trasladar los restos de los niños para que sean enterrados en Siria, pero la burocracia es implacable. Otros voluntarios intentan facilitar las cosas para que Nazad y su familia puedan llegar a Alemania, donde uno de sus hermanos vive en la ciudad de Paderborn, pero eso ya no sirve. El programa germano para la acogida de refugiados sirios y la reagrupación familiar caducó en febrero del año pasado. 

Según el director de la organización de ayuda al refugiado Pro Asyl, Gänter Burkhardt, esa es una de las razones para que lleguen más refugiados por mar. “Ya no hay ninguna manera de ingresar de forma legal, y si ahora también se levantan cercos en la ruta de los

Balcanes, eso provoca miedo y hace que las personas recurran a los botes.”  De todas maneras, esa ruta ya no es una opción para Nazad. Su mujer está demasiado débil y no podría hacer todo ese camino con su hija pequeña. Sólo queda que los reconozcan como solicitantes de asilo, pero también eso parece imposible, en primer lugar porque las autoridades griegas en la isla están desbordadas.

Nazad desconocía las nuevas reglamentaciones alemanas y la situación en las fronteras de Europa cuando inició el recorrido con su familia. Reunió unos 15 mil euros para el viaje. “Desde 2011, cuando estalló la guerra en Siria, sólo trabajé para reunir el dinero para la fuga”, dice. Y concluye: “Pagué ese dinero para la muerte, no reconocemos a esta Europa en la que la gente muere y a nadie le importa.” 

Nazis alemanes matan a  dos refugiados sirios 

Los accidentes ocurridos ayer en las costas griegas, otro anuncio de los dramáticos tiempos que se avecinan dadas las difíciles condiciones climáticas que se pronostican para este invierno, se registró casi a la misma hora en la que un grupo de encapuchados que gritaban consignas nazis atacaba a dos refugiados sirios en la ciudad alemana de Wismar, en el este del país. Los dos hombres, que aguardaban a la intemperie, a las puertas de un refugio oficial para iniciar los trámites de su pedido de asilo, fueron apaleados brutalmente, hasta que los atacantes los dieron por muertos. Como ocurre a diario ante agresiones similares en todas las regiones de Alemania, las autoridades, en este caso de la cercana Rostock, se limitan a informar sobre los hechos pero no toman medidas preventivas, de protección de los refugios.

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