Los reclamos salariales amenazan la recuperación del empleo

Por Jorge Vasconcelos

La recuperación del empleo, que todavía es incipiente después de la recesión, puede ser la principal víctima del desfase entre la marcha de la inflación, que se está moderando, y los reclamos de la dirigencia sindical por aumentos salariales, que se han acelerado en el último tiempo.

Dos factores importantes están incidiendo para hacer descender un par de andariveles el sendero inflacionario desde el 3% mensual en la primera parte del año a uno de entre el 1% y el 1,5% en el presente y el futuro mediato.

El primero es la fuga de capitales moderada que se alimenta de una fracción del superávit comercial y retira pesos de la economía por una decisión del sector privado. El segundo es el potencial superávit primario que puede alcanzar el sector público por unos meses a partir de mayo, a raíz de la significativa suba de la recaudación, fenómeno fiscal que también retira pesos de la economía. Al respecto, en mayo el superávit primario en términos anualizados podría alcanzar 4 puntos del PBI, guarismo de gran poder estabilizador.

La controversia alrededor de los índices puede hacer que la dirigencia sindical demore en notar este cambio en la situación. Si persisten en reclamos de 35% o más para las actualizaciones salariales, además de alimentar las expectativas y la inercia inflacionaria, habrá un impacto negativo sobre las posibilidades de recuperación del empleo formal. Obsérvese en el gráfico cómo, partiendo del primer trimestre de 2008, las curvas de sueldos en dólares y trabajadores en la industria registran una divergencia cada vez más acentuada. Así, los salarios en dólares suben un 26% en el primer trimestre de 2010 respecto de igual período de 2008, y el empleo en el sector manufacturero cae un 3 por ciento.

La divergencia de estas curvas habrá de alimentar la informalidad de la economía con las consecuencias sociales que esto tiene. Pero además, aun con ajuste del empleo, está amenazando la competitividad internacional, en un contexto en el que los países emergentes europeos están en una desesperada búsqueda de aumentar sus exportaciones.

El Gobierno dio recurrentes señales sobre cuánto valora sostener un elevado superávit comercial. En las actuales condiciones de la economía, éste cumple la función de alimentar la fuga de capitales evitando efectos traumáticos, como pérdida de reservas o caída de depósitos bancarios.

Si bien la fuga reduce el potencial de inversión (algo negativo), con las actuales características ayuda a frenar la inflación al retirar pesos que el sector privado ve como excedentes. Pero si la próxima cosecha de soja no pudiera repetir los récords de esta campaña y/o el sector manufacturero enfrentara crecientes problemas de competitividad y no pudiera expandir sus exportaciones al ritmo deseado, entonces el actual desfase entre salarios y precios, además de frenar hoy el crecimiento del empleo, tendría un efecto rezagado también negativo sobre el delicado equilibrio externo sobre el que apoya buena parte del andamiaje.

Por supuesto que la notable diferencia entre la tasa de inflación mensual de la primera parte del año y la actual no es fruto de la fatalidad.

A fines de 2009, principios de 2010, hubo una convergencia de factores alcistas en materia de inflación: a) luego de la recesión, la baja tasa de interés y la política fiscal laxa hicieron que la demanda se expandiera más rápido que la oferta; b) las demoras con el canje y el deterioro de las cuentas fiscales hicieron presumir que el Banco Central, mediante diversos mecanismos de emisión, pasaría a cumplir un rol activo en el financiamiento del Tesoro, lo que aumentó las expectativas de inflación; c) los decretos vinculados con el uso de reservas tendieron a confirmar esas presunciones, y el traumático cambio de mando en el BCRA ajustó al alza las expectativas inflacionarias; d) el desaliento en la producción ganadera se expresó en los precios de la hacienda, que subieron casi 80% en seis meses, un proceso que en los países vecinos también había ocurrido, pero de modo gradual. El precio de la carne arrastró al resto de los alimentos, aumentando la inflación.

Tras esa explosión de principios de año, los precios de los alimentos ahora se han estabilizado, mientras que la fuga de capitales y el salto en la recaudación impositiva habrán de ayudar a moderar la inflación por un tiempo. Luce desafiante contradecir la consigna del general Perón acerca de que "los precios suben por el ascensor y los salarios por la escalera", logrando exactamente lo contrario por algunos meses. Pero mejor sería crecer en empleos y poder adquisitivo de un modo sostenible.

El autor es economista del IERAL de la Fundación Mediterránea

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