Francia y Gran Bretaña profundizan las divergencias con sus aliados occidentales
Todos los miembros de la Alianza Atlántica ratificaron su objetivo común de terminar con el régimen de Muammar Khadafy. Pero esa coincidencia superficial no alcanzó a disimular las profundas divergencias que enfrentan a Francia y Gran Bretaña con varios miembros de la OTAN sobre la necesidad de intensificar la campaña militar en Libia, que se encuentra prácticamente estancada desde hace una semana.
El llamado de Londres y París, que urge a sus aliados a "intensificar" los ataques aéreos, fue bien acogido por el secretario general de la OTAN, el danés Anders Fogh Rasmussen, que prometió defender a los civiles libios durante "el tiempo que sea necesario". Pero Rasmussen solicitó a los asistentes más aviones para llevar a cabo la misión.
"Para evitar pérdidas civiles necesitamos equipos muy sofisticados. En consecuencia, también necesitamos más aviones de combate para misiones aire-tierra", dijo.
Sólo 14 de los 28 miembros de la OTAN participan activamente en la operación militar. A ellos se sumaron otros países como Qatar, Emiratos Arabes Unidos y Suecia. Pero sólo Francia, Gran Bretaña y Dinamarca autorizan a sus aviones a efectuar bombardeos aire-tierra. Los aviones de combate de España y Holanda se limitan a controlar el espacio aéreo, mientras que Italia contribuye con la detección de blancos.
Nadie respondió ayer en forma positiva al pedido anglo-francés. Estados Unidos en particular. La secretaria de Estado no dijo claramente si su país enviaría más equipamiento militar, pero subrayó que el derrocamiento de Khadafy no figura en el mandato operacional de la OTAN.
De paso, Clinton lanzó un llamado a sus socios de la Alianza Atlántica a conservar la unidad durante la campaña libia.
"Tanto para la OTAN como para Estados Unidos, tenemos las fuerzas necesarias", declaró un miembro de la delegación de Clinton. "Estamos golpeando los blancos que se presentan", agregó.
Sin embargo, además de las declaraciones de Rasmussen, la mayoría de los diplomáticos aliados afirman que la OTAN necesita una decena de aviones para bombardear blancos terrestres, sobre todo después de que Estados Unidos retiró sus cazabombarderos el 4 de abril.
Blanco de enérgicas críticas, sobre todo por parte de Francia, los responsables norteamericanos en la OTAN insistieron en afirmar que la coalición está haciendo un buen trabajo, dentro del mandato de Naciones Unidas, que ordenó detener el ataque de las fuerzas de Trípoli.
Esos ataques continuaron con particular intensidad en la ciudad de Misurata, mientras los ministros se reunían en Berlín. La violencia en curso llevó a Clinton a afirmar que la OTAN estaba "particularmente preocupada por las atrocidades que se cometen en este momento".
Mismo objetivo
Juppé aseguró, por su parte, que los países miembros de la OTAN "comparten, en efecto, el mismo objetivo: permitir al pueblo libio que disfrute de las libertades democráticas".
"La divergencia reside en los medios", añadió el canciller francés.
Según Juppé, todos los ministros que asistieron a la reunión de Berlín están convencidos de que "no hay solución militar para la crisis; la solución sólo puede ser política".
Un día después de la decisión de financiar a la oposición libia, adoptada en Doha por el Grupo de Contacto para Libia, el debate sobre la entrega de armas a los insurgentes provocó una nueva polémica en Berlín.
Sorpresa: Italia, que se sumó in extremis a la coalición después de haber expresado profundas reticencias ante una intervención militar, defendió la idea de armar a los opositores de Khadafy. El canciller italiano, Franco Frattini, estimó ayer que "armar a los rebeldes era una extensión lógica de las resoluciones de la ONU".
"Francia no coincide con esa idea", aseguró Juppé. El secretario de Relaciones Exteriores británico, William Hague, también aseguró que la ayuda de su país se limitaría a "la entrega de material de comunicación".
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su ministro Juppé estiman que la resolución 1973 de las Naciones Unidas "no prohíbe" armar a los rebeldes. Pero París no juzga actualmente "necesaria" esa opción, pues "los dirigentes del Consejo Nacional de Transición libio (CNT) no tienen grandes dificultades en procurarse las armas que necesitan", según afirmó el Palacio del Elíseo.
En medio de esa cacofonía, los jefes de la diplomacia de la alianza adoptaron una declaración en la cual exponen claramente los objetivos militares en tres puntos, que deberán ser obtenidos antes de pensar en un alto el fuego.
Primero, deben cesar todos los ataques de las fuerzas de Khadafy contra civiles. Segundo, los militares deben retornar a sus cuarteles y retirarse de todas las ciudades donde están desplegados o que sitian, como Ajdabiya, Brega, Misurata y otras nueve, tanto en el Oeste como en el Este. Finalmente, la ayuda humanitaria debe poder llegar a aquellos que la necesiten en todo el país.

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