Con una gran convocatoria de público se llevó a cabo la habitual celebración de la Pascua Colonial. El desfile de cabezudos y jinetes fue acompañado por la participación del Elenco de la Fe y la Historia. Como corolario, los fuegos artificiales ganaron el cielo lujanense.
La fluidez del evento se vio condicionada por el permanente avance del público sobre el asfalto de la avenida, que impedía el ingreso de los caballos. Los denodados esfuerzos del locutor pidiendo orden no pudieron ocultar la notoria ausencia de vallas separadoras. Finalmente, los jinetes de los centros tradicionalistas Virgen Gaucha y Martín Fierro pudieron hacer su entrada, encabezados por la figura del Alférez Real, portando el estandarte con el escudo de la villa, flanqueado por un grupo de cabildantes y una nutrida sucesión de paisanos, representando a los peregrinos de extracción popular que acudían al templo para estas fechas.
La concurrencia aplaudió los prolegómenos de la Quema del Judas, verdadera atracción para las numerosas familias que se agolpaban junto al muñeco. La ansiedad ganó los cuerpos cuando se apagó el alumbrado público y la paloma partió rauda a despertar el esperado fuego, pero su oficio, fatalmente, no surtió efecto y el traidor fue encendido manualmente. Con el eco de la sentencia "Pena de muerte al que pida por el reo", el Judas ardió y los gritos de exclamación se apoderaron del evento. Por último, con las llamas devorando los restos del esqueleto, la noche se iluminó y un colorido despliegue de fuegos artificiales cubrió el cielo. Una vez más, como desde los tiempos de la colonia, los lujanenses despidieron las celebraciones de Semana Santa.
Comentá la nota